Biblioteca de Alejandría

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domingo, julio 29, 2012

Capítulo 17: Incredulidad

En el capítulo anterior:
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Incredulidad:
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La puerta entre chirridos termina de abrirse y asoma una figura de silueta femenina. En sus manos parece cargar una bandeja y en su espalda una mochila púrpura abultada, llena de quien sabe qué cosas. Si nos van a matar espero que sea rápido y ser yo el primero, no quiero ver a Benny morir torturado, no, ni siquiera yo quiero morir. Esto es totalmente estúpido. ¡Liam perdió toda cordura! Bueno…no es que antes la tuviese.
No me he equivocado, ha sido una chica la que ha entrado. Lleva puesta en su rostro una mascara, mas bien parece un antifaz de Halloween color rosa, con unas plumas naranjas y verdes a un lado como adorno. Consigo, también, lleva un suéter con capucha que cubre su cabeza, haciendo así el conjunto perfecto para enmascarar su identidad. Podría jurar que la voz que escuche al acerarse la conocía desde antes, en algún lugar, no se en donde, pero juraría que la he escuchado.
Tira la bandeja en la mesa de un solo golpe haciendo resonar el choque del aluminio contra la madera por toda la sucia habitación. Su bolso lo deja caer sobre la silla con la misma brusquedad y se pone a husmear dentro de él, sacando unos recipientes de plástico.
—¿Qué…piensas hacer?—pregunto un poco nervioso.
La chica continúa sacando recipientes de su mochila, haciendo caso omiso a mi pregunta Su silencio simplemente me da en que pensar, y lo que se me ocurre no es exactamente algo lindo. Yo y mi tonta imaginación. Miro a Benny en busca de respuesta, pensando que él tal vez sepa quien es la chica, pero el simplemente se encoje de hombros.
—¿Quién eres?—vuelvo a intentar llamar su atención con otra pregunta.
La chica saca un enorme chuchillo de su bolsón, me dirige una mirada que por entre las ranuras de los ojos del antifaz puedo notar levemente que está enfadada. Levanta su puño y con fuerza incrusta la filosa punta del cuchillo en la mesa de madera haciendo un ruido sordo. Vuelve su atención hacia la mochila y continúa sacando unas cuantas cosas más.
—¿Tienen hambre?—pregunta la chica sin volvernos a ver.
Toma entre sus manos una pequeña tabla blanca para picar comida y el cuchillo entre sus manos. Se da la media vuelta y nos observa atentamente.
—He preguntado si tienen hambre—advierte ella con un tono de voz bastante serio—Saben, podría prepararles sus propios dedos con aderezo. Ahora—comenta acercándose hacia nosotros mientras juega con el cuchillo que trae consigo. Benny aún sigue tirado en el suelo esperando el momento oportuno para levantarse—me pregunto que dedos prepararé… ¿Los de las manos?—advierte con tono socarrón—¿Los de los pies?
Lejos de poder imaginarme otra cosa es más que evidente que esta chica está loca. ¿¡Ha dicho nuestros dedos!? ¡Piensa amputarnos los dedos! La chica se detiene frente a mi y se sienta con las piernas abiertas sobre las mías. La pose es bastante provocadora pero en estos momentos el miedo me impide poder imaginarme cualquier cosa estúpidamente pervertida.
Sonríe. Me mira fijamente y simplemente sonríe. Acerca la punta del afilado instrumento a mi rostro colocándola suavemente en mi mejilla. La desliza con bastante delicadeza haciéndome una pequeña cortada en la cara que no tarda absolutamente nada en empezar a sangrar. Puedo sentir los pequeños hilillos de sangre bajando por mi rostro hasta mi cuello. Están tibios.
—¿Y tú...?—me advierte acercando su rostro, poniéndolo solo a centímetros del mío—¿…qué dedos prefieres?—No puedo articular palabra alguna. No se exactamente que decir. ¡Maldición! ¡Están a punto de cortar nuestros dedos!—¿Sabes qué?—dice con tono algo seco. Se pone de pie y se acurruca al lado de Benny—Aquí la pregunta es…¿Quién será el afortunado que pierda sus dedos?
Benny hace un gesto que denota miedo total. No lo culpo. Si esta chica demente realmente nos amputara los dedos espero sea de un solo golpe y todos a la vez. Él simplemente apuña sus ojos con fuerzas y gira su rostro hacia otro lado. La chica, haciendo un poco de esfuerzo, levanta a Benny y de manera brusca lo deja en la misma posición que yo; sentado y ambos mirando hacia la puerta. Ella sonríe, da la media vuelta y con un caminado lleno de malicia se dispone a abrir los recipientes que hace unos momentos sacó de su mochila.
—Son unos imbéciles—advierte ella—tal y como Liam lo dijo. No les cortare los dedos, no pienso llenarme de sangre ni tampoco escuchar sus gritos. Si alguien va a hacer el trabajo sucio que lo haga el mal nacido de Liam.
Bien, esto ha sido algo inesperado. Ella simplemente estaba jugando con nosotros…o al menos eso espero. ¡Salvación para nuestros dedos! Benny deja escapar un suspiro de alivio y junto a él doy las gracias a Dios porque tendremos nuestras manos intactas. O al menos las mías…las de Benny están destrozadas.
—¿Piensan comer o no?—inquiere nuevamente a regañadientes.
—¿Qué me asegura que no nos darás algún veneno?—pregunto bastante negado. No confío aun en que esta chica no nos vaya a hacer daño realmente. ¡Nos podría dar laxante!
—Te equivocas de mierda, chico. Si alguien les va a dar veneno será su captor, no yo. Deberían comer algo. En especial tú, Benny, que ya llevas acá cinco días a base de agua. En cambio tú, Sasha, pensé que estabas muerto, ya llevabas dos días inconsciente. Sinceramente hubiese sido un estorbo menos preparar comida para ambos. Que babosada, en estos días ya nadie se muere de un buen golpe en la cabeza.
¡Cinco días! ¡Ha dicho cinco días! ¡Carajo! Ha pasado tanto tiempo desde que Benny está acá. Ya lo estará buscando la policía seguramente. Bueno, no lo culpo, en este cuarto en el que no se distingue si es de día o es de noche, la noción del tiempo se pierde totalmente. Espero y la investigación ya haya comenzado y nos saquen de acá lo más pronto posible. En cuanto a mi, dos días supongo que no es gran cosa para levantar sospechas. Unas horas antes de que alguien me intentara quebrar la cabeza con quien sabe que cosa, estuve hablando con mis padres, así que preocupación no existirá si no hasta la próxima llamada de ellos y que no conteste…algunos 3 días tal vez. Pero Karla…Karla estaba ahí conmigo. Espero esté bien. Un segundo… ¿Cómo carajos sabe esta chica mi nombre?
—¿Cómo sabes mi nombre?
—Eso es lo de menos. ¿Qué clase de secuestrador sería si no sé a quien demonios voy a secuestrar?
—Vamos, que tu lo has dicho antes. Tú simplemente eres la chica…de la comida—le comento con desdén—¿Qué tan peligrosa puedes ser?—«Estas jugando con fuego, Sasha. Puedes quemarte.» Esa vocecita en mi interior me dice que debería de cuidar lo que digo, pero no puedo detenerme. ¿Qué es lo que estoy buscando en ella exactamente?—Digo, pues, preparar comida no puede ser demasiado difícil.—le advierto.
La chica se da media vuelta y con el cuchillo en mano se acerca hasta donde mi. Levanta su puño. ¡Maldición! ¡Piensa enterrar ese cuchillo en mi estomago!
Ella deja ir con toda su fuerza el cuchillo empuñado. Cierro mis ojos y los apuño, esperando sentir el punzante y cortante dolor del afilado instrumento atravesando mis vísceras. Siento como el aire tras el oscilante cuchillo acaricia mi rostro al pasar junto a él y luego…un golpe sordo.
Nada.
No siento absolutamente nada.
Abro mis ojos lentamente, esperando ver el metal filoso incrustado en mi estomago, pero lejos de mi fallida predicción, está simplemente clavado con su punta en la silla de madera, entre mis piernas abiertas y con su filo mirando hacia mi entrepierna. Suspiro. Suspiro de alivio de saber que no me a trozado ningún pedazo de carne…o testículo, porque si esta chica no hubiese tenido cuidado de ver en donde demonios lo clavaba pudiera haberme dejado estéril.
—Cuida lo que dices, maldito idiota, puedo cortarte las nueces si me provocas. O peor aún, meterte esta cosa por el trasero, y créeme, si no conoces una cortada en el trasero, ahora mismo podría hacer que sientas tener una.
—¿Y que se siente exactamente?—pregunta Benny con curiosidad.
La chica lo mira y suelta una risotada ante tal pregunta. Sinceramente pienso que no es un buen momento para bromear, pero tal parece que Benny ya se acostumbró a esta maldita tensión y se ve capaz de soltar una broma como esta. Al final…ambos sabemos que nos torturaran ya sea por una cosa u otra.
—Pues…es como cuando tienes sexo anal—advierte ella aun con aquella risa tan socarrona. Quita el cuchillo de entre mis piernas y regresa a la mesa a seguir cortando comida—intenta que te metan un pene por el ano sin ningún lubricante más que saliva y luego cuéntame si puedes sentarte.
—O cagar—agrega Benny, lográndome sacar una risa que ahogo y trato de contener.
Ella simplemente lo mira con cara de “What the fuck” soltando otra carcajada. Tanta es su risa que coloca el cuchillo en la mesa y se sienta a reírse. Nosotros la miramos con cara de estúpidos ante tal reacción.
—¿Hablas en serio?—dice ella aun entra carcajadas, mirando a Benny.
Él solo se encoje de hombros y asiente—Siéntate en un mar de alfileres porque a tu madre se le olvidó recogerlos del sofá y luego hablamos—.
—Bien, bien, comprendo—se mofa la chica—ya dejémoslo así antes de que vomite de reír por sus estupideces. En fin ¿Piensan comer o no?
Esta vez soy yo quien se encoje de hombros y es Benny quien asiente con un sí. Mi estomago ruje. Si, necesito comer, de no ser así creo que luego me harán falta fuerzas para soportar lo que Liam piense hacernos.
Unos segundos después ella ha terminado de preparar las cosas y se acerca con su bandeja llena de alimentos. Se mira realmente demasiado bueno para darle de comer a dos chicos secuestrados. En la bandeja hay fruta, arroz, un poco de vegetales y frijoles que seguro son de los enlatados. No es que la comida esté mal, al contrario, está demasiado bien, cosa que me preocupa.
—¿Por qué nos das de comer, si sería mas fácil mejor dejarnos morir de hambre?
—Aun no conoces a Liam. Si te hará sufrir ten en cuenta que lo hará mientras tú estés vivo y en tus cinco sentidos para que tu sufrimiento sea peor.
La chica comienza a darnos bocados de comida con una cuchara y de la manera mas negada acepto su ofrecimiento. No tengo elección, si no lo hago moriré antes y será de hambre, cosa que no quiero.
—¿Va…a matarnos?
—¿Qué clase de pregunta estúpida es esa?—rezonga ella con desdén—Por supuesto que si.
¡Mierda! No era exactamente lo que esperaba escuchar pero tampoco esperaba menos. Esta chica seguramente está tan loca como Liam.
Ella termina de darnos de comer, recoge las cosas y se queda sentada por un rato cerca de la mesa. Benny hace varios intentos fallidos por entablar conversación pero ella solo responde secamente a sus preguntas con respuestas demasiado cortas. No puedo dejar de pensar que conozco a esta chica, que la he visto en algún lugar, pero su antifaz me impide saber a ciencia cierta quien es exactamente. Me recuerda vagamente a…Cecile. Si, a Cecile, la chica de los senos grandes del instituto. Aun así, no puedo decir exactamente que es ella, aún hay algo que me hace dudar.
—¡Oye! ¡Tú, el chico de ojos azules!—masculla ella desde donde está sentada—¿Qué fue exactamente lo que le hiciste a Liam para que te vieras metido en esto?
—No mucho exactamente.
—Ese no es motivo para todo esto—comenta tomando un trozo de fruta de la que ha sobrado—Si vas a morir, supongo que tendrás una buena razón.
—Dímela entonces tú—le digo sin mucho entusiasmo—al final de cuentas ambos sabemos que esto es una estupidez.
—¿Ambos?—advierte, soltando una risotada—Estas solo en esto niño. Yo que carajos voy a saber por qué Liam te tiene aquí.
—¿Y entonces que demonios haces aquí?—inquiere Benny—Si no sabes los motivos, entonces deberías de alejarte del asunto cuanto puedas.
—Tú que sabes, baboso. Liam prometió que me dejaría unirme a ellos si le ayudaba en esto.
Así que la chica no sabe absolutamente nada del problema ocurrido hace unos años. Interesante. Esto en alguna medida es una ventaja para nosotros. O eso espero. Vamos Sasha, piensa, ¿Cómo puedo sacarle provecho a esto? Si ella no sabe nada al respecto, lo más probable es que aun no sepa muy bien de que es capaz Liam, y si no lo sabe, por lo tanto aun no cae en cuenta en lo que exactamente se mete. Cabe la posibilidad de que…
—Deberías de hacerle caso a Benny—le comento tratando de poner en marcha algo que recién se me ha venido a la mente—Por si no lo sabes, Liam puede ser tan traicionero, así como también un maldito mentiroso.
—¿A caso piensas que voy a creerte? Mi amado Liam sería incapaz.
—¿Mi amado? ¿A caso ustedes dos son…?
—¿Novios? ¡Pues claro! ¿De qué pene creías que hablaba cuando mencione lo del trasero?
—Bien, eso no necesitaba que me lo confirmaras—le digo sin mucho interés.
—Es la simple verdad—advierte ella encogiéndose de hombros—Yo lo amo, el me ama, y en fin…nos amamos. ¿Qué quieres que te diga?
—El miente…—masculla Benny.
—Él tiene razón—le digo refutándolo—Si él es capaz de hacernos esto, entonces será capaz de mucho mas, incluso de darte una estúpida mentira.
—¡Pruébamelo!—espeta ella furiosa.
Como demonios voy a probárselo. No es que tenga exactamente pruebas para decirle que le miente, ni tampoco se a ciencia cierta que él le miente. ¿Qué debería de decirle? Lo único que sé de Liam es que le encantaba salir a patinar el parque por las tardes y nada más. No conviví con ellos mucho tiempo como para darme cuenta de lo que hacían o de lo que no. Aunque podría mentirle, y decirle que Liam tiene... ¿Sífilis? ¡Nah! Es una mentira demasiado estúpida. Vamos Sasha, piensa en algo inteligente, en una mentira bien formulada, en algún cuento bien escrito…¡Carajo! No se me viene nada más a la cabeza que un estúpido yogurt de banana con fresas.
—Lo ves—continua ella—no tienes nada para probarme que Liam me miente, porque sabes tan bien como yo que él no lo hace.
—Posiblemente tengas razón—contrataca Benny—pero no creo que tú tengas una buena razón que demuestre que él te dice la verdad.
—El me ama, y eso es suficiente.
—Él nos odia—manifiesto.
—¡Exacto!—exclama ella poniéndose de pie—Mira que curioso es el mundo. Ambos estamos en lo correcto. El me ama, él los odia y va a matarlos. No sé que más verdad quieras tú para convencerte que Liam no me está mintiendo.
—¿A caso eres estúpida?—vocifera Benny—¿A caso no ves que todo esto está mal? Tendrías que estar loca para prestarte a hacer estas cosas. Solo mírate, tú, una chica que podría estar haciendo algo interesante en estos momentos está acá dándole de comer a dos chicos que morirán a causa de un novio demente.
—Cuida lo que dices, mocoso.
—¡Mocoso tu trasero, perra desgraciada!—espeta Benny.
Bien. Esto es nuevo. No sabía que Benny estuviese así de…molesto. Realmente suena bastante serio en cada palabra que pronuncia con sus labios. Solo espero y esta chica no se le ocurra perforarle el cuello con ese cuchillo o lo que le está diciendo será en vano.—¿En qué cabeza te cabe que Liam tiene derecho a matar a alguien?—continua él
—¡Liam es una buena persona!—exclama ella—Y si va a matarlos es porque le han causado mucho daño—
Benny suelta una risotada que lejos de sonar graciosa termina pareciendo lúgubre y demencial. No se si lo está actuando o qué, pero sea lo que sea le esta saliendo a la perfección, puedo notar que la chica esta incomodándose.
—En serio, creía que eras simplemente estúpida, pero la estupidez en cierta medida se puede quitar, en cambio a ti, supongo que es cretinismo el que traes en algún gen defectuoso. Lo siento, pero el cretinismo genético no tiene cura, y, pues…
¡Plafff! El sonido de una bofetada resuena en el pequeño cuarto haciendo eco en cada rincón. Benny, con su rostro girado ligeramente hacia su derecha, ha dejado de decirle cosas a la chica. Ella, furiosa, parada frente a él, con su mano aún levantada después de haberlo abofeteado, respira y exhala con rapidez. Parece estar realmente furiosa. Su boca fruncida demuestra que realmente desea estrujarle la cabeza al chico. Espero y se calme pronto, o Benny estará en serios problemas. Las marcas de la bofetada no tardan en aparecer en el rostro de tez blanca de mi amigo.
¡Un segundo! Ella está…sollozando. ¡Puedo escuchar pequeños sollozos! Ella se da la media vuelta y me mira fijamente por unos segundos. Levanta su puño y con fuerza deja ir un golpe seco y a quema ropa sobre mi estomago. Logra sacarme, al igual que Liam, el aire, haciéndome gemir y encogerme del dolor.
—¡Son unos malditos bastardos!—ladra, gritándonos—¡Ustedes no saben nada de mi o de Liam!¡¡Nada!!
La chica se da la vuelta y a grandes zancadas llega hasta la mesa, toma sus cosas y sale de la habitación cerrando tras ella la puerta de un solo golpe, dejándonos nuevamente en aquel silencio. No sé que debería de decirle a Benny. ¿Lo debería de felicitar por lo que le dijo? En serio, la chica tenia que entenderlo de alguna manera u otra, y por su reacción es posible que algo de lo que dijimos entro en su cabeza y dará vueltas en sus neuronas por unos momentos…o al menos eso espero.
Las luces de la habitación se apagan repentinamente y el silencio se vuelve más abrumador. Me pregunto qué sucederá ahora. Más bien, no quiero saber realmente lo qué va a suceder.
¡Un momento! Alguien se aproxima. Puedo escuchar nuevamente pasos acercarse. Las sombras bajo la ranura inferior de la puerta se mueven de un lado a otro, como si alguien caminase de izquierda a derecha. Un fuerte golpe resuena en la puerta, como si una piedra fuese tirada contra ella de manera brusca. Luego…hay silencio.
—¿Qué…estará sucediendo?—me pregunta Benny casi en un susurro.
—No lo sé—advierto—pero no creo que sea nada bueno.
El silencio continua durante unos minutos más. Las sombras que atraviesan la ranura de la puerta aun se mueven. Finalmente la perilla vuelve a crujir y la puerta se abre. La luz tenue de la entrada vuelve a ingresar a las penumbras de la habitación iluminando levemente nuestros rostros. Esta vez han entrado dos personas. Parecen ser dos chicos. Uno de ellos trae las manos atadas a su espalda. ¡Mierda! ¡A cuantos piensa matar este bastardo!
El chico de las manos atadas es empujado con violencia hacia donde nosotros, tropezando al dar unos cuantos pasos bruscos y cayendo de bruces. Un pequeño gemido de dolor se deja escuchar y luego…otra vez silencio. El otro chico sale del lugar sin decirnos nada y cierra la puerta, quedando otra vez todo en penumbras.
—¿Quién será?—pregunto inquisitivo.
Benny se dispone a patear el interruptor de las luces para ver de quien se trata pero estos no funcionan. Alguien seguramente controla esta habitación desde el exterior.
—Quien sea que seas—murmura Benny—¿Te encuentras bien?
No hay respuesta. Ni un solo gemido. ¿Estará muerto? Espero que no, pero su silencio comienza a preocuparme y darme en qué pensar.
—¿Sigues vivo?—inquiere él nuevamente.
Un gemido. Finalmente escuchamos un gemido. Gracias a Dios que sigue vivo.—¿Quiénes…quienes son ustedes?—inquiere con voz bastante débil.
Esa voz…esa voz tan familiar…esta voz tan familiar es de…
Las luces vuelven a encenderse de un solo golpe iluminando sin demorarse todo el cuarto. Por reflejo entrecierro mis ojos, pues la luz molesta mis pupilas, que poco a poco se vuelven a acostumbrar al brillo de la blanca iluminación. Ahí está él, tirado en el suelo, lastimado y con varios golpes en su rostro y en sus brazos.
No me equivoque…
Cori.
Continuará.
Ending:









Autor: Luis F. López Silva
Todos los derechos reservados ©

lunes, julio 23, 2012

Olvidoteca, una biblioteca con libros olvidados

Sarah Manzano


Me encantan estas pequeñas noticias que te ponen una sonrisa en la cara. Consultando los periódicos como suelo hacer cada día, me he encontrado con esta extraña palabra, Olvidoteca, y me ha podido la curiosidad. Se trata de la original iniciativa del Hotel Conde Duque de Madrid de crear una biblioteca con los libros que los propios clientes han dejado olvidados en sus habitaciones. Y según dicen, la iniciativa ha sido un éxito total.
Todo comenzó con una pequeña vitrina en la que se iban colocando los libros olvidados por los clientes. Sin embargo, el número fue creciendo y pronto se dieron cuenta de que podrían hacer algo especial con ellos. Se decoró y acondicionó una parte del hotel para crear esta curiosa biblioteca que ahora alberga más de quinientos libros en español, inglés, francés, ruso e incluso chino. La idea fue de Rafi Prieto García, gobernanta del hotel desde hace más de diez años y lectora empedernida, que nos cuenta el resultado de su idea.
(…) ha tenido mucho éxito. Tanto que ahora ocurre algo muy curioso, porque hay clientes que en su habitación nos dejan un libro con una notita: ‘Para la Olvidoteca’.
La verdad es que me parece una idea muy original. Muchos de estos libros olvidados van a parar a la basura y es una pena no darle una nueva vida. Para los hoteles apenas tendría coste, no todos tienen por qué acondicionar una sala de lectura, con unas estanterías puede ser suficiente para poner los libros a disposición de los huéspedes. También se podría dejar un libro diferente en cada habitación, y encontrarte así la sorpresa de ver qué título te ha tocado. En fin, posibilidades hay montones y todo lo que sea animar a la lectura, bienvenido sea.
Fuente: Papel en blanco
Comentario personal: Creo que esta es una de esas noticias bonitas que te dejan sonriente y satisfecho... En lo personal, me parece una idea estupenda, los libros son verdaderas maravillas que merecen un rincón especial y si este hotel ha tenido esta curiosa iniciativa, ¡bienvenido sea!, ¡ya hasta me dieron ganas de hospedarme ahí!, ¿qué les parece, lectores?, ¿verdad que es todo un encanto?
¡Saludos!


domingo, julio 22, 2012

Capítulo 16: Liam

Golden Cloud
¿En donde estoy? ¿Qué es este lugar? Está todo oscuro y vacío. Puedo ver un pequeño foco encendido a unos 5 metros iluminando tenuemente una puerta. Un fuerte dolor de cabeza me aturde por unos segundos. Lo ultimo que recuerdo es que estaba en mi casa escribiendo una carta para Azah cuando… ¡Karla! ¡Mierda! ¿¡Estará bien!? Intento moverme pero algo me lo impide. Mis manos están atadas hacia atrás en el espaldar de la silla en la cual estoy sentado y mis dedos envueltos y pegados con cinta adhesiva. Me duelen las muñecas y los brazos de estar por quien sabe cuanto tiempo en esta posición. No es que uno pueda llevar exactamente la noción del tiempo una vez caes inconsciente cuando alguien te dice hijo de perra y te golpea.
—Has despertado.
¿Quién ha hablado? Puedo notar que es la voz de un chico. ¿En donde está? En esta oscuridad no puedo distinguir bien las cosas, si es que las hay, en este lugar.
—¿Te encuentras bien?—vuelve a hablar.
—Si—contesto un poco cauteloso tratando de localizar la voz—supongo que si. Y tú… ¿Estás bien?
—Ya hace un rato que pasó el dolor—me comenta—En serio, yo hace un tiempo que creí que esto se había acabado.
—¿De que hablas?
—Vamos, no digas que no lo recuerdas.
—Lo siento, pero no sé que debo de recordar. Espera, ya pase por esto—le advierto soltando un suspiro—ya Karla me ha dicho que olvidé escribir la carta, pero ya la he hecho.
—¿Karla? ¿Carta?—me dice riendo—No conozco a Karla y no sé de qué carta me hablas.
—¿Entonces de qué hablábamos exactamente?
—A ver. ¿No me recuerdas, cierto?
—¿Debería? Es que, bueno, en esta oscuridad no es que pueda distinguirte exactamente.
—¡Oh! Lo siento, espera.
Puedo escucharlo forcejear un poco y golpear algo con quien sabe qué hasta que logro escuchar un “clic” y una lámpara de luz blanca en el techo se enciende iluminando el lugar.
Es un cuarto de algunos cinco metros por cinco, con paredes pintadas de un color blanco agrietado que comienza a descascararse de a poco, unas cubetas de plástico se encuentran cerca de la mesa que esta por la puerta y unas cuantas sogas también tiradas alrededor de ellas. El techo es cielo raso curtido y amarillento seguramente por el tiempo con bastantes telarañas pegadas por doquier. Puedo notar que el piso es de cemento, algo agrietado y en algunas partes húmedo con pequeños charcos de agua que gotea de una tubería oxidada que pasa por el borde de la pared. Miro a mi izquierda y ahí está él. El chico de la voz.
—Mucho mejor, ¿No crees?—me dice con una sonrisa—Como estoy cerca de la caja de energía de las luces, he podido encenderlas a patadas. Algo es algo.—me advierte encogiéndose de hombros.
Sus manos también están atadas al espaldar de una silla de madera. Su cara tiene algunas magulladuras y su labio superior tiene una cortada que ha comenzado a sanar. En sus brazos hay unos moretones que se miran realmente dolorosos y en su brazo izquierdo una raspadura que aun tiene sangre sin secar.
Este chico es…
—¿Ahora me recuerdas?—me pregunta nuevamente con la misma sonrisa.
Un chico de tez blanca, cabello castaño y ojos negros yace sentado frente a mí. Lleva una camiseta blanca, unos vaqueros negros y unos zapatos Converse blancos con rayas negras. ¡Benny! ¡Es Benny!
—¡Maldición! ¿¡Benny!?
—¡Sabia que no podrías haberlo olvidado! Espera un segundo—me dice haciendo un puchero—¿Cómo qué maldición? ¿Tan malo es verme de nuevo?
—¡No! Bueno, ¡si! ¡Ahg! A lo que me refiero es que me alegro de verte, pero no esperaba que en estas condiciones. ¿Qué te ha sucedido? Estás todo lastimado.
—Bueno, es Liam, no podríamos esperarnos otra cosa.
Liam. Así que es Liam. Esperen ¿¡Qué!? ¿¡Liam!? ¡Maldición y mierda juntas a la vez! Esto puede ser muy peligroso. Bien ahora ya me preocupe más por Karla. ¡Maldición! Debo de salir de acá lo más pronto posible y buscarla. ¿En donde estará en estos momentos? ¿Estará bien? Si Liam ha sido capaz de esto, entonces será capaz de mucho más.
—¡Liam!—le exclamo sorprendido.
—Si, él. Bueno, hacia ya unos años que había salido del correccional de menores.
—¿Estuvo en el correccional?—inquiero bastante sorprendido.
—Bueno, un chico con su codo salido en un hospital fue suficiente razón para que lo enviaran a una. Fueron más bien mis padres lo del asunto aunque les dije que mejor no lo hicieran. Conociendo como es Liam, sabía que podría suceder esto.
—Pero tenían que hacerlo Benny, pudo haberte pasado algo peor.
—Pero no fue así. Me…ayudaste.
—Ese no es el punto.
—Si, si lo es. He tenido la intención de hacer esto desde hace mucho tiempo y no había tenido la oportunidad de hacerlo porque no sabía donde estabas.
—¿De hacer qué?
—De darte las gracias. Así que…muchas gracias por cuidar esa vez de mi.
—Solo trataba de hacer lo correcto—le digo con una sonrisa, realmente feliz de saber que él ha tenido todo este tiempo en cuenta lo que alguna vez hice por él.
—Lo trataste y lo lograste—me dice con una voz sincera—Pero desapareciste tan de repente de la ciudad que no tuve la oportunidad de agradecerte hasta ahora.
—Tuve mis razones para hacerlo—le comento—Liam no es que fuera a quererme cerca exactamente luego de lo que hice.
—¿Te fuiste a otro estado?
—No, simplemente me moví hacia las afueras de la ciudad.
—Un día de estos debería de ir a visitarte si es que salimos vivos de acá.
—Cuando quieras.
La perilla de la puerta cruje y Benny apresuradamente golpea el interruptor de la lámpara para apagar las luces nuevamente. Todo vuelve a quedar a oscuras. La puerta se abre y una tenue luz del exterior entra iluminando suavemente nuestros rostros. Una figura alta y sombría asoma entrando de presto y a zancadas, gritando groserías y cerrando tras si la puerta de un solo golpe.
—Bien, bien, queridos amigos, que lindas son las reuniones después de un largo tiempo ¿No creen?—masculla alguien.
Aquella voz tan familiar, socarrona, imponente y tan llena de una maldita ironía que siempre deteste no ha cambiado en lo absoluto.
—¿Qué significa esto, Liam?—le inquiero con voz firme y seria.
Él da unos cuantos pasos hasta que finalmente enciende la luz.—¡Ah! Sasha, amigo del alma, has despertado.
—Suéltame—le ordeno.
—Vamos, vamos, no seas así. ¿A caso no quieres charlar un poco conmigo?
—No tengo nada que hablar contigo, maldito cretino.
Él se tira una risotada que lejos de sonar satisfactoria termina siendo macabra y neurótica. En un santiamén cierra su boca y cambia su semblante a una deforme y enojada mirada. Da unos cuantos pasos hasta donde mi, levanta su pie y con fuerza deja ir una patada en mi estomago.
—¡¿Qué quieres irte!?—me grita bastante furioso—¿¡A caso quieres irte, maldito hijo de puta!?
El golpe logra tirarme con la silla al suelo, sacándome el aire, haciéndome soltar un gemido de dolor y jadear. Trato desesperadamente por recuperar el aire pero no me da tiempo y Liam deja ir otra patada contra mi rostro haciéndome gemir de dolor nuevamente.
—¡Pues te quedaras, bastardo! ¡Te quedarás hasta que se me de la regalada gana o logre matarte!
Puedo sentir el sabor ferroso de la sangre en mi boca, haciendo que escupa por reflejo hacia un lado tratando de expulsarla. Es bastante sangre. Por suerte no está sangrándome la nariz. Liam vuelve a reír con ese mismo tono grotesco y se acerca a Benny y le suelta un fuerte golpe con el puño en el rostro. Benny simplemente ahoga un grito.
—¡Hoy podrán pagar su estupidez, en especial tú, Sasha!—vocifera dirigiéndose hacia la puerta—Sabrán de una buena vez de lo que puedo ser capaz.
Liam sale cerrando tras si la puerta de un solo portazo, haciendo eco en esta vacía habitación. Mi rostro me duele y el estomago también, afortunadamente ya puedo respirar normalmente.
—¿Te encuentras bien?—pregunta Benny preocupado—Espera, déjame ver si puedo levantarte.
Por suerte nuestros pies no están atados y fácilmente él puede pararse con todo y la silla amarrada a sus manos. Se acerca hasta sentarse frente a mí y con sus pies intenta levantarme haciendo un enorme esfuerzo hasta que logra sentarme de nuevo.
—¿Te encuentras bien?—inquiere nuevamente.
—Eso creo—le digo tosiendo y escupiendo sangre hacia un costado—Mi boca está algo entumecida.
—Tus dientes están todos en el mismo lugar, no te preocupes.
—¿Te encuentras tú bien? Liam te ha golpeado fuerte.
—No te preocupes, eso ha sido poco para lo que me ha hecho. En cambio contigo ha sido más brusco. ¿Qué tal está tu estomago?
—Un poco mejor, el dolor está pasando.
Benny me mira por unos segundos examinándome detenidamente.
Me pregunto que ha sido de Benny todo este tiempo. Desde la vez que lo dejé en el hospital no he vuelto a verlo hasta ahora, y no es uno de los mejores encuentros que me han podido suceder. A Benny lo vi un par de veces en el instituto donde estudie antes de que sucediera el problema por el cual tuve que moverme hacia las afueras de la ciudad. Si mal no recuerdo era compañero mío en la clase de Biologia y Literatura, pero nunca pude hablarle, siempre estuvo tan callado y alejado de todos. Seguramente el problema con Liam ya estaba mucho antes de que él los descubriera fumando marihuana. Ahora puedo lamentarme de no haber entablado amistad en un principio con Benny y no con Liam, seguramente todo esto se hubiese evitado. ¿En que carajos estaba pensando por esos tiempos?
—Tenemos que salir de aquí—me advierte Benny—si no lo hacemos, terminaran matándonos.
—¿Lo crees?—le digo con ironía. Vuelvo a escupir hacia un costado. La sangre ha comenzado a dejar de salir—El problema es cómo lo haremos.
—Primero lo primero—me dice poniéndose de pie y sentándose tras de mi.
Ahora nuestras espaldas están juntas la una con la otra y nuestras manos han quedado atadas justamente a la misma altura. Puedo comprobar que Benny es casi de mi misma estatura…que curioso. La última vez era mas bajo que yo.
—Bien, ahora que estamos en esta posición intentaré desatarte.
—Claro.
—Ahora, si ese bastardo regresa y nos encuentra haciendo esto va a molernos a golpes.
—Eso no suena muy consolador—le digo riendo, tratando de acercar mas mis manos para que las suelte. Mis hombros han comenzado a dolerme por tener mis muñecas atadas tras mi espalda.
—Espero y no lo haga, me tardaré un poco, mis dedos…están lastimados.
Benny ha comenzado con la épica tarea de deshacer el nudo. Está bastante apretado y es una sola maraña de vueltas. Parece prácticamente una tarea imposible así que se toma intervalos de descanso para poder continuar. Al estar mis dedos pegados con cinta se me es imposible despegar mis palmas para poder intentar desatarlo a él. Es demasiado incomodo.
—¿Qué le han pasado a tus dedos?—pregunto con curiosidad
Benny se detiene unos momentos y hace silencio. Simplemente no dice nada, no puedo escuchar absolutamente palabra de su boca. Un momento después continúa intentando desatar el nudo.
—Liam…me los ha lastimado—me dice con desanimo. Puedo notar que el tono de su voz ha pasado a ser un poco más apagado.
—¿Qué te ha hecho?
Benny continua intentando desatar la soga pero esta vez logra articularme mas palabras que poder escuchar.
—Liam…ha quemado mis dedos.
Bien. Eso ha sido…algo fuerte. No, ha sido demasiado atroz. Eso. Demasiado cruel para una persona. Liam se ha pasado de la raya. ¡Eso es prácticamente tortura!
—Cuando llegué acá—continua Benny—Liam se encargó de hacerme saber que esto no sería nada bueno. Y no solo está él, hay más, hay otros chicos que lo acompañan.
—¿Ha quemado todos tus dedos?—pregunto, tratando de imaginarme como se sentirán de lastimadas las manos de Benny.
—Todos—murmura—están lastimados todos. Liam…ha tomado una vela y ha quemado las yemas de mis dedos. Ha introducido agujas entre mis uñas, ha hecho cortadas en las palmas de mis manos…—Benny comienza a sollozar y se detiene por unos segundos. Puedo sentir su cuerpo temblar tras mi espalda.
—Yo…lo siento Benny.
—Luego de ello—continua contándome tratando de contener sus sollozos—uno de los chicos atravesó mis pies con clavos y ha puesto sal en las heridas. Les pedí que se detuvieran, les lloré que lo hicieran, pero Liam les ordenó casi a golpes que continuaran.
—¿Cuánto tiempo llevas acá?—inquiero. No se si pedirle a Benny que deje de relatarme lo que ha sucedido o simplemente dejar que siga pues posiblemente necesite sacarlo de su pecho.
—No lo sé. Simplemente no lo sé. Pero ya han de ser dos días seguramente.
¡Dos días! ¡Dos malditos días! ¿¡Es que acaso Liam salió de un manicomio o que carajos!?
—Ya veo.
—Un rato después…—prosiguió relatando—Liam regreso con trozo de cristal roto en su mano. Sabes, Sasha, nunca creí desear tanto la muerte como esa vez, es agonizante el hecho de sufrir y ser incapaz de detener lo que te hace sentir dolor.
—¿Qué sucedió?
—Liam me desnudó completamente; tapó mi boca con un paño. Hizo que me sujetaran entre dos chicos y amarró mis manos y mis pies. Luego de eso, simplemente comenzó. Esa sensación tan dolorosa del cristal tocando tu piel y cortándola hasta hacerla sangrar hizo plantearme seriamente forcejear y darme la vuelta para que cortara mi garganta y así morir, pero tenia miedo. Liam hizo cortes en mi espalda y en mis piernas hasta que no lo soporte más y me desmayé. Luego de eso simplemente recuerdo haber despertado nuevamente atado a esta tonta silla y en este mismo cuarto. Y luego…
—¿Luego…?
—Apareciste tú.
¡Finalmente! El nudo ha podido aflojar un poco y ahora tengo mas libertad para poder mover mis muñecas. Aun no está suelto pero un poco más y podré soltarme y así salir de una buena vez de acá con Benny.
Ya han pasado al menos 4 horas desde que estoy metido acá.
¡Mierda! Se escuchan pasos acercarse. Benny se apresura a ponerse de pie pero en el apuro se tropieza. ¡Maldición! Se escuchan voces en el exterior. Esperen, esa voz…esa voz es familiar. La perilla de la puerta vuelve a crujir. La puerta rechina y se abre lentamente. El sonido y la luz del exterior entran de súbito a la habitación.
No estoy seguro…de lo que pueda suceder de ahora en adelante.
Continuará.

Ending:









Autor: Luis F. López Silva
Todos los derechos reservados ©

domingo, julio 15, 2012

Capítulo 15: Afecto Inmutable

Cloudy Tower
Ha comenzado ha llover. Últimamente el clima ha estado bastante raro. Seguramente toda la deforestación y contaminación ambiental ha comenzado a dar sus frutos; bienvenido caos climático. Hace unos días estuvo tan soleado que pensé que me iba a freír vivo por cada vez que salía de mi casa, luego en las noches el clima es tan gélido como el congelador de la nevera y ahora, curiosamente, llueve por cada rincón.

No se si ya lo he mencionado pero me encanta la lluvia. Es esa sensación tan calma y quieta, ese sonido del “tick, tick, tick” de cada gota de lluvia golpeando el suelo o la ventana, ese trueno a lo lejos que si estas atento logras escucharlo hacer eco, esa brisa tan fresca y húmeda soplando en tu rostro, es todo eso lo que hace que me ponga por mi ventana a verla caer. Me relaja. Sonrío.

El cielo está gris hasta donde la vista alcanza, la llanura tras mi casa se encuentra empapada y puedo ver los rayos surcando el cielo a lo lejos. Esto me recuerda a Darien y a Carol, que seguramente en su casa estarán tomando en estos momentos una taza de chocolate o café caliente con malvaviscos. Debo de ir a visitarlas de nuevo uno de estos días. Aquí en Longmont las tormentas suelen ser bastante dóciles, son simplemente una lluvia en la que cualquiera se vería tentado a salir y jugar bajo ella, pero las pocas veces en las que se torna violenta—y cuando digo violentas es que son realmente VIOLENTAS—es mejor quedarse en casa escondido bajo las sabanas. Creo que prepararé chocolate.

Bajo a la cocina en busca de malvaviscos. Espero y no se los hayan comido todos los chicos. Si hay alguien en el mundo que ama los malvaviscos con locura son Karla y Cori. La ultima vez compré la bolsa Jumbo de ellos y en tres horas habían llegado a sus estómagos alrededor de trecientos malvaviscos; son todo un caso a la hora de comer y no se como demonios no engordan. Bueno, supongo que es porque hacen ejercicio. Cori como siempre hace ejercicio en su casa, tiene pesas y todas esas cosas necesarias para sacar músculos en poco tiempo, posiblemente eso explique por qué el chico esta en buena forma. El hecho de que se saque su polera luego de sudar en el entrenamiento provoca euforia entre las chicas que asisten a verlo. Solo son unos pectorales bien formados, un abdomen bastante marcado y bíceps bien definidos, todo en bastante armonía con su contextura física, sin llegar a ser muy poco pero tampoco sin exagerar y verse como los luchadores de la WWEque se miran deformes de tanto musculo. No, definitivamente él ha sabido como mantener un buen físico.

En cambio Karla, ella como siempre, se mira hermosa. Tendrá sus secretos para mantenerse así pues come como demente, seguramente tanto como yo y como por arte de magia no engorda. Va al gimnasio, si, y aunque no lo crean no toma ningún suplemento que la haga adelgazar. Se cuanto odia ese tipo de drogas para verse mas delgado y se a ciencia cierta que nunca las tomaría. Creo que simplemente tiene un metabolismo acelerado y pues con el gimnasio logra ese cuerpo tan perfecto que tiene. Al cargarla puedo sentir que es liviana pero sin llegar a los extremos, tiene el peso justo y la altura perfecta. Bien, ella es ese tipo de chica que se merece un chico de lo mejor, juro por Dios que si se le atraviesa un idiota lo moleré a golpes así sea me cuesten mis dientes. Con Cori no puedo decir lo mismo…simplemente no se dan las circunstancias por el momento.

En fin, viendo que ellos se encuentran en tan buena forma me he decidido desde hace un mes más o menos a ponerme en forma y no puedo quejarme de los resultados. Si bien antes tenía un cuerpo nada mal, ahora está más que mejor. He notado últimamente que en mi abdomen comienzan a marcarse unas líneas y que mi pecho se ha vuelto un poco más amplio, sin mencionar que mis brazos están un poco más gruesos. En fin, no es la gran cosa pero se puede notar un poco el cambio. Al menos haciendo ejercicio me siento un poco mejor y agarro resistencia para las masacres que se hacen en la clase de deportes con el entrenador Rony. Es un psicópata del ejercicio y dictador de lo imposible. Una vez nos puso a correr desde el Instituto a la ciudad. ¿¡Quién carajo en su sano juicio pone a correr a chicos de 17 años casi quince quilómetros!? Lo único positivo que pude sacar de eso fue descubrir que mi vocación no será nada deportiva.

Por suerte he encontrado malvaviscos. El chocolate esta preparado así que mejor voy a merendar. Desde la cocina, a través de la puerta de vidrio que da con el patio puedo ver las gotas de lluvia salpicando el suelo. A lo lejos puedo ver el bosque que curiosamente del lado de la cocina se ve más cerca…a algunos cincuenta metros tal vez.

Sorbo. Está caliente. Dulce y caliente. Este chocolate me recuerda vagamente a Tránsito. Más que la sirvienta de la casa cuando vivía en Nueva York, una amiga. Ella, siempre amable conmigo y cariñosa hasta donde el corazón le alcanzaba jamás me vio como un mocoso que en la ausencia de sus padres podría hacer lo que el trasero le roncara. Siempre me vio como a un hijo, que cuidaba con bastante celo y cariño, contándome de su natal pueblo en donde vivió. Si mal no recuerdo era un lugar llamado “Cantón El Mozote”que según me contaba Tránsito, durante la guerra había sido uno de los lugares en donde se había perpetrado una de las peores masacres en la historia de su país. Un día de estos debo escribirle o llamarle. Realmente me encantaría saludarla nuevamente. Espero y no haya regresado a su país porque entonces localizarla será una hazaña épica.

Escucho a alguien abrir la puerta. Seguro es Karla o Cori. Como siempre, vienen a menudo. Siento que se preocupan demasiado por mí, les he dicho miles de veces que no me importa realmente quedarme solo en casa, que ya estoy acostumbrado a este vacío pero ellos insisten que si así fuera entonces me molestaría porque ellos llegaran de improviso, cosa que no sucede. A ese punto no pude oponerme, pues la verdad me alegra, pero simplemente intento no agregarles mas carga a su vida.

—¡Sasha!—grita alguien desde la sala. Es Karla

—¡Aquí, en la cocina!

Puedo escuchar sus pasos acercarse y en un par de segundos asoma toda empapada.

—¡Mierda!—Le reclamo levantándome rápido en busca de una toalla para secarla—¡Eres igual que Cori! ¡¿Qué acaso no piensan que se pueden enfermar o qué!?

—¿Lo…siento?

—¡Deberías!—le refunfuño pasando la toalla por su cabeza, secando su cabello—Mírate, estas toda empapada. Te puedes resfriar.

—Venga que los paraguas en mi casa se los habían llevado y quería venir.

—Me hubieses llamado y hubiera ido en el auto por ti.

—Vamos, Sasha, que no es para tanto, además vine por una buena razón.

—¡No creo que haya razón que valga una pulmonía!

—¿A caso lo has olvidado?

—¿Tenía que sacar la basura?

—¡Ahg! ¡Hombres! Todos tienen una mente que solo almacena escasas cosas.

—Culpa a la genética… o al calentamiento global, que se yo.

La miro por unos segundos, examinando sus ojos negro azabache, buscando una respuesta a lo que ella hablaba. ¿Qué se supone que debo de recordar exactamente? Ella me mira por unos segundos y se queda quieta, ambos inmóviles, perdidos en nuestras miradas. ¿Qué estará pensando? Karla me mira sin desviar ningún segundo sus ojos fuera de los míos, puedo ver mi reflejo en el pigmento oscuro de los suyos y seguramente ella su imagen en los míos.

—Debemos…hacer una carta—me murmura sin dejar de verme.

—Este…—carraspeo un poco y le dejo la toalla puesta en la cabeza, me acerco a la mesa y tomo la taza de chocolate para darle un sorbo—¿Carta?

—Eh, si, carta. ¿África?

¡Demonios! Había olvidado que mañana será día de enviar la carta a África. Hace unos años Karla y yo nos inscribimos en un programa de amigos por correo cuando íbamos estábamos en primaria en Nueva York. Desde entonces hemos mantenido contacto con varios amigos que residen en áfrica con quienes charlamos de todo lo posible e imposible. Tenemos tres amigos en total con quienes conversamos, como los envíos de correo desde áfrica hacia acá son un poco costosos entonces intercambiamos cartas cada 3 meses. Si, lo sé, sería mas fácil por correo electrónico, pero vamos, ¿quien tendrá a media sabana internet? El correo es más fácil, accesible y por ultimo pero no menos importante, personal. Ese compromiso de plasmar con tus propias manos la viva representación de la voz es lo que lo vuelve especial.

—¡Ups!—digo un poco perplejo—lo había pasado por alto.

—No se como puedes ser lindo y torpe a la vez.

—¿Lo soy?

—Ya olvídalo. En fin, mejor escribamos esas cartas. Tengo tanto para contarle a Azah.

Azah. Ese es el nombre de uno de los tres chicos con quienes hablamos. Tenemos varias fotografías de él y de su pequeña tribu con quienes reside. Según nos contaba hace un tiempo, Azah es uno de los pocos niños que asistieron a la escuela, pues los recursos no les permitían a todos hacerlo. Nos contó que toda la comunidad contribuía a los gastos, que a pesar que para nosotros eran pocos, para ellos eran el sacrificio de un enorme trabajo para que él, junto con otros cinco niños más de la tribu, pudiesen ser quienes sirvieran de mediadores entre su tribu y el mundo exterior. Es realmente un orgullo para su familia que él sea uno de los pocos escogidos y realmente me agrada saber que sus metas son bastante buenas. Nos contó que desea ser instructor y que su principal objetivo es construir una pequeña escuela en su comunidad en donde al menos la educación ajustara para que todos se alfabetizaran. Aunque Azah tiene a penas 18 años y comienza a asistir a la universidad, sé que en un futuro logrará lo que se propone. Por eso Karla y yo siempre que podemos juntamos un poco de dinero que sabrán ellos en que puede servirles. Él siempre nos cuenta en que lo han ocupado y nos envía fotografías de su comunidad. Es una buena persona la verdad, y estamos planeando un día de estos en ir a visitarlo…si es que mis padres y los de Karla nos lo permiten.

—A ver, deberíamos tomarnos una fotografía y enviársela—sugiere Karla—se sorprendería de ver cuanto has cambiado.

—¿Lo he hecho?—inquiero con curiosidad.

—Bueno…últimamente la ropa se te mira un poco mas ajustada. ¿Estás haciendo ejercicio?

¡Aja! Lo ha notado. Sabía que ese mes de ejercicio rendirían sus frutos en algún momento. Espero lograr mi meta de tener un buen cuerpo para finales de este otro. En fin, arriba el ejercicio y adiós enfermedades cardiacas.

—Si…bueno, un poco.

—Te ves mejor—me dice sonriendo—Sabes, no comprendo por qué demonios no tienes novia. Eres apuesto y, en estas circunstancias, violable.

Suelto una risotada a lo cual ella me acompaña con más risas.

—En fin—advierte—iré por mi cámara, que la he dejado envuelta en un ataúd de bolsas del supermercado y cinta adhesiva para que no se mojara.

—Buena idea.

—Llamaré a Cori—comenta—sería bueno que se lo presentáramos. Recuerda que la última vez dijo que le gustaría conocerlo.

—Bien, hazlo entonces, mientras comenzaré a escribir.

Tomo unas cuantas hojas de papel para carta y me dispongo a redactar una carta que más bien siempre termina pareciendo un testamento. Trato en la mayor medida de contarle lo que ha sucedido con lujo de detalles y cuanto me sea posible. Aunque…no se si sería indicado comentarle lo de Cori y yo…no por el momento. La carta comienza con el típico “Querido Azah”que luego se extiende a una infinidad de historias nuestras con las que necesito ponerlo al día. Le comento que hace unos meses comencé un diario personal, que al final de curso no será tan personal si el señor Donovan lo va a leer de todas maneras. Igual prosigo contándole acerca Gaby, la chica rara que hace unas semanas me ofreció sexo oral sin razón aparente, esto seguramente le sacará mas de alguna carcajada. También le cuento de de Darien y Carol, de la visita inesperada de mis padres y del festival de deportes.

—¡Sasha!—grita Karla desde la sala—¡Tomaré prestado un poco de tu ropa! ¡Necesito cambiarme!

—¡Está bien!—le contesto—¡Pero deja en paz mis revistas!

—¡¿Para que demonios quiero vestirme con paginas de revistas porno?!—vuelve a gritar riendo.

—¡Oye! ¡Son revistas de literatura!

—¡Si como sea!—me vuelve a gritar subiendo la escalera—¡Igual ni creas que nunca he visto donde las guardas! ¡Un día tu madre las encontrará! ¡Tras el librero no están seguras!

¡Mierda! Sabe en donde las tengo escondidas. Tengo que buscarles un mejor lugar. ¿Bajo mi colchón tal vez? ¡Nah! Mejor las pondré en mi caja de aluminio que tiene seguro con llave. ¡Si! Mejor ahí.

Esto me recuerda a la vez en la que André, mi primo, me mostró su repertorio de pornografía. Hace unos años, dos mas o menos, regrese a Nueva York—fue casi seis meses después de el cumpleaños de André si mal no recuerdo— por una semana de visita donde mis tíos. Ya hacia un buen rato que nos los veía y realmente quería pasar tiempo con ellos. A todo esto mi tía Bianca ya sabia de la homosexualidad de André, cosa que no se estaba tomando tan bien pero las cosas poco a poco mejoraban. Era increíble realmente la cantidad de películas y revistas que él tenía con contenido bastante explicito. Pude contar doscientas dos revistas porno gay y cuarenta CD’s de video en los cuales no había mas que chicos reventándose el trasero entre ellos. No se ni por qué carajos accedí a que me mostrara su colección. Lo único que recuerdo es que el menciono la palabra porno y Sasha dijo sí. En fin, instinto masculino ante ciertas situaciones. Pero de haber sabido que me tendría veinte minutos viendo una película en la que un chico llamado Ray y otro llamado Michel se trasteaban entre ellos entonces me hubiese opuesto desde un principio a verla.

—Oye Sasha—me preguntó esa vez—¿tu miras pornografía, cierto?

Admito que la pregunta me tomó desprevenido. Si, bueno, lo hago pero el qué André me lo preguntara tan a quema ropa era demasiado extraño, más a un si no hablaba con él a menudo de estas cosas. Una cosa es decirle abiertamente a Cori que me preste alguna revista de ese tipo y otra recomendarle a André que babosadaver.

—S..si—le contesto vacilando— ¿Por qué lo preguntas?

—¿Quieres ver una película conmigo?

—Supongo. ¿Realmente querría?

—Si, querrías. En fin, será una buena película, ya veras, le dará suficiente combustible a tu mano y a tu…ya sabes…herramienta.

Y perplejo ante todo, yo de obediente subo a la habitación de mi primo a ver la dichosa película. En fin, la película comenzó bastante normal, cosa que me sorprendió porque hasta donde yo tenia conocimiento de los gustos de André, había demasiada ropa sobre los actores, pero en un abrir y cerrar de ojos ¡Bang! ¡Penes y vaginas por todos lados! Demasiado para mi débil mente. Luego de diez minutos del interesante cortometraje, André sacó otro CD.

—Bien, ahora pondré de las que suelo ver.

—¿De las que sueles?

—Tú solo mira y luego comentas—me advierte bastante serio.

Debo decir que el segundo video no me agrado nada. Era en donde salía Ray y Michel como actores principales. Una vez terminó, casi con el cerebro frito ante tal cosa, decidí mejor salir de la habitación antes de que André pusiera alguna otra película gay. A ver, no es que sea la gran cosa, fueron simplemente dos chicos dándose por el trasero, y, pues, se veía que ellos lo disfrutaban. Correcto. No tengo nada en contra de que lo haga, si les agrada bien, pero mi trasero no pienso prestarlo para esas actividades tan vigorosas.

Y unos pasos antes de que pudiese abrir la puerta para salir, André me tomó por la manga de la camisa y me detuvo, sin ser brusco ni usar la fuerza, simplemente tomo la manga de mi suéter como si nada.

—¿Puedes…quedarte un momento más?

—¿Pondrás otra película?—le pregunto inquisitivo—Porque si es asi, yo no pienso…

—No lo haré—me interrumpe—lo prometo.

—Bien…creo.

—Necesito que hagas algo por mi—me comenta soltando mi manga. Se dio la media vuelta y se sienta en el borde de su cama con las piernas abiertas y sus codos apoyados en ellas.—Mas bien, necesito que me digas algo.

—¿Qué es lo que quieres que te diga?

—Que te pareció la ultima película, Sasha.

—¿Quieres que te diga lo que realmente pienso?—le digo entre risas.

André ríe un poco y luego me hace señas para que me siente junto a él. André siempre fue un poco más alto que mi, supongo que porque es mayor, y es por eso que cuando tomo asiento mi nariz queda a la altura de sus hombros. Su cuerpo es bastante torneado, en forma y con un dorso ancho. De no ser porque el dijera que era gay, nadie se daría cuenta. Siempre actúa tan normal, haciendo cosas que hace un chico, comportándose como uno y hablando como tal. Nada de que anda con maquillaje como las chicas, o haciendo gestos como una ni mucho menos haciendo cosas que lo hicieran ver femenino. Simplemente es como un chico…al que le gustan los chicos—y reitero que este caso es diferente al mio y al de Cori porque André si le hace entrada a todos los chicos en general—y que abiertamente se declaró homosexual.

—No necesariamente—me dice con una sonrisa. Su mirada fija en el suelo me dio en que pensar. ¿A que se refería exactamente?—Lo que quiero decir, es qué piensas exactamente de este tipo de personas.

—¿Te refieres a los…?

—Me refiero a mi, Sasha. ¿Qué piensas exactamente de mi?

—André, yo…

Una pausa bastante sostenida entre nuestras palabras cae como plomo haciendo bastante incomoda la situación. El finalmente habla.

—Estas en todo tu derecho de decirme que te doy asco, que soy una persona rara y que no deseas que me acerque a ti por ser un bicho extraño. Estas en total derecho de od…

—Mejor cierra la boca, André, que aun no he dicho nada. Jamás dije que me dabas asco o que fueras extraño. Sabes, pienso que si a ti te hace feliz, entonces está bien, al menos para mi y no por eso me voy a alejar de alguien como tú. Por si no lo sabes, eres alguien a quien admiro bastante. ¿A caso ya lo olvidaste? Eres el gran André, el primo del chico torpe al que ibas a recoger a la primaria porque siempre tenía miedo de andar solo.

—Eras bastante pequeño—me dice con una sonrisa en su rostro—y tenías pocos amigos.

—Es por eso que te admiro. Porque te das cuenta de cuando te necesitan y acudes a esa persona. Puede gustarte quien tu desees André, nadie es quien para decirte que debes o no debes hacer con tu corazón. Si te gusta reventarle el trasero a alguien más, por mi está bien.

—O que me lo revienten—me dice el con un tonto bastante serio mientras levanta ambas cejas y mira fijamente a la alfombra del piso.

Suelto una risotada ante tal aseveración a lo que André responde con mas risas dándome un golpe amistoso en el hombro. El ambiente ha desaparecido. Mucho mejor.

—Bien, eso ya será otra cosa.

—Bueno, bueno—me dice entre risas—pero, al final, necesito que me respondas. Por favor, hazlo. Luego de esto, de saber exactamente quien soy y lo que quiero he perdido a tantas personas. Sasha, a tantas que ahora estoy prácticamente sin nadie a quien recurrir en busca de un apoyo que necesito incondicionalmente.

—¿Qué pienso de ti?

—¿Qué miras en mi exactamente, Sasha?

—Miro a una persona integra, capaz de vivir una vida feliz y de sobrellevar las adversidades. Eres y seguirás siendo la misma persona para mi, André, alguien a quien admiro y fuera de lo que cualquiera diga, del cual me siento orgulloso. Estaré contigo en las buenas y en las malas.

André, ese día, me sonrió de la manera mas única que jamás he podido ver nuevamente. Esa sonrisa tan reconfortante, tan viva y llena de sentimiento que me demostraba que se sentía feliz. Recuerdo haberle abrazado tratando de hacerle saber que todo estaba bien, que no sería como los demás ni me alejaría de él, que lo seguía queriendo y admirando…fue entonces, que por primera vez pude notar que André también podía derrumbarse. Esa faceta de él siempre tan templada e imponente ante el mundo, fuerte e incapaz de venirse abajo pero tan capaz de proteger lo que ama fue lo que por primera vez, pude ver, que se rompió en sollozos y lagrimas. Desde ese día mi relación con él ha sido mas cercana. Hablamos bastante seguido y con a mis mejores amigos suelo contarle todo. O bueno, casi todo pues pasan tantas cosas que algunas se me escapan. Es casi como tener un hermano mayor que vive a miles de kilómetros en una ciudad ruidosa. Ese es André. Creo que para esta navidad la vendrá a pasar conmigo. Espero y pueda venir.

Termino de escribir la carta. Busco a Karla para leérsela mas ella se ha quedado dormida en el sofá con la cámara en su mano. Lleva mi ropa puesta, un pants holgado de color gris y una camiseta blanca de algodón que suelo usar. La dejaré descansar y luego se la leeré. ¿Me pregunto si le habrá llamado a Cori?

Saco mi móvil para llamarle por mi cuenta, seguramente con esta lluvia estará durmiendo. Siempre le da bastante sueño cuando llueve. Normalmente cuando suele llover, Cori pasa la mayor parte de su tiempo en mi casa. Dice que la quietud acá es inigualable y que puede dormir a gusto. En fin, yo solo pienso que es un silencio penetrante de doble cara; a veces acogedor y otras tantas tan filoso que puede desesperarte.

Él no contesta su móvil. Si, seguramente duerme. Me pregunto si ira a venir mas tard…

Escucho pasos tras de mi que se mueven lentamente. Volteo lo mas rápido que puedo para ver de quien se trata pues no hay nadie mas que Karla y yo acá.

—Ahora me las pagaras, ¡Maldito hijo de perra!

Escucho la voz de un chico. Un segundo después un fuerte golpe aturde mi cabeza. Siento que todo a mí alrededor da vueltas. Trato de mantenerme en pie pero no lo logro. ¡Karla! ¡Que pasará con Karla! Mi vista se pone borrosa y no alcanzo a distinguir quien es la persona que está parada frente a mí.

Todo se torna negro.

Continuará

Ending:












Autor: Luis F. López Silva

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lunes, julio 09, 2012

García Márquez no escribirá más libros por pérdida de memoria


El escritor colombiano Gabriel García Márquez no volverá a escribir otro libro debido a que la demencia senil y los estragos de  la quimioterapia que le salvó en 1999 de un cáncer linfático le están robando la memoria.

"Desgraciadamente, no vamos a tener esa oportunidad", dijo su hermano menor Jaime García Márquez sobre la posibilidad de un próximo relato de Gabo, durante una conferencia dictada en Cartagena de Indias, según cita el diario español El País.

"A veces da la sensación de que hay personas que quisieran que se muriera, porque la noticia de su muerte sería importante, pero se van a quedar pendientes mucho rato. Todavía le tenemos, podemos hablar con él, sigue con alegría, con entusiasmo, lleno de humor (…) Que se demore, que se demore mucho ese momento", expresó el ingeniero civil y exsubdirector de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, creada por GGM.

Los hermanos no se ven desde hace dos años y solo hablan por teléfono, ya que el autor de “Cien años de soledad” vive en México.

"Aún siento que le tenemos agarrado por el cuello", agregó.

Fuente: RPP noticias

Comentario personal: Es ciertamente una lástima... solo me he leído dos libros de él y su calidad es insuperable.

¡Saludos, lectores!



domingo, julio 08, 2012

Capítulo 14: Vivir.

sasha volumen ii

in the way ©
Dolerá. Esto le dolerá. Desde un principio pensé que era una mala idea y no sé por qué demonios no dije que no, pero claro, Cori me dijo que todo saldría bien y yo de obediente no pude decir un maldito no. Si por esto luego me queda un trauma él tendrá la culpa. No es lo mismo hacerlo a que te lo hagan.

—Deja de moverte que si no nunca podré meterlo—le digo tratando de calmarlo.

Cori se mueve demasiado y si no se calma puedo lastimarlo. Se lo dije antes de que comenzáramos, le insistí que nunca antes lo había hecho con alguien más pero él era el necio, así que ya estamos en mi cuarto y ahora que se aguante.

—Sasha, es demasiado grande, no va a entrar.

—Que si hombre, ahora solo date la vuelta, te calmas, me dejas meterlo y fin de la historia.

—¡Pero es que va a dolerme!—advierte él con preocupación.

—Oye, esto tan poco es fácil para mi, pero una vez esté dentro te prometo que el dolor pasará de apoco.

—Bien, pero si te digo que te detengas cuando ya no soporte, ¿te detendrás?

—Eso debiste haberlo pensado antes de pedírmelo. Así que te aguantas.

—¡Carajo!—exclama Cori.

Respira profundo y trata de relajarse un poco, me mira a los ojos por unos segundos y finalmente se recuesta en la cama.

—Bien, ahora no te muevas. Relájate que así entrará más fácil.

Cori simplemente se tapa los ojos con una mano y me hace señas para que prosiga y en menos de lo que piensa, he terminado. Fue bastante rápido. Desde hace un buen tiempo me viene diciendo que quería hacerse un piercingen su labio inferior, uno como el que yo tengo y pues ahora que ha podido comprarlo me digne a concederle ese capricho.

—Listo—le digo quitándome los guantes de látex blanco.—ahora solo toma alguna capsula de antibiótico y estarás bien.

—¿En serio ya?—me dice descubriendo sus ojos y tocando su labio.

—Si, solo no te lo toques por un buen rato hasta que el agujero haya cicatrizado y así no te dolerá.

Cori toma un espejo y por el gesto en su rostro parece estar bastante contento con el piercing. Solo es una pequeña bolita pero luego la cambiara por un pequeño arete circular. Realmente se mira bien, solo es cuestión que se acostumbre.

Ya hace un mes más o menos desde el festival de deportes y todo ha ido con bastante calma. Mis padres han tenido que regresar nuevamente a su trabajo, y esta vez en quien sabe que país del extranjero estarán. La última vez que me llamaron estaban en un laboratorio de investigación en Japón. Dijeron que intentarían no moverse tanto, pero por cuestiones de laboratorio y equipos necesarios para sus investigaciones tienen que andar de un lugar a otro a cada momento.

—Ten—le digo a Cori, pasándole una pastilla antibiótica y un analgésico

—¿Es droga?—me dice a modo de broma.

—Si claro, solo hazla polvo en un mortero y la inhalas que seguramente hará que se te aflojen los mocos.

Cori suelta una carcajada seguida de un “Auch” y una maldición que hacen que me ría al ver su expresión. Le dije que no hiciera movimientos bruscos con su boca por un rato o le dolería más de lo habitual. El coge ambas pastillas y con dos tragos de agua las hace llegar a su estomago.

—Te dará sueño en un rato—le advierto—así que mejor ve y échate por donde quieras a dormir.

—Lo único malo de todo esto—me dice con gesto serio pero a la vez preocupado—es que no podré besarte hasta que esta babosadame deje de doler.

—Eres…¡ahg! Que importa.—le digo sonrojado.

Cori simplemente me sonríe y como siempre su gesto va acompañado de un abrazo que provoca que me sonroje aun más de lo que ya estoy. No se como demonios lo logra pero hace que sienta una enorme paz cada vez que lo hace y logra hacer que me den ganas de golpearlo pero de besarlo al mismo tiempo cuando me susurra al oído que me ama.

—Creo...que debo de ir a comprar unas cosas—le digo un poco nervioso—mejor ve y acuéstate.

—Si, si, ya voy. Espera, ¿comprar? ¿Iras a la ciudad?

—Supongo, debo de comprar unas cuantas cosas en el supermercado.

—¿Puedo acompañarte?

—Deberías mejor de descansar, pronto te dará sueño el analgésico.

—Igual, quiero acompañarte—me dice el bostezando.

—Lo ves—le advierto—mejor duerme que si no andarás por ahí lastimándote la boca.

Cori refunfuña unas cuantas cosas y de mala gana va y se acuesta en el sofá. Enciende la televisión y me mira fijamente.

—¿Sucede algo?—inquiero con curiosidad

—Si

—¿A sí?

—No

—Demonios, ya decídete—le digo riendo.

—Solo intentaba retenerte un poco—me advierte con una sonrisa.

—¿Para qué?

—Porque me gusta pasar mi tiempo contigo. Ahora mejor vete antes de que cambie de opinión y me pegue a ti a la fuerza como un chicle.

Suelto una carcajada al escuchar sus palabras. Es simplemente como un niño; a veces actúa como uno y logra de la manera más graciosa sacarme una sonrisa.

—Te traeré una crepa.

—¿En serio?—me dice él con emoción

—No.

—Debería matarte—comenta el haciendo un puchero.

—¿En serio?

—No—advierte soltando una risotada—ya mejor vete que entre mas pronto regreses menos tiempo estaré solo.

—Bien—le digo entre risas—estaré acá en unos minutos. Solo para que veas que soy bueno si te traeré la crepa.

—Deja de jugar con mis sentimientos con respecto a las crepas Sasha Alexander—me dice el con tono seriamente gracioso—si no me la traes entonces me las pagaras...aunque sea a besos pero me las pagarás.

—¡Demonios! Mejor me largo.

Nos quedamos mirando el uno al otro por un largo rato, sin saber que decir y en un silencio bastante intenso. ¿Qué hago exactamente observando a Cori? ¿Qué está cruzando por su cabeza en estos momentos? Ya llevamos prácticamente un mes así, de esta manera, simplemente...amándonos. Y es lindo. Simplemente, perfecto. Mejor me largo antes de decir alguna estupidez que arruine el momento. El simplemente me vuelve a sonreír, provocando que me ponga nervioso, así que decido salir de la sala por mi bien mental.

Me dirijo hacia la puerta y para mi sorpresa, justo cuando la abro me encuentro con Karla que estaba a punto de abrirla. Trae consigo una pagina a medio doblar en su mano y un lápiz en la otra. Ella me mira por unos momentos y luego se deja caer sobre mi a lo cual yo por instinto extiendo mis brazos para abrazarla y sostenerla.

—¿Quieres salvarme el día?—me dice con resignación.

—¿Quiero?

—Si, quieres. Ahora acompáñame a hacer unas compras. Vamos di que sí.

—Has llegado en el momento indicado—le digo entre risas—justamente me dirijo a la ciudad a comprar las cosas para la semana.

Karla me sonríe enormemente y me mira con cara de “He encontrado mi salvación”. Me toma de los hombros, me da la media vuelta y de un jalón se sube a mi espalda como si jugásemos a caballito.

—¿Nos vamos?—e dice acomodando su cabeza en mi hombro, quedando nuestros rostros bastante cerca.

—Supongo—le digo agarrando sus piernas con firmeza. Cierro la puerta y una vez logro acostumbrarme a ella corro como demente hacia el garaje con ella gritando como niña de doce años que se emociona por jugar.

Saco el auto y nos ponemos en marcha hacia la ciudad. Pocas veces he venido conduciendo hasta esta parte de Longmont en auto, pues normalmente vengo en autobús. Acabo de recordar también que debo de venir de nuevo a andar en patines, cosa que me encanta. Un segundo…¿Dónde diablos están mis patines?

—Deberíamos ir a Walmart—sugiere Karla extendiendo el papel que hace un segundo llevaba en su mano. Puedo notar que es una enorme lista de comprados por hacer—mi madre quiso encargarme todo el supermercado pero no le ajustó el papel para anotar tanto.

—Pues yo voy por yogurt.

—Eres un glotón.

—La vida es justa a veces cuando comes yogurt.

Conduzco por al menos quince minutos, pasando entre un sinfín de paisajes verdes y llanos que a lo lejos se pierden entre pequeñas colinas. Los caballos galopan de vez en cuando hasta cansarse y las ovejas como siempre están pastando, dispersas y correteando por todo el lugar. Sigo pensando que hay cosas que posiblemente me gustaría tener para siempre y una de ellas es esta vista capaz de hacerme ver que la perfección puede existir. La montaña Longs Peak como siempre, imponente tras cada paisaje que cruza por nuestros ojos se pinta de blanco en su cumbre llena de nieve que por las tardes se torna color helado de vainilla. Pero el paisaje no dura más que unos cuantos minutos, pues abruptamente aparece una frontera que marca visiblemente el límite entre la quietud de las afueras de Longmont y la ruidosa ciudad. De repente nos vemos rodeados de edificios de concreto, bulliciosos autos y semáforos por doquier. Peatones por todos lados y tiendas en hileras interminables que se anuncian abiertas en las aceras me hacen recordar por qué detesto la ciudad. Esta vida tan acelerada, tan material y artificial, tan consumista y dependiente de lo que no es necesario me abruma en pocos instantes y me sofoca la mente. Nueva York era una cosa, pues a la fuerza tenia que vivir en una ciudad que por defecto es una fabrica de numerosos ruidos ensordecedores, pantallas de tv gigantescas y por ultimo pero no menos importante un nacedero de “gas-destruye-capa-de-ozono” o mas simplemente CO2. Pero aquí, en Longmont, tengo la oportunidad de estar fuera de la agobiante selva de concreto y no pienso desaprovechar la paz que me ofrece el lugar por este laberinto de calles grises.

Finalmente llegamos al Walmart, tomamos una cesta con rodos y nos disponemos a comprar lo que necesitamos. Es curioso venir con Karla siempre acá, pues los empleados nos conocen y para ellos, Karla y yo, estamos saliendo. Eunice, una anciana de algunos setenta años que siempre está en el área de las carnes regalando muestras gratis de salchichas nos pregunta como hemos estados, nos pregunta por Cori y al final nos dice que ya es tiempo de que vayamos pensando en formar una familia. Siempre logra sacarme una que otra risa por sus sugerencias. A Karla le encanta darle mas cuerda a sus ocurrencias porque siempre nos termina contando unas historia sobre su vida. Es por eso que siempre las visitas al supermercado deben de ser en días desocupados y sin planes para más tarde.

Una vez Eunice nos contó la historia de su padre en la guerra de Vietnam. Allá por 1968 si mal no recuerdo, el padre de Eunice fue llamado al servició de su país para cargar con una guerra de lo mas estúpida. Aclaro que todas las guerras son estúpidas. ¿No creen ustedes? Nunca comprendí por qué las guerras suponían un cambio y no un simple dialogo inteligente. Al final posiblemente la violencia pueda sobre la razón aunque en extremas instancias se dio razón de algo a causa de la violencia. En fin, sigo pensando que son estúpidas. Bueno, continuando con la historia del padre de Eunice; recuerdo muy vívidamente sus palabras a las cuales en un silencio inmutable escuchamos con atención:

Mi padre, Leo, fue llamado a servir a su país el 14 de mayo de 1968. Vivíamos en Texas para ese entonces, en un enorme paraje dorado por los cultivos de trigo que mi padre con el sudor de su frente había sacado adelante. Éramos una familia unida, a pesar de ser pobres en todo menos en amor. Mi madre Eunice, que por ella y mi abuela cargo con este nombre que amo y que me hace recordarlas, ayudaba a mi padre en cuanto podía en su trabajo. Mientras yo y mi hermana menor nos encargábamos de los quehaceres de la casa; una vieja y ruidosa casa de madera, ennegrecida por el tiempo pero cálida en su interior.

Recuerdo ese día haber regresado ya tarde con mi hermana de nadar en el estanque al otro lado del bosque tras nuestra casa. Corríamos preocupadas porque nuestra madre pudiera regañarnos pues habíamos salido sin permiso de ella. Llegamos a nuestra casa y justo antes de entrar por aquella puerta que siempre rechinaba, escuchamos el llanto de mamá romper el silencio. Entramos caminando despacio e hice que mi hermana subiera a su habitación. Lo primero que cruzó por mi mente fue que mi padre había peleado con mi madre pero dentro de mi inocencia pasé por alto que él era un hombre recto, comprensivo y sobre todo admirable, incapaz de cometer errores o al menos frente a nosotros. Fue hasta entonces, hasta que asomé mi cabeza por el borde de la puerta de la cocina, que comprendí que era lo que sucedía. Ahí estaba ella, mi madre, sentada a la mesa y mi padre acurrucado junto a ella tomando su mano y limpiando las lagrimas que mojaban su rostro. Pude ver en las manos de mi madre un papel que apuñaba con fuerza con la bandera y el escudo de los Estados Unidos impreso atrás.

Ya hacían días que en la radio escuchábamos que el país necesitaba hombre de—según ellos—valentía y compromiso se presentaran a defender a su país. Pero créanme, valiente no es aquél que defiende un país y se proclama vencedor, si no mas bien, valiente es aquel que por voluntad propia decide ayudar a cesar el derramamiento de sangre con inteligencia y un buen corazón, y mi padre lo sabia.

Fue entonces que tres días después el partió.

—Regresaré, Raquel—me dijo papá llamándome por mi primer nombre como siempre solía hacerlo cada vez que tenía algo importante que decirme—cuida a tu madre y a tu hermana. Prometo escribir cada vez que pueda y ten presente que un día volveremos a ser la familia que siempre fuimos.

Así fueron las últimas palabras de mi padre, que entre llantos se despidió de mi madre y mi hermana. Esa fue la primera vez que lo vi llorar. Siempre había sido un hombre de temperamento fuerte pero amoroso, protector y capaz de hacerle frente a cualquier adversidad, pero era notable que en el fondo tenía un punto débil que lo hacía aún mas humano y era el amor por una familia que también lo amaba.

Un mes después de su partida, las horas y los días que conté agobiantemente, esperando saber de él, de su situación, de su regreso; recibimos su primera carta.

Ese recuerdo vivido de mi hermana ayudándome con unas cubetas con leche y mi madre saliendo a nuestro encuentro con la carta en su mano, llorando de felicidad y necesitando consuelo a su vez, es posiblemente uno de los recuerdos que por mas anciana que llegue a ser jamás olvidaré, pues me dieron las esperanzas y fuerzas necesarias para seguir adelante y fiel a la espera de su regreso.

Mi padre nos contaba de sus vivencias en Vietnam con bastante detalle y mi madre, con su habilidosa manera de contar historias, nos leía la carta haciendo volar nuestra imaginación y recreando en nuestra mente hasta el olor de la hierba verde y húmeda. Esa carta la leí seguramente cien o mas veces en el transcurso de una semana, solo para estar segura de que mi padre realmente nos decía que estaba bien, que se encontraba sano y que su sufrimiento no le ponía mas peso además del que ya cargaba en sus hombros.

Dos semanas después de recibir la carta de mi padre, mi hermana menor, Bithia, enfermo gravemente y el doctor le diagnostico Tuberculosis. Mi madre hizo todo lo posible por hacer que ella mejorara. El tratamiento contra la tuberculosis era demasiado caro para nuestra familia que a penas vivía de unos pocos granos de trigo y lo que nuestro huerto producía. A falta de dinero mi madre llegó al punto de pedir en las calles del pueblo ayuda a cada persona que pasaba frente a ella. Vendíamos nuestra poca producción de trigo en el mercado local pero lo que conseguíamos era muy poco para todo nuestro esfuerzo. Se llegó un día, entonces, que nos vimos en la necesidad de vender parte del terreno de cultivo y quedarnos únicamente con nuestra casa y el huerto tras ella. No nos importó, lo único que queríamos era que Bithia mejorara así eso significara vivir en la calle.

El dinero que obtuvimos fue suficiente para llevar a cabo el tratamiento completo, pero como a veces es necesario, la vida nos enseña que no siempre todo deberá ser color de rosa y nos da una bofetada en el rostro, haciéndonos aprender por la fuerza a ser más resistente ante las adversidades, así sea necesario tocar fondo para ello.

Bithia murió el 27 de Julio de 1968, justamente a las 4:30 de la tarde. Su funeral fue pequeño, un día después y solo asistieron algunas diez personas, las mas allegadas a nosotros, pues vivíamos algo lejos del pueblo y pocas personas eran conocidas nuestras.

Mi madre quedó devastada con la perdida de mi hermana y entró en una gran depresión que nunca pudo superar. Hablaba sola y a veces llamaba a Bithia en las noches, gritando y llorando a todo pulmón.

El 7 de agosto del mismo año recibimos la visita de unos señores uniformados que parecían ser del ejército. Sus trajes formales y sus zapatos bien lustrados desencajaban totalmente con el pobre estado de nuestra casa. Recuerdo que tuve que recibirlos yo, pues mi madre no se encontraba en condiciones para escucharlos. En tales situaciones, tenia que hacer el papel de adulta que nunca quise cumplir y dar la cara de una buena vez a lo que viniera. Ya tenia mis años, no los suficientes para decir que podía hacerle frente a toda una vida, pero si los necesarios para afrontar los problemas de mi familia, así que me digne a escuchar lo que ellos tenían que decirme.

—Perdón por venir de imprevisto y sin avisar, pero creímos que la manera mas propia de hacerlo era personalmente. Sentimos comunicarle que su padre, Leon Athony Blues, ha fallecido en combate. Nuestras más sinceras condolencias para con usted y su familia.

Mi manera de ver la vida dio un giro radical y caí en cuenta que las cosas tenían que suceder porque así debían de ser. Dolió. En lo más profundo de mi dolió y reconozco que pasaron noches completas en las que mi rostro se empapaba de lagrimas y llanto. Sentía que ya era demasiado, sentía que ya no soportaba más. Era más peso del que podía cargar. Mi hermana, mi padre, y mi madre que aunque se encontraba con vida era como un fantasma, sin expresión y sumida en sus propios pensamientos.

Mi padre fue cremado y traído sus cenizas hasta nosotros. Decidimos enterrarlo en el cementerio del pueblo, junto a la tumba de mis abuelos. Siempre fue uno de sus deseos y recuerdo como a veces nos decía que su lecho de descanso sería ese, junto a las personas que lo vieron crecer y hacerse de él un hombre de admirar.

Unos años después conocí a mi esposo, Johan. Un hombre que lejos de ser un simple panadero era alguien a quien le pertenecía mi corazón y hasta este momento es dueño de él. Su manera de ser, su carisma, su amabilidad, su tacto con las personas y ese don de gentes que siempre lo ponía en practica sin notarlo era lo que lo hacia para mi, el hombre de mi vida.

En marzo de 1988 decidimos casarnos. Ya teníamos algo que nos unía, dos hermosos hijos de los cuales estoy orgullosa con todo mi ser, a los cuales no les puedo reprochar nada porque podría apostar mi vida a que son buenas personas. Como deseé en el día de mi boda que mi padre y mi hermana estuvieran presentes. Como deseé que mi padre hubiese podido verme convertida en toda una mujer, capaz de proteger a mi propia familia. Como pude desear que mi hermana estuviese ahí, atrapando el ramo de flores luego de lanzarlo y gritando como dementes porque ya me había casado. Pero lejos de que así sucediera, simplemente eran deseos.

Concluí que a veces a la vida no le parece suficiente lo que ya ha sucedido para abrirnos los ojos ante un mundo cruel y prepararnos de la manera más tosca para este. En febrero de 1992, mi madre, Eunice, murió de cáncer.

Domingo 8 de Agosto de 2010.



Seguramente deba de comenzar a pensar desde ahora, más detenidamente, lo que será de mí en un futuro y hacer todo lo posible por vivir cada segundo de mi presente. Es seguramente, tiempo de retener conmigo los momentos más felices en la mayor medida posible y de valorar cada segundo que transcurre junto a las personas que amo.

Hoy recordé que tengo mucho por vivir. Hoy he podido darme cuenta que debo de valorar más aquello, que en lo que a mi respecta, me hace estar mas cerca a una vida que amo.


Sasha

Ending:









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Autor: Luis F. López Silva

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