Biblioteca de Alejandría

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domingo, octubre 28, 2012

Capítulo 29: Luciérnagas.

 
Faucet over green
Hemos sido los últimos, como siempre, en quedarnos en el instituto. Ya la tarde ronda alrededor de las cinco y no tardará mucho es oscurecer. Karla le ha dicho a Nixon que no le espere y lo mismo le he dicho yo a Kathy. Parece que hoy caminaremos juntos, con Karla, de regreso a nuestras casas, y seguramente… el camino será mas largo que de costumbre.
Antes de salir del salón reviso que todo esté en mi mochila. Mis libros, mis cuadernos, mi diario. Parece que no olvido nada. Siempre cargo mi diario cuando vengo al instituto, nunca se sabe cuando habrá algo importante que anotar.
Cerramos el salón y pasamos por donde Kiwi dejando las llaves. Él amablemente nos ofrece un café y nos pregunta si queremos hacerle compañía. Parece que mira una película en blanco y negro, de esas hechas hace mucho tiempo donde los efectos son bastante predecibles, pero decidimos mejor retirarnos y nos despedimos de él.
¿Qué voy a decirle a Karla ahora? ¿Qué excusa tendré que forzarme a construir para tratar de que esto no pase a peor? No podré. Simplemente me veo imposibilitado de hacerlo por el simple hecho de que es de Karla de quien estoy hablando. Ya me siento lo suficientemente mal por haberle mentido todo este tiempo respecto a lo que sucede entre Cori y yo, y más mal aun por ocultarle lo de la leucemia de nuestro amigo. Me preocupa Cori, realmente no he tenido paz ni un segundo desde que supe lo que padecía, y es seguramente eso lo que Cori trataba de evitarme al ocultarme lo que le pasaba, pero también me preocupa Karla, me preocupa el hecho de que pueda creer que la estamos dejando de lado o que si esto empeoran-cosa que no quiero que suceda-todo se venga abajo antes de haber podido tan siquiera prepararnos con ella. Tengo miedo. Tantas veces ha cruzado por mi cabeza la idea de que le suceda a Cori justamente lo que le sucedió a Emily, y es entonces cuando pienso que soy muy injusto al guardarme para mi mismo lo que está pasando, siento que soy egoísta y que estoy reteniendo a Cori para mi, cuando Karla al igual que yo también tiene el mismo derecho de pasar tiempo con él.
Salimos del instituto con el mismo silencio de hace un rato en el salón. Mi mejilla arde un poco y tengo al menos dos dedos marcados en ella. Me lo merecía, y posiblemente me merezca más por ser un completo idiota todo este tiempo. No puedo creer que haya accedido con Cori a guardarle esto como secreto. Ahora me siento un tonto avergonzado con Karla, como un niño que ha robado un dulce de una tienda, como un vil traidor. Y no es porque Karla me lo haya dicho. No. Mas allá de la bofetada no ha habido palabra alguna entre nosotros, pero es posible que ese silencio tan pesado que está latente ahora es lo que me susurra en mi conciencia que soy todo eso y seguramente más.
-Perdón-susurro con una voz casi imperceptible.
No sé que más decir, no puedo ni tan siquiera pensar con claridad en estos momentos como para poder decir otra cosa más que pedir disculpas. Se las debo, a Karla le debo miles y millones de disculpas por hacer lo que hice, e incluso debería de disculparme por Cori que también tiene parte en esto. Aunque en el caso de él…seguramente las disculpas en estos momentos sean lo de menos.
Karla sigue en silencio. No me responde, ni tan siquiera voltea a verme. Ella simplemente se limita a caminar a mi lado, callada, por esta calle tan solitaria que está pintada de naranjas y amarillos por el otoño. El asfalto negro es casi imperceptible pues las hojas lo cubren por doquier, pero al paso que vamos la noche no tardará en hacer al negro presente. El viento, frío como es costumbre de este mes, sopla y revuelve las hojas caídas y nuestros cabellos. Puedo sentir como el aroma de Karla llega hasta mis fosas nasales inundándolas; es un olor bastante agradable, dulzón, como a cerezas. Es tan agradable…como el de Cori.
Puedo sentir el hombro de Karla rozar levemente el mío. Ella es un poco más baja que mí, unos cuantos centímetros tal vez, lo suficiente para que podamos recostar nuestras cabezas en el hombro del otro. El silencio me está comenzando a abrumar.
-Karla…-susurro nuevamente, armándome de valor y levantando mi rostro para intentar mirarla a los ojos. Ella camina cabizbaja y en silencio, sin responderme.
No puedo descifrar si está molesta o preocupada. Y en caso de estar molesta, no se si lo esta conmigo, con Cori, o con ambos. Preferiría que conmigo, pues, desde un principio debí haberle comentado al respecto. Incluso lo que le sucedió a Cori con su padre la vez que lo golpeo aun no se lo he dicho a ella. Esto me recuerda a la única vez que Karla y yo peleamos, fue hace mucho pero mucho tiempo. Mi abuela aún vivía y ella y yo tan solo éramos unos niños y lo resolvimos sin saber como. Ahora es distinto y esto no es un juego de niños
-Lo siento-advierte Karla aun cabizbaja-. Realmente…lo siento.
Vuelvo a verla con sorpresa por su reacción. No esperaba realmente que me respondiera, pero me alivia un poco el que lo haya hecho.
-No Karla, soy yo quien debo decir que lo siente. No debí haberte ocultado esto. No sé… No sé ni por qué demonios lo hice.
-¿Cori te lo pidió, cierto?-musita mirándome a los ojos.
Me quedo callado y mi silencio le da la respuesta que necesita. La verdad es que responderle simplemente haría que toda la culpa la cargara Cori a sus espaldas, cuando sé que tengo parte en esto.
-¿Cómo te has dado cuenta?-pregunto, desviando mi mirada hacia mi costado.
Esa duda ha venido dando vueltas en mi cabeza desde lo que sucedió en el salón. Nadie más a parte de Cori, Casey y yo sabemos lo que sucede. Sin contar a los padres de Cori que desconozco si ya se lo comentaron a mis padres o a los de Karla. Pero de haber sido así hace tiempos que me hubiese enterado de ello o Karla hubiese sabido al respecto.
-Lo supe el día del cumpleaños de Cori-advierte con tono seco-.
-¿Casey…te lo ha dicho?
Karla niega con su cabeza y suspira aun cabizbaja. Pero si no ha sido Casey… ¿Entonces quién? No había nadie más con nosotros en esos momentos.
-Lo supe porque los escuche a ambos hablando en la habitación de Nixon-me dice ella con total calma-.
Así que fue así como ella se enteró de esto. No sé como ha logrado mantenerlo para si misma todo este tiempo. Yo por mi parte, no se lo he comentado a nadie más porque Cori ha estado ahí para recordarme latentemente que no lo haga, pero siempre había estado al borde de mencionárselo a Karla. En cambio ella, ella ha estado sola con ese peso tan doloroso sin poder compartirlo con nadie. Esto solo me hace sentir peor.
-¿Por qué no me lo dijiste?
-No lo sé. Simplemente no lo sé-me dice ella. El tono de su voz es bastante suave-. Tenía miedo, supongo. Miedo a enterarme de más.
-Supongo que estábamos iguales-le comento con una sonrisa que lejos de expresar felicidad simplemente advierte de un alivio temporal por darme cuenta de que no era el único que me sentía de esa manera-. Cori tampoco quiso contarme al respecto, y lo hizo porque yo lo forcé a hacerlo.
-Tú hiciste lo que debías, Sasha. Yo, por mi parte, preferí esperar y quedarme a un lado hasta que se llegara el momento de saber lo que debía de saber al respecto.
Niego con mi cabeza rechazando de esa manera las palabras de Karla. Ella estuvo al margen de todo porque Cori quiso mantenerla al margen, y es posible de que quien haya estado haciendo lo correcto desde un principio fue ella, no yo. No abandono el hecho de que como amigos que somos, como la familia que formamos, debemos de preocuparnos los unos por los otros, así nos cueste saber de los asuntos de los demás por la fuerza, pero también debemos de saber que para todo se llega su momento, y de no haber forzado a Cori que me dijera respecto a lo que le sucedía posiblemente le hubiese causado menos problemas a él y menos problemas a Karla.
Sin embargo…teníamos que saberlo.
-Tú no hiciste nada mal, Karla. Creo que ni Cori ni yo hemos hecho nada mal ahora que lo pienso. Al final, las cosas suceden por una razón y lejos de una razón cualquiera hicimos lo que hicimos porque en alguna medida era lo correcto.
-Dejarles la carga solo a ustedes dos no era lo correcto-advierte ella con aires de culpabilidad-. ¿En qué clase de amiga me convierte eso? Supongo que en alguien cruel.
-Te equivocas. Tú cargas con el mismo peso que yo, y con el mismo que carga Cori. La única diferencia es que tú lo cargabas en silencio, bajo tu propia iniciativa, mientras que yo lo cargaba a expensas del silencio que me hizo prometer Cori. Es por eso que te admiro, sabes. Es por eso que los admiro a ambos, a Cori y a ti. Son tan capaces de todo, de hacer lo que se proponen, de lograr cumplir sus metas a costa de todo pero sin llegar a perjudicar a nadie. Mientras que yo para hacer cualquier cosa siempre necesito de ustedes, y supongo que poco me detengo a pensar en lo que pueda dañarles.
-Si hicieras eso, Sasha, hace tiempos que hubiésemos dejado de ser amigos. Si, haces muchas cosas sin medir las consecuencias, pero todas esas cosas que haces llevan sus buenas razones en si y nunca nos perjudican porque lo haces con las mejores intenciones que nadie podrá tener más que tú. Solo mira lo que sucedió con Liam-me dice haciendo una breve pausa.
El recuerdo de ese suceso no es muy agradable que se diga. La verdad es que no me he atrevido a preguntar que sucedió después de quedar inconsciente porque lo ultimo que recuerdo es haber visto a Cori tirado en el suelo, a Karla atada a unas cadenas que colgaban del techo y luego… un hospital.
-Tú hiciste tanto para lo poco que nosotros hicimos-continúa ella-. Te enfrentaste a ese maldito bastardo sin pensar en lo que podía sucederte, mientras que en mis adentros rezaba porque quien resultara al final dañado fuese yo y no tú o Cori. Pero aun así lo hiciste, y es gracias a ti que estamos aquí ahora.
-Tenía mis motivos para hacerlo.
-Nosotros teníamos los nuestros.
-Es curioso concluir que los motivos parecían ser los mismos-le digo con cierto tono de alivio.
-Si, es curioso. Pero la verdad es que esos motivos no creo que nunca cambien… somos Cori, tú y yo-me dice ella tomándome del brazo-y no habrán motivos mas grandes que esos para movernos de nuestra realidad.
Sonrío. Como me gustaría que Cori estuviese aquí en estos momentos. Darnos cuenta de este tipo de cosas solo nos vuelve mas cercanos de lo que ya somos, y, con seguridad, más felices de lo que estamos.
-No, no habrán motivos más grandes que esos-le digo dedicándole una sonrisa.
Ya son aproximadamente las seis y aun falta un buen tramo para llegar a casa. No quiero hacerlo, no quiero entrar a mi habitación y encontrarme nuevamente con esas cuatro paredes, no en estos momentos en el que mis pensamientos son más inestables que una bomba. Sé que André está ahí, sé que Kathy está en casa, sé qué Tránsito me espera como siempre en el que ahora se ha convertido realmente en un hogar, pero en estos momentos me siento más a gusto con Karla. El ambiente ya ha dejado de ser tenso y me siento realmente en paz con ella. Esta paz… se me hace un tanto familiar.
Ahora que lo pienso, justo por donde vamos, un tanto después de la casa de Cori hay un pequeño estanque. La oscuridad ya es la perfecta y la hora es más que justa para mostrarle algo a Karla.
Al estanque se puede llegar cruzando por el campo de girasoles del señor Hamilton, que ahora se ha convertido en uno de calabazas, pero yo, como siempre ando caminando por el bosque viendo que encuentro, encontré otro camino que me lleva al mismo lugar.
El estanque es todo un espectáculo de luces titilantes cuando oscurece y una orquesta de sonidos que suena impresionante si se escucha con atención. No había tenido la oportunidad de mostrárselo a nadie, pero ahora que vamos justamente por este lugar me han entrado deseos de mostrárselo a Karla. Creo que le encantará.
-¿Quieres ver algo impresionante?-le digo tomándola de la mano y halándola hacia el otro lado de la calle.
Nos cruzamos no sin antes mirar que no viniese ningún auto, aunque a estas horas este lugar es muy solitario.
Están tibias. Las manos de Karla son suaves y tibias al tacto, mas pequeñas que las mías y puedo envolverlas en su totalidad.
-Si se trata de ese pequeño lunar en tu nalga izquierda no es necesario que me lo muestres-advierte Karla.
-¿Lunar…? Espera… ¡¡Tú!!-le exclamo sonrojado-. ¡Eres una bestia salvaje y sin escrúpulos!
Karla suelta una carcajada y se encoje de hombros. Pareciera que disfruta de verme sonrojado. Creo que ya hasta comienza a contagiarme con su risa.
-Yo que culpa tendré-me dice sin dejar de reír-. No sé de qué te quejas, es un lindo lunar… sobre un lindo trasero.
-¿Cómo demonios lo viste?-le inquiero algo avergonzado-. Ni siquiera yo sabía que lo tenía.
-Bueno… un día tu estabas en la ducha, y yo entré sin avisar, y pues como estabas de espaldas pude ver ese… tan atrayente trasero que tienes con tu pequeño pero casi imperceptible lunar en tu nalga izquierda.
-Que vergüenza-le digo soltándola de la mano y mirando hacia el otro costado-.
-¡Baaah!-rezonga-. No es que haya podido ver nada más. Estabas de espaldas, así que no me diste la posibilidad de ver el complemento. Solo debo decir que el que hagas ejercicio te sienta bien.
Me sonrojo por su comentario, pero a ella parece hacerle gracia. A Cori le hubiese dado igual que Karla lo viese desnudo. Igual ya lo vio una vez y considerando eso, ya le habrá perdido la pena. A parte, a él le gusta pasar mas tiempo desnudo que vestido. Según él, si la ropa no existiera, todo fuera más cómodo. Pero a mi me causa un poco de incomodidad el que me vean desnudo, no sé, pero la idea no es muy tentadora.
-¿Y… que vas a mostrarme?-pregunta Karla con curiosidad, yendo tras de mi.
Nos hemos metido al bosque, justo donde se encuentra una hilera de árboles de maple. La he vuelto a tomar de la mano pues este es un lugar un poco difícil de transitar. No quiero que resbale, pues es una cuesta un tanto empinada para bajar y una caída no sería nada linda.
Puedo sentir el pulso de Karla, y también el tono de la fuerza con la que toma mi mano. Nuestras mochilas-que hace poco cambiamos por unas nuevas y que ahora son de una sola hebilla que cruza desde un hombro hasta nuestra cadera-topan en las ramas haciendo ruido y espantando a las aves de vez en cuando. Está ya bastante oscuro pero aun se miran unos metros frente a nosotros.
-Ya verás-le contesto volviendo a verla-.
Y ahí, justo en ese momento, algo me detiene. ¿Qué es? Le sostengo la mirada a Karla unos segundos y nos quedamos mirándonos por un rato a los ojos en silencio; el viento frío vuelve a soplar. Karla tiene una hermosa sonrisa. Siento como si todo a mi alrededor se hubiese detenido y otra vez esa sensación tan familiar que ya he sentido con anterioridad, solo que no logro descifrar con quien. Siento mi nariz ponerse tibia… ¿Qué está sucediendo? Recuerdo que una vez me sucedió esto, el día en el que Karla llegó empapada a mi casa y tuve que secarle la cabeza con una toalla, fue el mismo día en el que comenzó la desagradable experiencia con Liam. Sucedió de esta manera, y nos quedamos de la misma forma; en silencio y simplemente mirándonos.
Sus manos siguen estando tibias.
-¿Sucede algo?-me dice ella finalmente, rompiendo el silencio.
Despierto de mi ensimismada conciencia y sacudo mi cabeza. Vamos Sasha, ¿Qué sucede contigo?
-No, nada-le digo volviéndome hacia el frente.
Seguimos avanzando y finalmente bajamos la cuesta. Unos metros más adelante se divisa el pequeño estanque. Ya faltan diez minutos para las siete. Justo a tiempo. Espero y el frío no haya ahuyentado a los moradores del estanque.
-Ven-le digo, halándola de la mano.
En el estanque hay un pequeño muelle de madera en el cual podremos esperar a que se hagan las siete. Nos sentamos en el borde el muelle, con nuestros pies colgando y mirando hacia el estanque que ya ha comenzado a reflejar la luna. Saco mi móvil y llamo a la casa de Karla.
-¿Le llamas a Cori?-inquiere Karla
-No, espera-. El tono de llamada suena hasta la segunda vez y luego alguien contesta-. ¿Hola? ¿Señora Bonnet?
-¡Oh! Sasha, tesoro. ¿Qué tal?-me dice ella, reconociendo rápidamente mi voz.
-Bien, gracias por preguntar.
-Que me alegra.
-Señora Bonnet, ¿Es posible que Karla llegue un poco tarde ahora? La acompañaré a su casa.
-Bueno, si la cuidarás tú entonces está bien-me contesta ella sin preguntar los motivos del por qué Karla llegará tarde. Como siempre, tratándose de nosotros, tenemos los permisos hechos para poder salir a la hora que deseemos-. Pero si se hace muy tarde mejor que se quede a dormir en tu casa. ¿Si? Que ahora es muy peligroso andar por ahí tan tarde.
-Bien, señora Bonnet. Haremos todo lo posible por terminar lo que estamos haciendo tan temprano como sea posible. Son unas cosas del señor Donovan que las necesita para mañana-le digo mintiendo. No puedo decirle que estamos a mitad del bosque en un estanque a estas horas o si no va a preocuparse.
-Donovan-resopla ella con desdén-siempre con esa mala costumbre de dejar trabajos de un día para otro. Bien, suerte con eso y dile a Karla que la amo.
-Claro. Hasta luego y buenas noches.
-Hasta luego tesoro, buenas noches, saludos a Tránsito.
Y dicho esto, la llamada termina mientras Karla por su parte me mira sorprendida.
-¡Diablos!-exclama ella-. Mi madre es demasiado permisiva tratándose de ti.
-Mi madre no es tan distinta cuando le pides permiso tú si se trata de mi-le digo encogiéndome de hombros-. Ahora le enviaré un mensaje a Kathy diciéndole que llegaré un poco tarde. Así les evito preocupaciones innecesarias.
-¿Tan importante es lo que me tienes que mostrar?-inquiere ella mientras observa a su alrededor.
No creo que encuentre mucho más que árboles en al menos un kilometro a la redonda. Caminamos un buen tramo desde la carretera hasta aquí, pero si continuamos recto, hacia donde apunta el muelle entonces llegaríamos a la casa del señor Hamilton en alguna hora y media.
-Bueno, supongo que lo es-le contesto-. Valdrá la pena, ya verás.
Una vez escrito el mensaje, le doy enviar y así logro que todo esté previsto. Solo espero y Cori no llegue antes que yo, pues estos días se ha estado quedando en casa y supongo que ahora también lo hará.
-Oye Sasha-musita Karla con su vista fija en el estanque. Sus pies los mueve de arriba abajo y sus talones casi rozan el agua-. ¿Crees que Cori mejore?
Su pregunta me toma un tanto desprevenido, pero sus inquietudes vienen a ser similares a las mías. Me lo he preguntado cientos de veces, pero no he obtenido una respuesta clara por parte de mi mismo, pero tampoco me he atrevido a preguntarle a Cori que le han dicho los médicos.
-No lo sé-le digo mientras guardo el móvil en mi bolsillo-. Pero estoy esperando que lo haga.
Ella se queda en silencio, aun mirando hacia el estanque. Suspira y luego levanta su mirada y con sus ojos negro azabache examina los míos con una profunda mirada.
-Tengo miedo, sabes.-musita finalmente luego de un corto silencio-. No quiero que a Cori le suceda lo que le ha sucedido a Emily. No podría soportar perder a alguien más.
-Yo tampoco quiero que eso pase Karla. No he tenido tranquilidad desde que lo sé. Pero aun hay esperanzas de que no pase a más. Cori ya está en tratamiento.
-Te refieres a… ¿Quimioterapia?
-Si. Casey me lo comentó el día en el que regresábamos a casa luego del cumpleaños de Cori.
-Aun no lo entiendo. ¿Por qué Cori trata de mantenerlo en secreto?
La miro con cierto aire de tristeza y me compadezco de su pregunta, la misma pregunta que me hice yo hace unos días pero que ahora creo tener la respuesta. Viendo a Karla y examinándome a mi mismo comprendo los motivos por los cuales Cori lo hizo. Solo de mirarnos a nosotros con esta preocupación, con este nudo tan amargo en la garganta que no nos permite sentirnos a gusto mientras no sepamos que Cori va a estar bien, entonces solo por eso logro comprender que Cori trataba de ahórranos esto.
-Supongo que solo no quería que nos preocupáramos.
-Tarde o temprano íbamos a saberlo-asevera ella. Puedo notar como su voz con cada palabra se hace menos enérgica-. No…no tenía por qué hacerlo.
-Lo sé… eso lo sé-musito pensativo-. Pero no puedo culpar a Cori…
-…Ni mucho menos juzgarle-termina ella mis palabras.
Nos quedamos en silencio por un largo rato, sin saber que decir ni más que mencionar respecto a Cori. Hemos comprendido a perfección lo que sucede, como sucedió y las razones del por qué tuvo que suceder de esa manera. Supongo que en nuestras vidas, golpes como estos solo hacen tambalearnos y dudar, pero al final regresamos al camino en el que estábamos antes, con nuevas expectativas al respecto. Desconozco realmente que podrá suceder, pero desde el fondo de mi alma anhelo que las cosas mejoren porque no podría concebir mi vida sin ninguno de ellos, sin Cori o sin Karla…mucho menos sin ambos.
Finalmente se hacen las siete. Todo está a punto de comenzar.
-Bien-le murmuro a Karla al oído-. ¿Estás lista?
-¿Qué tengo que ver?-me dice ella volteando al instante en el que le murmuro al oído.
Nuestros rostros quedan uno frente al otro, con nuestras narices a escasos centímetros de tocarse entre sí. Otra vez esa misma sensación de antes, esa misma escena que se repite en donde me pierdo en los ojos de Karla y ella en los míos. Puedo notar que los ojos de Karla están vidriosos. No la culpo, lo de Cori…la está afectando tanto como a mí.
Puedo sentí como la respiración de Karla roza mi rostro, puedo sentir tan cerca el olor de su piel, tan cerca el calor que desprende su cuerpo… Finalmente todo comienza.
-Escucha con atención-le murmuro sin dejar de mirarla a los ojos-.
Mi corazón está latiendo fuertemente. ¿Qué está sucediendo?
El sonido de las ranas croar y de los grillos resuena de apoco en el silencio de la oscuridad y en un instante una melodía sin estar sincronizada resuena en nuestros oídos. Se escucha tan perfecta, tan etérea, tan llena de vida y libre que pareciera que la naturaleza monta su espectáculo para nosotros, sus espectadores.
Luego de unos segundos, ambos, Karla y yo, nos percatamos de la situación y posición tan incomoda en la que nos encontramos y sonrojados volteamos hacia el frente, tratando de evitar nuestras miradas.
-Lo siento-susurro disculpándome-. Yo… no sé…es que…
-No te preocupes, está bien…solo…yo… está bien-masculla ella.
Miro de reojo y puedo notar aun bajo la tenue luz de la luna el tono sonrosado de las mejillas de Karla. Mi rostro no debe de estar muy distinto, siento que mi nariz y mis mejillas están tibias.
-Siento lo de la bofetada-me dice Karla-. No sé que me pasó…yo lo siento.
-No, no, está bien. Mira, ya no me duele-le digo volteando a verla.
Karla vuelve a mirarme también y puedo notar ahora que sus ojos han dejado de estar vidriosos.
-¿Puedes escucharlo?-le digo tratando de relajar el ambiente mientras cierro mis ojos-. Cierra tus ojos y escucha atentamente-le sugiero
Levanto mi parpado izquierdo y puedo notar que Karla me ha seguido. Sonrío. Espero y lo disfrute tanto como yo.
El croar de las ranas y el sonido de los grillos se pueden escuchar entre cada respiración, entre cada latido, entre cada pensamiento que cruza nuestros cuerpos y luego…se siente paz. La brisa fría comienza a soplar nuevamente, acariciando nuestros rostros y haciendo el momento aún más perfecto.
-Es…hermoso, Sasha-musita ella-. ¿Cómo has descubierto esto?
-Cuando vives solo tienes muchas facilidades-le digo abriendo mis ojos-. Y una de ellas es salir a dar paseos a la hora que te plazca y adonde te plazca.
-Vaya suerte la tuya-me dice riendo-.
-Bien, ahora abre tus ojos. Aun falta algo más.
-¿A sí?-inquiere mirando hacia el cielo, seguramente observa la luna-. Sabes, me gustaría que Cori estuviese acá.
-Yo también-advierto.
Cori. Si Cori estuviese acá. Me pregunto como le habrá ido con su madre. No me explicó que era lo que iba a hacer, pero supongo que tuvo que ser importante.
-Bien-continúo, mientras saco mi móvil y unos audífonos de mí bolsillo-. Ahora ponte esto y observa con atención.
Le paso un audífono a Karla para que se lo ponga y uno me lo coloco yo en el oído. Una vez listo lo conecto al móvil y busco una canción que haga juego con el instante. Finalmente la encuentro… Secrets.
-¿Lista?-le pregunto, tomando un guijarro que he encontrado tras de mi.
Karla asiente con su cabeza así que me dispongo a continuar.
Toco la pantalla de mi móvil y la canción comienza lentamente a sonar. Pulseo la piedra y luego de unos segundos la tiro contra el estanque haciendo el típico sonido de algo que cae al agua.
Entonces…todo se ilumina.
Miles y miles de luciérnagas se levantan de la maleza que crece en el estanque y revolotean titilando en lucecitas verdes alrededor de nosotros. Es todo un espectáculo que parece sacado de un cuento de hadas en donde las luciérnagas son los actores principales y Karla y yo los actores secundarios. La canción sigue sonando en nuestros oídos y hace perfectamente juego con la escena. Pareciera que son estrellas que rondan a nuestro alrededor, titilantes y llenas de vida.
Vuelvo a ver a Karla y puedo notar su sorpresa dibujada en una enorme sonrisa. Ella vuelve a verme y con esa sonrisa tan hermosa que posee me da a entender que está disfrutando de esto.
Muevo mi mano en busca de otro guijarro para volver a espantar a las luciérnagas y hacer que se eleven, pero en mi afanosa búsqueda me topo con algo más que no es un guijarro. Lo tomo firmemente y descubro finalmente lo que es.
Las manos de Karla.
Instintivamente retiro mis manos de las suyas y me quedo quieto, esperando su reacción. Ella baja su cabeza. Lo ha notado. ¡Diablos!
Trato de no volver a verla. Otra vez mi pecho, esa sensación tan extraña, mi corazón está latiendo demasiado fuerte, tanto que siento que se va a salir de su lugar.
¿Qué estás haciendo Sasha?
Esa voz en mi cabeza que me pregunta sin obtener respuesta. ¿Qué demonios estoy haciendo?
Bajo mi mano otra vez y puedo sentir que la mano de Karla sigue en el mismo lugar. Con cierta timidez poso mis dedos sobre los suyos, pero ella no hace el menor esfuerzo por moverlos.
¿Qué está pasando Sasha?
Otra vez esos pensamientos que no hacen reaccionar a mi cuerpo que se mueve por si solo. Hay algo que me impulsa a hacer esto, hay algo que me impide detenerme. ¿Qué es?
Finalmente puedo coger totalmente de la mano a Karla y ella voltea a verme con una tímida sorpresa y en silencio, una misma sorpresa que yo comparto. No sé que estoy haciendo, no sé por qué está sucediendo esto. Yo…
En un impulso incontrolable apretó su mano y la envuelvo en la mía y nos quedamos mirándonos por un largo rato. Las luciérnagas aún titilan a nuestro alrededor y la música no para de sonar.
¿Esto es nuevo Sasha?
No lo sé. Otra vez una pregunta que soy incapaz de responder. ¿A caso esto ya me había sucedido antes?
Las manos de Karla están tibias. Puedo sentir su nerviosismo, que aunado al mío hace sentirme extrañamente a gusto.
Nos quedamos mirándonos por un largo rato el uno al otro, sin decir nada, sin hacer nada mas que mirarnos mientras la sigo tomando de la mano, mientras nuestros dedos terminan de encajar perfectamente los unos entre los otros.
Sin poder pensar claramente acerco mi rostro lentamente al de Karla. Puedo notar que en su mirada se dibujan las mismas interrogantes que las mías, las mismas dudas, los mismos temores, pero a la vez la misma seguridad que nos impide detener todo esto. A unos escasos centímetros entre nuestros rostros me detengo y por unos segundos observo con total seguridad cada facción del rostro de ella. Sus ojos, su nariz, sus mejillas, sus labios…todo.
Karla…Karla es hermosa.
Siempre estuvo ahí…siempre.
Y mis pensamientos resuenan en mi cabeza que seguidos de los latidos en mi pecho dan paso a un beso delicado. Un beso que me sabe a dulzura y a delicadeza, un beso que me sabe a muchas cosas que me hacen sentirme feliz. Puedo sentir los labios tibios de Karla entre los míos, puedo sentir su respiración que se mezcla con la mía, puedo sentir el olor de su piel, el calor de su rostro…todo es tan perfecto. Esa sensación de ligereza nuevamente, esa paz tan intensa que recorre mi cuerpo y que logra que mi tiempo se detenga en este instante, todo es tan irreal pero tan tangible.
-Karla, yo…-musito separándome de sus labios. Puedo notar en la mirada de Karla su incertidumbre, una incertidumbre que también me invade pero que no me molesta-.
No sé que decir. No puedo ni tan siquiera pensar con claridad. Mi corazón late fuertemente y unos deseos incesantes de abrazarla me invaden pero trato de retenerlos conmigo.
La canción termina, las luciérnagas han dejado de titilar, y el único pensamiento que puedo lograr retener con claridad me hace simplemente sentirme incapaz de pedir una disculpa por lo que acabo de hacer.
¿Qué sientes?...
Lunes 18 de Octubre de 2010
11:30 PM
Pocas veces en mi vida he tenido temor de responderme a mi mismo preguntas, pues sé que en mi silencio las respuestas solo serán para mi. Pero ahora…ahora no sé si sea el momento indicado para responder a la interrogante que seguramente solucionará mis dudas…
¿Qué siento por Karla?
Sasha
P.D: Cori no se ha quedado aquí esta noche.
Ending:







tercera firma frank

Autor: Luis F. López Silva
Todos los derechos reservados ©










































































































































































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