Biblioteca de Alejandría

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sábado, julio 09, 2011

“Dualidad”

Este relato lo escribimos Lenyus Haibara y yo, para un reto en el ya extinto ForoAnime, jamas se presento el concurso, pero aun asi, aqui lo publico... (Nota: La imagen es puramente representativa)



“Dualidad”

Inglaterra, siglo XIX.

La nieve cubría todo el campo, con un manto de color blanco... la madre Tierra se había arropado a sí misma, porque tenía frío.

Ella, se veía excepcionalmente hermosa esa mañana: usaba un largo vestido blanco con mangas largas, que hacia juego con su color de piel: y el frío había provocado que sus mejillas se sonrojaran y que sus labios se tornaran rojos.

En cuanto estuvimos solos, corrió adelantándome como un cervatillo, riendo al detenerse y volteando a verme, de vez en cuando. Yo la observaba embelesado.

La nieve empezó a caer, suavemente y la linda doncella se detuvo y giro sobre si misma, disfrutando el clima.
Así paso un tiempo. Hasta que, horrorizado, observe que de los pliegues de su vestido, caían gotas de sangre, que mancharon enseguida la blanca nieve.

La niña cayó de rodillas, extendió los brazos formando una cruz con el resto de su cuerpo y abrió grande la boca, mirando con ojos desorbitados el cielo grisáceo.

Pude observar cómo salía de ella, su alma, transparente, la cual, mirándome con ojos tristes, se elevo y se perdió entre la nieve que caía.

Mire el cuerpo de la doncella: parecía que dormía sobre la nieve.

Tarde un segundo en procesar lo que había sucedido, y entonces, llego el dolor…

“La dulzura de tu ser se ha extinguido, por el capricho de los dioses al no soportar nuestra inmensa felicidad…. Diciendo que un simple mortal no podría vivir con alguien que había ganado la elegancia de los dioses.

No podía creerlo.

Tu palidez mortecina combinaba con la fría nieve, y solo la huella escarlata a tu alrededor me reveló la verdad, no era verdad, ¡no era verdad!.. Como tu vida se había extinguido.

Quise gritar pero mi boca se negó, intente correr y abrazarte pero mis pies se quedaron clavados al suelo… una parte de mi se desprendió, corrí y te vi, antes de tomarte entre mis brazos.


Lucias tan bella, la palidez mortuoria no había opacado tu belleza, los dioses crueles jugaban conmigo, porque la piadosa muerte no pudo apagar esa infinita belleza que en ti había…

Mientras te tomaba en mis brazos, pude evocar tu voz y tu calido tacto, cuando paseábamos a orilla del mar, siendo alumbrados por la luna, en esos paseos nocturnos donde podía decirte cuanto te amaba, y entonces mirando tus ojos tan azules como el cielo, estos abrían la puerta de tu alma y me revelaban que tu amor por mi seria eterno, que ni humanos ni dioses podrían arrebatarme el regalo de tu amor.

Tus brazos me embriagaban con tu dulce aroma, ese aroma que ninguna otra persona había tenido, un bello olor que ningún perfume imitara, por que era únicamente tuyo, la fragancia de mi azucena, la fragancia de ti.

Incluso si se que ya no estás y si tus labios carmesí se están apagando, sé que mi alma es tuya…

No comprendo esta cálida sensación, porque si se que ya no estás en este mundo, ¿Por qué entonces siento ese calor que emana de ti?, ¿por qué tus ojos no lucen sin vida?, ¿por qué el carmesí de tus labios es tan vivo?, ¿acaso no habías muerto vida mía?

Espera… puedo ver mi cuerpo clavado en el mismo lugar, una mueca de dolor ilumina mi cara y en mis ojos veo el dolor mismo de la muerte… ¿acaso morí, amor?


Pero, ¿Qué digo? ¿Me importa acaso? No, si eso me permite estar a tu lado sintiendo lo que antes, más allá del yugo mortal, entonces muerte ven a mí, y déjame a su lado una vez más.

Caminemos juntos una vez más por ese bello mar, mírame una vez más y dime que nuestro amor será eterno, burla los dioses crueles que me arrancaron de tu lado, pero no importa el cuerpo etéreo si nuestras almas pueden estar en un mismo lugar….

No importa el cuerpo etéreo si nuestras almas pueden estar en un mismo lugar….- dije, estaba arrodillado, abrazando su cuerpo, y llenándolo con mis lagrimas.

Un torrente incontenible de palabras llenaron mi mente, mi cabeza. Pero del dolor que sentía, de mi garganta no pudo salir nada, salvo esas cuantas y únicas palabras.

Levante la vista. Frente a mí, estaba una figura, alta, delgada, con un aura oscura. Vestía completamente de negro, con una túnica larga, la cual le cubría desde la cabeza hasta los pies. No podía ver ni un solo ápice de su cuerpo.

Levanto el brazo derecho y de las mangas salió una mano, blanca, fina, hermosa, como la de ella. Sostenía una rosa blanca con cuidado, justo del tallo. Tenía muchas espinas.

Cerró el puño, las espinas se clavaron en su carne y empezó a sangrar. Una, dos, tres, cuatro, cinco…

El movimiento fue despacio, lento y sin embargo, yo fui el que lo sentí, él o ella, fuera quien fuera ni siquiera se inmuto.

Sentí el dolor emocional de la perdida, representado por esa rosa, sentí el dolor físico en mi corazón. Como una mano invisible que entro en mí, me sostuvo con cuidado y después, cerro el puño, estrujando el vital órgano.

Abrí la boca, por más aire y el dolor invadió mi pecho, iba a morir ahí.

Junto con ella, de esa manera.

- Date prisa – jadee, incontenible.

- No debes apresurar a la muerte – sentencio.

¡Por dios! Su voz era tan parecida a… ¡no puede ser!

- ¿Ya me reconociste? ¿Ya sabes quién soy yo?

- ¡No puede ser!

Bajo su brazo, la rosa blanca colgó de su mano, tiñéndose de rojo entera, por su sangre… o por la mía.

Alzo el brazo izquierdo, y descubrió su cabeza. En efecto, era ella.

Mi amada, la misma mujer que tenía yo en mis brazos muerta.

La impresión me hizo temblar.

- ¿Qué es esto? ¿Tu estas…? – mire el cuerpo que sostenía en mis brazos, ya con dificultad. Ella estaba ahí y también parada, justo allá.

- Ella es mi hermana, yo soy tu esposa.

- ¿Hermana? – pregunte confuso.

- El día en que nos casamos, Salí al jardín, después de la fiesta, mi hermana me asalto, y me asesino, a sangre fría; luego tomo mis ropas y escondió mi cuerpo, lo enterró, para que nadie me encontrara. Se hizo pasar por mi desde entonces – rió con cinismo - ella estuvo contigo en nuestra noche de bodas. Ahora, he cobrado venganza.

- ¡Yo no sabía eso! ¿Por qué me asesinas a mí? ¡Yo no tengo la culpa!

Ella río.

- El dolor que sientes es mi dolor. – bajo la vista, luego me miro a los ojos y continúo: - Tú ya estás muerto, ¿acaso no lo recuerdas?

Baje la vista, mirando mis manos: eran transparentes.

Sentí un vuelco en el corazón.

Subí la mirada de nuevo.

- Déjame recordarte – Se había movido, estaba cerca de mi. Inclino su rostro hacia el mío y me beso.

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Me encontraba de nuevo en el comienzo.

Miraba el cuerpo de la joven doncella acostado en el suelo, la nieve caía despacio. Tenía sus ropas manchadas de sangre. ¿Por qué?

Yo estaba paralizado, intentando procesar la imagen en mi mente.

Camine hacia ella, y lo sentí.

Mi cuerpo no se movió, pero mi alma sí. Salió con la misma facilidad, con la que salió la de ella. Me arrodille a su lado y la abrazé.


Ella estaba detrás de mí.

- Debías saber la verdad, antes de irte, conmigo – extendió una mano, junto a mi hombro. Alzé la vista y la tome.

Si ella era una impostora, ¿para que seguía yo allí?
Deje los cadáveres justo ahí, ya no me importaban, no me importaba nada.

Por fin, yo estaría con la verdadera…

FIN.

Nota: Obra registrada, favor poner la fuente y los nombres de sus autoras.

Saludos!

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