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sábado, julio 07, 2012

5 mitos comúnmente creídos de la literatura

Sergio Parra 


Desconfiad de lo que opina la mayoría, el personal, es masa informe llamada humanidad. Porque la mayoría suele equivocarse. Ya lo decía el filósofo Gustavo Bueno: “100 individuos, que por separado pueden constituir un conjunto distributivo de 100 sabios, cuando se reúnen pueden formar un conjunto atributivo compuesto por un único idiota”.

O como ha demostrado experimentalmente Dieter Frey, profesor de psicología en Munich, los grupos se aferran más habitualmente que los particulares a las informaciones que les resultan agradables, dudan menos del acierto de sus decisiones y hacen menos caso de los argumentos contrarios, por muy cargados de razón que vengan. Es lo que se denomina disonancia cognitiva de los grupos.

También el tamaño de los grupos influye en la anchura del horizonte mental de los mismos. Cuando el número de afiliados crece, la convicción en cuanto al acierto de las decisiones también lo hace. En ellos es también especialmente unilateral la búsqueda de informaciones favorables, y rechazan la disonancia. De ahí nacen la mayoría de los mitos, por ejemplo.

Naturalmente, los mitos también salpican a la literatura. He aquí una muestra de ello:

1. Los zapatos de Dorohty no eran rojos


A pesar de que en la película de El mago de Oz Dorothy emplea unos zapatos rojos para regresar a casa, lo cierto es que los zapatos, en la novela, eran plateados.

El maravilloso mago de Oz, la novela de L. Frank Baum, fue el libro infantil más vendido durante los dos años que siguieron a su publicación en 1900. Se ha traducido, desde entonces, a más de cuarenta idiomas, y hasta se han escrito decenas de secuelas, precuelas, versiones alternativas y demás. Mi favorita, por cierto, Wicked, El Mago de Oz contado por la Bruja del Oeste.

La adaptación cinematográfica dirigida por Victor Fleming también tuvo un éxito rotundo. En 2009, la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos la escogió como la película más vista de la historia. Además, es ya un icono rey reconocido.

Al parecer, para la película se decidió cambiar el color de los zapatos de Dorothy porque el productor, Marvyn LeRoy, quería que destacaran más en pantalla. Y es que El mago de Oz solo era la segunda película filmada en Technicolor, y con el nuevo proceso, algunos colores aparecían más nítidamente que otros. Por ejemplo, el departamento artístico tardó más de una semana en hallar un amarillo para el Camino Amarillo que no pareciera verde en pantalla.

Ahora, por esa circunstancia técnica, la mayoría de nosotros asociamos el rojo con los zapatos de Dorohty. Lo cual dice muy poco del número de personas que realmente se han leído la novela.

2. El monstruo de Frankenstein no era verde



En este fragmento podemos comprobarlo:

La piel amarilla apenas le cubría la musculatura y las arterias; el pelo era abundante y de un negro intenso; los dientes de una blancura perlada; sin embargo, estos atributos no hacían más que aumentar el horrible contraste con los ojos acuosos, casi del mismo color que las órbitas blanquecinas en que se encontraban, la piel marchita y los labios rectos y negros.

Es decir, que el monstruo de Frankenstein tampoco tenía la cabeza plana y tornillos en el cuello. Estas ideas surgieron de Jack Pierce, el maquillador de los estudios Universal que participó en la adaptación cinematográfica protagonizada por Boris Karloff. Aunque la película se rodó en blanco y negro, los carteles promocionales lo presentaban de color verde.

Cuando Frankenstein se convirtió en cómic a principios de 1940, el monstruo también aparecía con la piel verde. Y la convención de este color duró hasta mediados de 1960, con la serie “La familia Monster”.

Además, Frankenstein no era grandote, torpe, casi un robot o un zombi ranqueante en la novela de Mary Shelley sino ágil y rápido. Además, podía hablar, y lo hacía de una forma un poco pedante y pomposa, pues se había educado a sí mismo leyendo El paraíso perdido de Milton. Tal y como explica John Lloyd en El nuevo pequeño gran libro de la ignorancia:

Al igual que una parodia trágica de Adán, el primer hombre, se niega a comer carne y vive de “frutos secos y bayas”. El rechazo de Frankenstein y la soledad y la vergüenza que siente por su horrible aspecto lo llevan a buscar venganza y a asesinar. Su último acto es llegar al Polo Norte y quemarse en una pira funeraria, para borrar todo rastro de su existencia.

3. Los zapatos de cristal de La Cenicienta no eran de cristal


De hecho, los zapatos de Cenicienta son de cristal por culpa de una mala traducción.

En el cuento de La Cenicienta de Perrault, el famoso zapato hubiera tenido que ser de “vaire” (un tipo de piel) y no de “verre” (cristal). Así lo aseguró la escritora española Mariasun Landa, Premio Nacional de Literatura Infantil, quien explicó que el mítico cuento del escritor francés Charles Perrault fue mal traducido y en realidad el calzado era de cuero

Pero ¿a que quedan mejor siendo de cristal?

4. Sherlock Holmes no vestía como Sherlock Holmes



Conan Doyle describió a perspicaz Sherlock Holmes de la siguiente manera: cuerpo enjuto, nariz aguileña, labios finos… muy diferente al espídico Holmes interpretado por Robert Downey Jr. en la última adaptación cinematográfica de Guy Ritchie.

Y también muy diferente a la imagen icónica que todos conservamos de Sherlock Holmes: el sombrero de cazador de gamos, un sombrero que nunca se menciona en la obra de Conan Doyle: es un añadido del ilustrador de The Strand Magazine Sidney Paget (que usó a su hermano como modelo para plasmar el aspecto final de Holmes).

La pipa tan característica tampoco figura en las novelas: no apareció hasta que fue usada en una dramatización de teatro de uno de los relatos en la década de 1920.

5. Los lemmings son suicidas


¿Os acordáis de esos videojuegos protagonizados por lemmings, en el que los lemmings se reproducían por millares y sacrificaban su propia vida para que el grupo salvara cualquier obstáculo?

Si bien es cierto que los lemmings poseen una capacidad reproductora extraordinaria, los suicidios masivos son solo cosa del juego, herencia de un mito que se popularizó a raíz de la película documental de Walt Disney White Wilderness, de 1958, que fue un fraude absoluto.

Aunque el origen del mito hay que buscarlo más atrás, a principios del siglo XX, donde ya en un influyente libro infantil de consulta en el Reino Unido, la Children´s Encyclopaedia de Arthur Mee (1908), decía:

Avanzan en línea recta, por montañas y valles, a través de jardines, granjas, pueblos, manantiales y estanques; envenenan el agua y provocan fiebre tifoidea (…) continúan hasta el mar, y provocan su destrucción metiéndose en el agua (…) Es triste y terrible, pero si ese éxodo funesto no tuviese lugar, los lemmings habrían dejado Europa pelada hace mucho tiempo.

Fuente: Papel en blanco I, II y III

Comentario personal: 

De verdad, que hasta en los libros hay mitos... así que, ¡tengan cuidado!


¡Saludos, amigos!



3 comentarios:

Romina dijo...

Hola!!
Tengo "El mago de Oz" para leer, nuevito nuevito, o sea que estaré comprobando el mito muy pronto (espero). Pero la realidad es que, una vez que te has formado una imagen en tu cabeza, es difícil sacarla de allí. Lo mismo pasa con Sherlock, ya es un clásico y reconocemos la silueta del hombre con el gorro cazador y la pipa. Lo bueno es que, al leer los libros, nos podamos formar una imagen más fresca de él (aunque en mi caso, se parece más al de la serie de la BBC, que a Ironman...)
Cualquier mujer sabe que es imposible ir a un baile con zapatillas de cristal... la mayoría nos quitamos los zapatos normales a mitad de la fiesta!!
Pero has matado mi ilusión con lo de los lemmings!!!! Como que no se suicidan??? Ya mismo lo consulto en la wiki!!!
Besos!!

Sara dijo...

Vaya, la verdad es que no conocía estos mitos, así que me ha venido muy bien esta entrada.
Besos, me quedo por aquí:)

Sacha Mary Rotpirks dijo...

Hola, Romina, si tienes razón... una vez formada la imagen en tu cabeza al leer el libro, hay un choque, es cierto... y es cierto lo de las zapatillas de cristal, amen!, vaya que es cierto! con lo de los lemmings te diré que no sabía de ellos... lo siento x tu ilusión, no era mi intención... besos!

Sara: eres bienvenida cuando quieras, y la verdad, a mi tambien me vinieron bien, el de Frankenstein ya lo sabía, pero el resto no!

Besotes, bellas! ^^

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