Biblioteca de Alejandría

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domingo, agosto 05, 2012

Capítulo 18: Yo…Débil.

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¿Qué está haciendo el acá? Esto es totalmente ilógico. Cori no tiene absolutamente nada que ver en este problema. Pero si él está aquí, eso significa que Karla debe de estar en la misma situación. Esto se está tornando peor. Las personas a las que realmente amo pueden salir lastimadas por algo de lo que no tienen culpa. Liam esta vez se ha pasado de la raya. Me importaba realmente un comino lo que hiciera conmigo, pero se está metiendo donde no debe y con quien no debería. Primero Benny, luego Cori, y si le llega a tocar un pelo a Karla, juro que esta vez lo voy a matar.
—¿Te encuentras bien?—le pregunto a Cori, aunque por como se mira no parece estar nada bien.
—¿Sasha?—inquiere—Pero… ¿Tú que haces aquí?
—Lo siento, en serio, lo siento. Eres tú quien no debería de estar acá. Perdóname Cori, yo…
—¡Voy a matar a ese bastardo!—advierte, haciendo un gran esfuerzo al hablar, tratando de ponerse de pie. Sus manos atadas a su espalda le impiden hacer gran cosa y el cansancio que denota su cuerpo lo hacen esforzarse más de lo que puede—¡Maldición! ¡Mírate, estas todo golpeado!—grita enfadado—Me prometió que no lo haría, que estarías bien.
—Cori, yo…lo siento. Esto no tiene nada que ver contigo y mírate tú, estas peor que yo.
—Yo me encuentro bien—masculla con un tono seco—hay cosas mas importantes que estos simples moretones.
—¿Quién es él?—pregunta Benny con curiosidad.
—Eso debería de preguntarlo yo—dice Cori levantando su rostro y mirando a Benny. Este le sonríe. Cori me mira nuevamente a mi con cara de “¿nos presentas?” cosa a la cual no me demoro.
—¡Ups! Perdón, Cori, él es Benny, un amigo que conocí hace un buen tiempo. Benny, él es Cori, mi mejor amigo, prácticamente mi hermano y…
—Y su cómplice en cada estupidez que hace—me interrumpe él, mirándome.
Niega con su cabeza y me sonríe. Él se dio cuenta. Sabía que estaba a punto de decir que él era la persona a la que más amaba en este mundo, pero simplemente me impidió hacerlo. Cori una vez me dijo que no era necesario que nadie más supiera lo que pasaba entre nosotros, no si yo no lo quería, y que no me forzaría a hacer nada que yo no quisiera. Pero la verdad de las cosas es que realmente ya no me importa lo que los demás puedan pensar, pero posiblemente él tenga razón, y me pueda arrepentir luego de lo que haga. Aun me estoy acostumbrando a esto, pero si hay algo que he podido aceptar plenamente es a Cori, a su amor incondicional e inmenso, sea como sea que me lo demuestre. Tal vez el amor que le tengo a Cori sobrepase cualquier estúpido prejuicio, pero de algo estoy seguro y es que me he tirado a un vacío en donde ahora lo único que puedo encontrarme es a él, con los brazos abiertos y un corazón enorme. ¡Carajo! ¡Me enamoré!
—Bien, es un gusto Cori—saluda Benny—aunque es una lastima que nos conozcamos en estas raras condiciones.
—Lo mismo digo Benny—le comenta él—Pero…¿tú que haces acá?—inquiere extrañado.
—Bueno, supongo que lo mismo que tú o Sasha, Liam me ha invitado a esta hermosa reunión—dice con tono sarcástico.
—No sé que carajos hacen ambos acá—advierte—aquí solo debería de estar Karla o yo.
—¿¡Karla!?—exclamo sorprendido y preocupado a la vez por ella—¿Está bien?
—No…lo sé—murmura el con tono apagado—Yo…simplemente no lo sé.
Un segundo. Esto es extraño. ¿Por qué Cori ha dicho que solo él y Karla debería de estar acá? Y más exactamente ¿Qué tiene que ver ellos en esto?
—Cori—le digo casi en un susurro—¿Me estás…ocultando algo?
—Debemos hablar—me dice el sin mirarme— Y creo que no soy el único que tiene algo para contar.
Suspiro. Él tiene razón. Liam. Jamás les hablé de Liam ni del incidente con Benny, mucho menos de las razones por las cuales nos mudamos en un principio a las afueras de Longmont. No soy el más indicado para pedir explicaciones en estos momentos, ni ellos los mas justos al pedírmelas a mi.
—Supongo—le digo un poco avergonzado—pero creo que primero deberíamos intentar salir de acá ¿No crees?
—Bien, pero de esta no te salvas, Sasha Alexander—me refunfuña.
—¡Mira quien lo dice!—le mascullo enfadado— Tú y Karla tendrán que darme un buen argumento si no quieren que les de su zape en la nuca por tontos.
—Tú tendrás que contarnos una buena historia al respecto—contrataca él—eso si es que no quieres que te muela a golpes por idiota.
—¿¡Idiota yo!? ¡Pero si has sido tu el imbécil que ha metido sus narices en donde no debía!—le reclamo—¡Esto solo me incumbía a mi!
—¡Quieren dejar de pelearse!—ladra Benny enfadado—Parecen niños. No estamos en las mejores condiciones para ponernos a discutir por tonterías como estas. Dejen sus peleas de pareja para otro momento.
—¿Pareja?—decimos ambos al unísono, sonrojados—¿Cómo que pareja?
—Pues si. Es que parecen una pareja peleándose por una estupidez. Aquí ambos son culpables de lo que no se han dicho, así que mejor cierren la boca e intentemos salir de aquí. Luego discuten todo lo que quieran.
—Lo siento—le digo a Benny—Y Cori…realmente lo siento. Esto es algo que debí decirles hace un buen tiempo.
—Yo también lo siento, sabes. Hay demasiadas cosas que debo de contarte…que necesariamente debes de saber.
—Bien, ahora que ambos han recuperado sus cerebros, hay que seguir en lo que estábamos—sugiere Benny.
Se pone de pie y se coloca tras de mi, con sus manos exactamente en la misma posición que antes, intentando desatar el nudo que aprisiona mis manos. Es curioso, pero esta vez las cuerdas aflojan más rápido que la última vez. Seguramente es porque Benny ya había estado intentando desamarrarlas con anterioridad. Puedo sentir sus dedos moviéndose hábilmente sobre mis muñecas. Están tibios al tacto, y se sienten suaves. Las manos de Benny son suaves, pero puedo sentir que las yemas de sus dedos están un tanto ásperas, seguramente por las quemaduras que Liam le ha provocado.
—¡Listo!—exclama Benny victorioso.
Finalmente ha podido desatar las cuerdas y mis manos quedan en…bueno, parcial libertad. Aun hace falta retirar la cinta adhesiva que las une. Me pongo de pie y mis manos salen del espaldar de la silla, pero aun continúan atrapadas tras mi espalda. Ahora puedo moverme con más libertad por todo el lugar. Me acerco a Cori y me agacho a su lado. Puedo notar que esta bastante lastimado, mas de lo que yo creí. Su rostro tiene serios golpes y sus brazos están demasiado heridos. Una cortada en su frente esta sangrando un poco, empapando su cabello y bajando por pequeñas gotas a un lado de su frente hasta llegar a su cuello. El me mira fijamente a los ojos y me observa con detenimiento. Sus ojos verdes se mueven ávidos por mi rostro, en busca de algo. ¿El qué? ¿Qué es lo que observan? Él sonríe, simplemente sonríe sin decir absolutamente ni una palabra y me sigue observando sin inmutarse en lo más mínimo. Provoca que me sonroje. Es este tonto gesto en Cori lo que provoca que sienta esa sensación tan extraña en mi pecho, aquella liviandad en mi cuerpo, ese cosquilleo en mi rostro, todo eso que simplemente logran sacarme los enormes deseos de abrazarlo y murmurarle que lo amo. ¡Maldición! ¡Es un chico!... ¡y lo amo! ¡Carajo!
—Después de esto…—me dice casi en un susurro—te curaré las heridas. Siempre he querido hacerlo, sabes, pero casi siempre soy yo quien resulta ser el que requiere de cuidados y no tú.
—Eres…un tonto—le digo sonrojado.
—Lo sé—me dice entre pequeñas risas—pero…me alegra ser tu tonto.
Si Cori sigue de esta manera, Liam regresará y esta vez si nos matará. Siempre logra dejarme embobado cuando hace este tipo de cosas. Esto de enamorarse realmente puede llegar a tonarse peligroso en momentos como estos. ¡Así no puedo pensar con claridad!
—Me alegro de eso—le digo casi en un susurro, con mi cara roja como un tomate. Benny simplemente nos mira con mucha curiosidad. Seguramente se estará preguntando que tanto es lo que hablamos, pero no sería raro, pues en estos momentos hablar demasiado y actuar poco podría costarnos la vida.—Ahora, ¿Podrías morder esta cinta adhesiva y cortarla con tus dientes?—le digo a Cori acercando mis manos.
—Claro, déjame ver.
Estiro mis brazos hacia atrás, hasta donde mis articulaciones dan lugar e intento que mis manos estorben en lo más mínimo a Cori para que pueda cortar la cinta. Espero y pueda lograrlo y así ya una vez esté libre podré ayudarles y salir de una buena vez de aquí. Puedo sentir los labios de Cori rosar mis muñecas, cosa que me provoca una sensación extraña. No se si alguna vez se los mencione, pero Cori cada que puede—o se le cruza por la cabeza mas bien—tiene la costumbre de tomar mis manos y tocarlas con detenimiento, examinando cada parte de ellas. «Me gustan tus manos…»—me dijo en una ocasión que regresábamos caminando solos del instituto. Ya eran alrededor de las cinco ese día y éramos los últimos en salir, pues nos tocó ser los encargados ese día del papeleo del grupo de estudio. Recuerdo que tomaba mi mano, cosa a lo cual aun me causa un poco de nervios hacerlo. El, sin mirarme y con la vista pegada al suelo mientras caminábamos, dejaba entre ver su rostro sonrojado—«…porque encajan perfectamente con las mías. Y me gusta pensar que será así para siempre».
—¡Hecho!—advierte Cori.
Muerde por última vez la cinta y la hala hacia atrás, quitándola de mis manos. ¡Pero esperen! ¿¡Que demonios…!? ¡No puedo separar mis manos! Están unidas aún por otra cosa. Pero ¿El qué?
—¿Qué sucede?—pregunta Cori.
—¡No puedo separarlas!—le digo haciendo un esfuerzo por despegar las palmas de mis manos.
Puedo sentir la nariz de Cori rosando mis dedos. ¿Qué está haciendo?
—Huele a…adhesivo industrial—advierte—como a adhesivo para tuberías.
—¿Puedes separarlas?—inquiere Benny con preocupación.
Intento nuevamente separarlas pero el adhesivo es tan fuerte que cuando forcejeo para poder liberarlas simplemente logro despegar un poco de piel de mi mano izquierda, cosa que me lastima. Arde.
—Bien, déjalo así—me dice Cori—te lastimaras las manos. Si continúas, se despegara la piel de tus palmas y dedos por culpa del forcejeo con el adhesivo.
—No, debemos salir de acá y si no lo hacemos ahora posiblemente luego no habrá otra oportunidad.
Respiro hondo. Trato de poner mi mente en blanco y me relajo. La habitación está en total silencio, tanto que puedo escuchar mis propios latidos. Es ahora…o nunca.
Halo mis manos hacia los lados con fuerza. Puedo sentir la piel despegándose de mis dedos. ¡Arde! Pero debo de hacerlo. El dolor se vuelve insoportable y la sangre no tarda en comenzar a brotar de las heridas. Un gemido de dolor sale sin previo aviso pero lo ahogo rápidamente sin detenerme. Halo con más fuerza y el dolor se torna mas agudo.
—¡Sasha, detente!—grita Benny—Tus manos…
Hago caso omiso a sus palabras. A las palabras de Cori que me incitan con preocupación que no lo haga y en un segundo de voluntad y fuerzas que no se de donde salen, hago el mayor esfuerzo posible hasta que mis manos quedan totalmente separadas. La piel. La piel de mis manos se ha despegado en algunas partes y ha quedado adherida al pegamento que aun yace sobre mis palmas. Arde y duele, la sangre baja por mis muñecas hasta mis brazos y algunas gotas caen al piso.
Suelto un gemido. Esta vez no pude soportarlo y tengo necesariamente que hacerlo. Aprieto mis manos contra mi camisa, intentando detener el sangrado, empapándose inmediatamente del líquido color rojo. Esto posiblemente deje cicatrices.
Pasos. Puedo escuchar pasos acercarse. ¡Maldición! Este es el peor momento para que alguien más aparezca a jodernos. Me pongo de pie y me acerco a la pared, justo del lado opuesto de la perilla de la puerta. Sea quien sea, esta vez no saldrá de acá con el rostro intacto. Benny se acerca nuevamente apresurado al puesto en el que estaba antes. Cori trata de esconder la cinta adhesiva bajo su cuerpo y vuelve a quedarse inmóvil en el suelo. Todo regresa al silencio abrumador de antes.
La perilla cruje, gira y la puerta se abre con un chirrido que parece nunca acallarse. Respiro hondo, pegado a la pared, esperando el momento justo en que quien sea que vaya a entrar por esa puerta se adentre unos pasos para poder tomarlo por sorpresa. «Espera, Sasha, solo un poco más. Se paciente»
Un chico con chaqueta azul y gorra asoma, entrando unos cuantos pasos a la sucia habitación. Se queda parado unos segundos, mirando perplejo aquella escena tan extraña. Seguramente ya se dio cuenta que falta alguien y ese alguien está a punto de rajarle la mandarina.
—¡Maldición!—ladra el chico. Ya se dio cuenta. Es el momento. Vamos Sasha, tu puedes.
Él se da la media vuelta y sin darle mucho tiempo a reaccionar levanto mis puños y descargo con fuerza brutal un fuerte golpe en su mandíbula, tirándolo al suelo. El gime de dolor pero rápidamente se recupera e intenta ponerse de pie. No debo darle la oportunidad. Me apresuro a tirarme sobre él y sin pensarlo dos veces lo golpeo de manera repetida en el rostro hasta que finalmente queda inconsciente…o eso espero. Ojala y no esté muerto.
Luego de comprobar que no se levantará por un buen rato me dispongo a desatar a Benny. El nudo tras su espalda me da un poco de trabajo pero en poco tiempo logro liberarlo. Ahora Cori. Las cuerdas que atan sus manos están un poco más flojas así que se me es menos dificultoso poder desatarlo.
—¿Puedes levantarte?—le pregunto.
Cori hace un esfuerzo por ponerse de pie. Su cuerpo está seriamente lastimado y dudo que pueda caminar por si solo, así que paso su brazo por sobre mi hombro y le sirvo de apoyo. Le hago señas a Benny y este se apresura cojeando y sigue tras de mi. Sus pies han de dolerle y las heridas de los clavos que los atravesaron seguramente se infectaron. Eso le dificultará moverse con libertad.
—Deberías salir tú primero de acá—me dice Cori—yo estaré bien.
—Deja de decir tonterías—le reclamo—sabes que no puedo hacerlo.
—Pero…
—Te callas o hago que te calles de pensar cosas tan tontas. Déjame por una vez ser quien se preocupe, ¿si? Tú y Karla siempre están cuidándome. Ahora seré yo quien lo haga. Así que mejor te callas y seguirás las ordenes del Mayor Sasha.
Cori me mira perplejo y luego suelta una pequeña risa que seguida de un quejo de dolor me resulta aliviadora—Si, señor—me dice él con una leve sonrisa.
Asomo la cabeza por la puerta con la mayor cautela posible. Nadie. No veo absolutamente a nadie. Hay un enorme pasillo de algunos dos metros de ancho, con paredes grises sin pintar y tuberías en el techo bastante oxidadas. Hay goteras por todos lados y una brisa helada entra por quien sabe donde, recorriendo el ras del suelo. El olor a humedad es bastante penetrante y el silencio demasiado pesado. ¿Hacia donde debo ir?
—Ve por la izquierda—me sugiere Cori—Karla…Karla y yo estábamos en una habitación al fondo del pasillo.
—Bien, iré yo. Tú y Benny intenten salir de este lugar.
—No puedo dejarte solo—me dice Cori.
—Cierto—secunda Benny—no puedes ir solo. Si hay demasiados no podrás tú solo.
—Los siento, chicos, pero ustedes están en menos condiciones que yo para venir conmigo. Intenten salir de acá, una vez fuera, llamen a la policía. Tengan cuidado.
Paso a Benny los brazos de Cori, para que pueda servirle de apoyo. Este negadamente lo hace. Sé que Cori quiere venir, pero su cuerpo lastimado le impedirá hacer mucho. Es mejor que se vayan y busquen ayuda. Ambos necesitan ayuda médica urgente.
Estrecho la mano de Benny y le doy unas palmadas en el hombro, tratando de hacerle saber de que haré todo lo que esté en mis manos para solucionar esto. Él simplemente asiente.
Miro a Cori por unos segundos, y en un impulso indetenible lo abrazo lo más fuerte que puedo, intentando no lastimar demasiado su ya maltratado cuerpo.—Regresa con Karla—me murmura al oído con una voz quebradiza—tienes que regresar vivo o te odiare para siempre Sasha.
Me separo de él y lo miro fijamente a los ojos. No puedo prometerle tal cosa. No se realmente lo que va a suceder y él lo sabe, pero también sabe que tras lo que me dijo haré entonces hasta lo imposible para salir de ese lugar con Karla.
Avanzo unos cuantos metros, les doy un vistazo a ambos por ultimas vez y me hecho a correr por el pasillo. Avanzo casi a zancadas en línea recta, pasando por numerosas puertas, bajando y subiendo escaleras. ¿Qué demonios es este lugar? El olor a humedad no deja de percibirse en ningún rincón y la helada brisa recorre cada vez más penetrante por el pasillo. Espero y Karla esté bien, que se encuentre en mejores condiciones que Cori. No puedo imaginármela toda maltratada, sangrando o gimiendo de dolor. Es que le deshago la cara a golpes a Liam si le hace un rasguño, juro por mi vida que me pagará las de Cori también.
El pasillo parece interminable, pero aún, cuando mis esperanzas por llegar a su final parecen perdidas, finalmente logro divisar a lo lejos una puerta. ¡Al fin! ¡Creí que nunca lo lograría! Corro mas rápido, esperando ver a Karla sana y salva. Llego casi jadeando hasta la puerta. Respiro profundo, recuperando el aire y las fuerzas para lo que sea que tenga que enfrentarme allí dentro. Liam es toda una caja de sorpresas y un monstruo. No puedo permitirme dudar de hacer con él lo que sea que lo vaya a detener de su locura…incluso si eso significa matarlo.
Abro la puerta lentamente. Mi pulso se acelera y mis piernas tiemblan. Trato de controlarme lo más que puedo pero siento que los nervios me traicionarán en cualquier momento. La adrenalina corre por cada centímetro de mi cuerpo, esperando a ser utilizada en algún momento. Vamos, Sasha, hazlo.
Abro de un solo golpe la puerta, asomo la cabeza lentamente y entro con cautela. Nada. No hay absolutamente nada en este lugar más que un foco de luz blanca iluminando el vacío cuarto, una silla en el centro, un crucifijo colgado en la pared y aire. Luego de eso, no hay señales de Karla. ¿En donde diablos está?
Puedo notar que al fondo de la habitación hay otra puerta, pintada de color blanco y con una perilla plateada. Camino con sigilo, atravesando el lugar hasta llegar a posar mis manos en la perilla de la otra puerta. Otra vez, respiro profundo, ordeno mis ideas y un segundo antes de abrirla logro escuchar el retintineo de unas cadenas. Miro a mis espaldas, preocupado porque alguien me hubiese seguido, pero no hay nada ni nadie. Ese sonido…debe de provenir del otro lado de la puerta.
Giro la perilla lentamente. Cruje y la puerta se abre lentamente sin dejar escapar ningún sonido. Entro con sigilo y lo que encuentro del otro lado es sorprendente.
Columnas enormes de granito se alzan en un círculo sosteniendo en su cumbre una enorme cúpula de cristales de colores con imágenes religiosas. A mi izquierda, un enorme crucifijo y la imagen de Jesús crucificado con su corona de espinas vigila imponente el lugar. ¡Una iglesia! Esto realmente termina de darle el tono psicópata a todo este embrollo.
El piso marmolado brilla y refleja tenuemente la luz del exterior. Es de día. Las bancas de madera a mi derecha se enfilan un poco desordenadas y unas cuantas imágenes de yeso que representan diversos santos se encuentran tiradas por el suelo, con partes quebradas. Otra vez el sonido de cadenas.
Avanzo a paso lento, pasando junto a las enormes columnas, parándome sobre uno que otro trozo de yeso roto hasta que llego a estar justo frente a la imagen de Jesús crucificado. Dios. Una representación de Dios hecho hombre que por irracionalidad humana llegó a morir para perdonar los denominados pecados del ser humano. Cargar con un peso tan grande como el de nuestros errores solo me hace pensar que Dios es amor en estado puro y con una compasión enorme que supera cualquier condición…y es el único que por momentos escucha sin reprochar mis problemas. Creo que a veces soy demasiado injusto con él y me pregunto si algún día podré escuchar sus problemas…si es que los tiene.
Otra vez el sonido de cadenas golpeándose entre si. Volteo lentamente mi cuerpo, esperando encontrarme con la bestia de Liam pero lo que mis ojos ven no tiene nombre.
Karla. Ahí está Karla, con sus manos atadas a las cadenas y su cuerpo colgando como péndulo del techo de la iglesia sobre una enorme pila de bancas de madera rotas y con puntas filosas. Su boca esta cubierta por un trapo que le impide hablar y de sus pies, atados, cuelga un enorme bloque de cemento.
—¡Mierda! ¡Karla!—exclamo corriendo a ayudarla.
Esto…esto es…inhumano. A medida que me acerco puedo notar que Karla, al igual que Cori, esta bastante herida. Sus pies, descalzos, muestran señas de tortura y sangran. Pequeñas gotas de sangre caen desde arriba. Sus manos seguramente están igual de heridas. Unos deseos enormes de llorar me invaden. No puedo soportar tal atrocidad. ¡No con Karla! ¡No con ella…! No con una parte de mi vida.
—Sa…sha—masculla ella con dificultad. El trapo que la amordaza le impide articular correctamente las palabras.
—Calma—le digo, buscando una manera de bajarla—Pronto te bajare, lo prometo. ¡Maldición!—grito furioso. Impotente ante tal situación.
Karla comienza a sollozar. Su cuerpo, seguramente adolorido, ha resistido demasiado. Escucharla a ella gemir de dolor solo provoca que sin poder impedirlo, bajen lágrimas por mis mejillas. Mis ojos arden. Ese sentimiento tan vacío, tan lleno de rabia y rencor contra el mundo por haberle hecho esto a ella, a Cori…simplemente quiero descargar mi furia contra algo. Pero el único que debe de pagar aquí es Liam. Voy a matarlo. No me detendré. No esta vez…
A mi derecha logro divisar una escalera. ¡Excelente! La bajaré. Antes de comenzar, me dispongo a quitar las bancas rotas para que así ella no se lastime al bajar, pero justo antes de que de por comienzo mi prioritaria labor algo me interrumpe. Un golpe que hace eco en todo el lugar. La puerta se ha cerrado y alguien entrado.
Cori y Benny. ¡Maldición! ¡Los han atrapado!
—¡Sal de aquí, Sasha!—Grita Cori—¡Vete, Maldición!
Uno de los chicos que los han traido por la fuerza, deja ir un fuerte golpe contra la cara de Cori, mientras que otro golpea fuertemente a Benny que intenta zafarse. Cori gime de dolor y el cuerpo de Benny se desploma inconsciente.
Corro apresurado a ayudar a los chicos pero un poco antes de llegar, recibo una fuerte tacleada por mi costado derecho haciéndome caer bruscamente sobre el frio piso marmolado. Me levanto lo mas rápido que puedo pero antes de que recobre mi equilibrio alguien vuelve a tirarme al suelo de manera violenta. Liam. Ese maldito…
—Miren que cosas—dice el con una voz socarrona—el marica de Sasha ha logrado llegar hasta acá.
—¡Eres un maldito bastardo!—vocifero, poniéndome de pie y embistiéndolo lo mas fuerte que puedo.
Logro tirarlo al suelo y sentado sobre su estomago comienzo a golpearlo lo mas fuerte que puedo. Mis nudillos comienzan a sangrar y puedo sentir como la cara de Liam se deshace entre mis puños. Alguien me toma por los brazos desde atrás y me lanza con bastante fuerza contra una de las columnas de granito.
Un dolor agudo baja por mi espalda, dejándome sin aire y haciéndome jadear. Trato de ponerme de pie, pero las fuerzas me faltan.
—Esto no se quedará así, pedazo de mierda—ladra Liam, levantándose ayudado por uno de sus malnacidos amigos.
Saca de su bolsillo una navaja suiza y tambaleante se dirige hacia donde están los chicos. ¿Qué hará? ¿Qué demonios está pensando?
—Tuve que matarte cuando pude—advierte él con voz áspera.
Cori en un intento desesperado por liberarse golpea con su cabeza la mandíbula del chico que lo apresa, logrando que lo suelte y pudiendo al fin zafarse. Corre hasta donde Liam con las pocas fuerzas que le quedan. ¡Cori no podrá! ¡No en ese estado!
Liam se detiene y espera que Cori se acerque, y cuando lo tiene a unos centímetros de él, levanta su mano y la deja ir con fuerza hacia su estomago. ¡La navaja! ¡Maldición! ¡Le ha apuñalado el estomago a Cori con la navaja! Puedo escuchar el gemido de dolor de Cori seguido de un grito desgarrador. Liam vuelve a sacar la navaja del estomago de él y sin dudarlo le apuñala con rapidez y de manera repetida en su estomago nuevamente hasta cansarse.
Cori cae al suelo, desplomándose como un trapo y sangrando incontroladamente. Karla suelta un grito que es ahogado por el trapo que cubre su boca y empieza a sacudirse, tratando de zafarse de las cadenas pero es imposible. No lo logrará.
—¡Eres una maldita mierda, Liam!—ladro con rabia.
Me levanto de un solo golpe, ayudado por mi incesante deseo de estrujarle la cabeza a Liam. ¡Tengo que hacerlo! ¡Necesito que pague todo esto! ¡Que sufra diez veces más de lo que ha lastimado a mis amigos! Corro hacia donde él pero nuevamente alguien me golpea por un costado y caigo al suelo.
—¡Es que acaso no lo ven!—Les grito a los chicos que acompañan a Liam—¡Esto es una atrocidad!
Ellos simplemente se limitan al silencio. Es definitivo, Liam les lavó el cerebro.
Él se acerca, tambaleándose y con paso vacilante hasta donde estoy yo. Deja ir una fuerte patada en mi rostro, mas fuerte que la última vez, haciéndome gritar de dolor. Puedo escuchar a Karla llorar, tratando de zafarse y bajar a detener esto, pero eso sería imposible.
—Finalmente sabrás de lo que soy capaz—masculla a regañadientes.
Uno de los chicos le pasa un bidón rojo con un olor penetrante a gasolina. ¡No! La única imagen que puede cruzar por mi mente es que Liam piensa quemarme vivo. ¡Maldición!
Algo peor sucede. No piensa quemarme solo a mí. ¡Piensa incendiar todo este lugar!
Comienza regando gasolina por el alrededor hasta empapar todo el piso de ella. Moja las cortinas empolvadas, las bancas de madera, la mesa de madera al pie del crucifijo que sostiene la imagen de Jesús, y, finalmente, las bancas rotas sobre las que yace Karla.
—Detente, Liam—le suplico—debes de detenerte. No cometas una locura. Podemos olvidar esto. Pero simplemente, detente.
—¿Detenerme?—inquiere el con ironía—¿¡Quieres por un demonio que me detenga!?-grita con rabia-Se nota que no me conoces, Sasha. En mi vocabulario la palabra detenerse no tiene un significado.
Liam saca de su bolsillo una caja con fósforos y enciende uno de ellos. Hace señas a sus otros amigos y ellos se acercan y me rodean. Comienzan entre todos a darme patadas con bastante fuerza, haciéndome gemir de dolor. Mi estomago, mi rostro, mis piernas, todo…duele. El aire me falta, mi boca sangra y mis ojos arden.
Voy a morir.
Comienzo a llorar pero solo a lagrimas, sin ningun quejido pues las fuertes patadas me sacan el aliento No sé que mas hacer. Me siento un inútil, un completo idiota que no fue capaz de defender a los seres que más amaba en este mundo. Les fallé. Cori. Karla. Perdónenme. Les he fallado. No fui lo suficientemente fuerte para protegerlos. Lo siento.
Miro por última vez a Cori. Él yace tirado sobre el suelo y un enorme charco de sangre lo rodea. Perdóname, Cori—pienso para mis adentros entre tanto dolor— no fui capaz, no pude llegar a demostrarte todo lo que te amaba, en cambio tú…siempre lo hiciste sin detenerte. Gracias a ti me enamoré…simplemente fui feliz.
Miro a Karla y sin poder contenerme, mis lágrimas siguen rodando. No pude defenderla como me lo prometí a mi mismo, no pude alejarla de todo un mundo lleno de crueldad y por mi incompetencia ahora ella está aquí, sufriendo. Qué no daría por abrazarlos por ultima vez y susurrarles a ambos al oído cuanto los amo, cuan importantes han sido para mi, cuan imprescindibles siempre fueron…
Ya no resisto. Los golpes, puedo sentir cada patada mas fuerte que la anterior. Mi vista se empieza a tornar borrosa y el aire me falta. Puedo notar entre mi debilidad a Liam acercándose hacia donde se encuentra Karla colgando. El fosforo encendido que sostiene entre sus dedos arde en una pequeña llama que está a punto de convertirse en un infierno.
Liam me dirige una última mirada llena de odio y amargura. No se detendrá. Él realmente lo hará.
Mi cuerpo cede ante todo y mis ojos comienzan a entrecerrarse. Ya no siento el dolor de los golpes, pero puedo sentir los movimientos bruscos de las patadas. Voy a morir…voy simplemente a morir.
Una imagen fugaz de mis padres cruza mi mente.
Liam lanza el fosforo. Karla grita y llora sin poder hacer nada.
Escucho un grito y un portazo. Alguien vocifera con voz imponente “alto”.
Todo arde.
El infierno arde en llamas y mi conciencia…se desvanece.

Ending:









Autor: Luis F. López Silva
Todos los derechos reservados ©

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