Biblioteca de Alejandría

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domingo, septiembre 30, 2012

Capítulo 26: Amor Transgénico


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Miro a Karla, buscando apoyo en mi sorpresa por tal revelación pero ella está igual que yo, en la misma situación de asombro e incredulidad. Miro a los demás chicos y ellos siguen mirando a Andrea que simplemente se limita a mirar a su madre con la misma interrogante que tengo yo en estos momentos ¿Qué demonios está sucediendo aquí?. Vuelvo mi mirada nuevamente a Cori y el me la sostiene por unos segundos, luego baja su cabeza.
No lo comprendo. Es en momentos como estos cuando no comprendo la manera de pensar de Cori. No sé por qué diablos no me lo había dicho, por qué diablos no nos lo dijo a Karla y a mi respecto a Andrea y a Casey. ¿¡Como demonios pudo ocultarme que tenía una hija!? He convivido con él cinco años que lejos de ser un corto lapso de tiempo ha sido lo suficiente para saber todo de él y que él supiera todo de mí. Es que simplemente no puedo procesar esto.
—Chicos…
—Vámonos—advierte Karla con tono seco, interrumpiendo a Cori.
—Por favor, esperen—musita Casey.
Doy la media vuelta y decido avanzar en silencio. Esto me ha dado seriamente en qué pensar. Pongo mis manos tras mi nuca y camino, delante de todos y sin decir absolutamente nada. Varios metros más adelante me detengo para mirar atrás y ver si los demás me siguen, pero están aun parados sin hacer nada. Puedo notar que Cori habla, puedo ver que los demás escuchan atentos, pero desde donde estoy ahora no alcanzo a oír que es lo que él dice. La verdad es que no sé si quiero escuchar lo que tiene para decir al respecto. Me siento extraño. Creo que estoy…molesto. ¿Cómo pudo ocultármelo? Por el amor de Dios, es de una hija qué estamos hablando. Un ser humano que camina, habla, come y respira, que siente y que cuando crezca se va a dar cuenta de que su padre la engendró antes de los dieciocho, y que también se enamoró de su mejor amigo, ¡Que es un maldito chico llamado Sasha!
¡Maldición! Le doy una patada a la piedra justo a mi lado, lleno de rabia y con los incesantes deseos de matar a alguien, pero solo logro golpearme los dedos de mis pies. Duelen. Debería golpear a Cori, por idiota.
Los chicos comienzan a caminar. Puedo ver a Karla que junto con André y Kathy vienen delante hablando quien sabe qué. Cori por su parte, viene atrás de ellos, con Casey y Andrea. Cori sonríe. Levanta su mirada y luego me regala una sonrisa. ¿Qué debo hacer? En mi ensimismado enojo decido dar la media vuelta, sin gesticular ninguna mueca y mejor lo ignoro. ¡Demonios! ¡Es que estoy tan molesto que si se me acerca con una sonrisa voy a molerlo a golpes!
Mi móvil suena. Es un mensaje de texto de Jennel, avisándome que Khana se ha adelantado y que nos esperará junto con ellos en su casa. Jennel y Nixon están alquilando una pequeña casa justo detrás del instituto. Es una hermosa casa la verdad, a pesar de que es pequeña tiene lo suyo, un lindo patio y un pórtico precioso. A parte de ello hay un árbol de cerezo justo en la entrada. Cuando florece es todo un espectáculo rosa, que contrasta con el blanco de la casa. Siempre le he comentado a Karla que ese sería un lugar genial para vivir si no fuese porque unas cuantas calles mas abajo está un cementerio, el mismo cementerio donde Emily descansa.
El sol ya se ha ocultado y las estrellas ya están titilando sobre el basto cielo negro. La calle está iluminada por lámparas en forma de farol, aun así el bosque a los lados no deja de ser un poco lúgubre de noche. En cambio la luna, la luna está hermosa, brillante en su blanca luz iluminando tenuemente las copas de los árboles, dándoles un ligero color grisáceo, característico de la plateada luz de la luna.
—¡Sasha!—grita alguien a mis espaldas.
Kathy viene corriendo hacia mí y unos cuantos pasos antes de llegar se detiene a tomar un respiro. Es un buen tramo desde donde vienen los demás caminando hasta donde estoy yo.
—Pensé que nunca te detendrías—me dice ella jadeando.
Kathy se recuesta en el poste de un farol a un lado de la calle y da un enorme suspiro. Se compone el cabello y vuelve a suspirar.
—Lo siento, no era mi intención.
—No te preocupes—me dice volviendo a caminar. Me toma del brazo y me hala para que vaya junto a ella.
Caminamos en el silencio de la noche sin decir absolutamente nada. Supongo que Kathy simplemente quería venirse adelante conmigo, seguramente le incomodaba ir en el ambiente que supongo está tenso allá atrás. No sé realmente como lo habrá tomado Karla, pero conociéndola, tendrá mucho que reclamarle a Cori.
—¿Qué está sucediendo?—me pregunta ella, mirándome a los ojos mientras caminamos.
—¿A qué te refieres?
—Vamos, no creas que no me doy cuenta—advierte Kathy sin despegarme la mirada—No te agradó mucho lo que dijo Cori.
—La verdad que no me importa—le mascullo fingiendo desinterés.
—Si no te importara no estarías molesto.
Bien. Punto a favor de Kathy. Tiene razón. No puedo decir que no me importa porque hay algo dentro de mí que me impide pasar esto por alto. Es que Cori va a necesitar una explicación de las más serias y convincentes para hacer que le perdone por esto.
—Ok. Si, si me incomoda. ¿Contenta?
—No, aún no—me dice soltándome del brazo.
Se adelanta y camina dándole la espalda al frente y mirándome a mí.
—Dime ¿Qué tiene de malo que Cori te haya ocultado lo de Andrea?
—Es más que obvio Kathy. Somos amigos. Hermanos prácticamente y aun así me oculto esto. Me siento…me siento… ¡Ni siquiera se como me siento!
—¿Traicionado?
—¡Bien!—le exclamo—Deja de poner el dedo en la llaga. ¿Quieres?
Ella se detiene de un solo golpe, se cruza de brazos y levanta una ceja, mirándome inquisitivamente. Trato de pasar justo al lado de ella pero extiende su brazo y me detiene. Esta vez me toma de la mano y comienza a caminar nuevamente a mi lado.
—No hay llaga que lastimar, Sasha.
—¿A que te refieres?
—Como Cori dijo, hay algunas cosas que debió explicar hace mucho tiempo.
—Sabes Kathy, en estos momentos no tengo muchos deseos de escuchar sus explicaciones.
—¿Lo ves? Si estás molesto.
—¡Pero con él!—le reclamo—¡Es que no creo que debería de estar de otra forma más que molesto!
—Igual, es enojo.
¡Carajo! Kathy ha dado en el clavo nuevamente. Dos puntos para ella y cero para Sasha. Al menos me ayudó a aclarar que era lo que exactamente sentía. Aun así…
—Es increíble—le murmuro con una sonrisa irónica—apenas llevamos unas cuantas semanas juntos y me conoces bastante bien.
—Es porque me lo permites. Siendo como eres es bastante sencillo, pero a la vez complejo.
—¿A sí?
—Si. Aun hay varias cosas que no puedo saber de ti tan sencillamente. Es por eso que admiro a esos dos—dice Khana refiriéndose a Cori y a Karla—Saben cosas que nadie mas nota en cuanto a ti se refiere.
Sonrío. Karla y Cori. Ellos y solo ellos serán capaces de ver en mi lo que nadie más podrá ya sea así intente ocultarlo o evadirlos, y me alegra la verdad que sea así, porque se entonces que todo respecto a mi está en buenas manos.
—Tú sonrisa dice demasiado del aprecio que le tienes a ellos—advierte ella.
—Mi sonrisa no dice lo suficiente de cuanto los quiero, Kathy. Para demostrarlo me llevaría toda una vida.
—Lo sé. Pero eso no los deja exentos que puedas molestarte con ellos. Como por ejemplo con Cori.
—Cori es un caso muy especial—le digo resoplando—él…es distinto.
—Bien, no soy estúpida—rezonga—Lo amas.
—¿¡Qué!?
—Amas a Cori.
Y tres puntos para Kathy. ¡Mierda! ¡Lo sabe! ¿¡Como maldición lo ha podido saber!? No se lo he dicho a nadie, ni a Karla ni a André, ni a Tránsito ni a mis padres. Solo lo sabemos Cori y yo.
—No…no sé de qué estas hablando.
—Si, claro, y yo soy floculito—me refunfuña con ironía.
—¿Quien es floculito?
—Mi robot de papel. Es solo un nombre temporal, aun no lo bautizo como debe de ser. Ahora no me cambies el tema.
—Kathy, yo…
—A ver. ¿Estás saliendo con Cori, cierto?
Desvió mi mirada hacia el otro costado intentando esquivar los ojos curiosos de ella. Sé que si logra sostenerme la mirada, aunque sea por unos segundos, entonces se dará cuenta de que trato de mentirle al respecto. No sé que decirle. Kathy lo ha descubierto tan fácilmente y sin hacer tanto revuelo. No puedo creer que se me pueda notar así de sencillo lo que siento por Cori. ¿Es acaso tan obvio?
—Creo que… ¿Es una linda noche?
—No me evadas. Vamos Sasha ¿Por qué lo ocultas?
Bien, supongo que ahora ya no puedo decirle otra cosa y negarme. Sería caso perdido, de todas maneras ya lo sabe, o eso creo.
Me armo de valor y la miro a los ojos pudiendo notar su seguridad respecto al asunto. Me sonrojo. Siento un hormigueo en el rostro y mis orejas están tibias.
—¿Cómo has logrado saberlo?—Le pregunto finalmente, resignándome a lo que ella ya conoce.
—¡Lo sabía!—exclama Kathy exaltada—Sabía que algo pasaba entre ambos. Es bastante obvio cuando me has hablado de Cori algunas veces, y mas obvio aun cuando Cori me cuenta cosas de ti.
—¿A sí?
—Claro que si—me dice ella, asintiendo a la vez con su cabeza.
—Esto no lo sabe nadie Kathy. Por favor, no se lo comentes a ninguna persona. Hay muchas cosas que serían difíciles de explicar respecto a lo que siento por Cori.
—¿Cómo tu gusto inminente por las chicas?
—¿¡Cómo carajo lo sabes!?
—Como carajos no notarlo—me reclama—. Sasha, tesoro, eres un chico, y te comportas como uno. ¿Qué más te puedo decir? Es por eso que concluí lo que sucedía acá.
—Aún no estoy del todo seguro, Kathy, no creo que sea posible que tú…
—Te enamoraste de Cori no por ser un chico, Sasha, sino porque era Cori. Punto—dictamina con una seca e imponente seguridad—. ¿Era eso lo que creías que no comprendía?
Ok, esperen un segundo, esto es raro. ¡Kathy lo ha comprendido! ¡Dios! ¡Hay alguien capaz de comprenderlo como realmente es sin necesidad de darle explicaciones!
—Te conozco ¿Sabes?—musita, recostando su cabeza en mi brazo. Aun continuamos caminando—. Y con lo poco que sé de ti es fácil que pueda determinar eso. Tu manera de ver las cosas es, en cierta manera, mas limpia que la de cualquiera. Tú miras tristeza en alguien que fingidamente ríe para ocultarlo, porque te das la posibilidad de tratar de ayudar a esa persona, y es eso lo que te permite verle tal y como realmente es. Lo mismo sucede con tu concepción del amor, que a mi criterio, es la más perfecta que puede existir. Amor será amor sin importar lo físico ni lo material, ni los prejuicios ni mucho menos los juicios que le sucedan.
—Eres…impresionante—le digo anonadado por sus palabras.
—No querido—manifiesta con desdén—simplemente he mandado a la mierda la moral convencional y mejor me he puesto a analizar el mundo. Es más provechoso cuando concluyes tú mismo acerca de tus propias ideas que cuando aceptas las ideas de otros con sus estúpidas conclusiones.
—Supongo que sí.
—De todas maneras—continúa Kathy—eso no significa que no pueda estar de acuerdo con otros. Mira tu caso, eres de los pocos que han logrado convencerme de muchas cosas.
Ella me sonríe y logra sacarme también una sonrisa. Finalmente llegamos a la entrada de la casa de Nixon y Jennel. Karla, André, Cori y Casey junto con Andrea aún están como a cien metros de nosotros. Creo que tengo muchas cosas que debo hablar con Cori. Realmente es necesario que lo haga.
—Kathy…—murmuro mientras esperamos a los demás, sentados en una banca bajo una lámpara con forma de farol que ilumina tenuemente el espacio.
—¿Qué sucede?—inquiere ella, mirándose por el espejo que viene en su polvo para el rostro.
—¿Podrías guardar todo esto como un…secreto?
Ella cierra su polvera, la guarda en la pequeña cartera que trae consigo y que cuelga cruzada de su hombro, me dirige una mirada con aires de “Tienes que estar bromeando” y hace una mueca de desaprobación.
—Por favor—le suplico con la mayor sinceridad posible.
Hace un pequeño silencio y resopla. Espero y lo haga.
—Bien—suspira finalmente encogiéndose de hombros—. Igual, no es algo que cualquiera pueda comprender. Supongo que por el momento es mejor que esto esté así como está. Pero te recomiendo que pienses como se lo dirás luego a Karla, porque conociéndote, sé que lo harás, y conociéndola a ella, sé que no pasará demasiado tiempo para que se dé cuenta por si misma.
—Gracias—musito dedicándole una sonrisa de alivio—Créeme, lo estoy pensando como no tienes idea, y hasta el momento, me cuesta mas de lo que parece.
—Las cosas bien hechas cuestan Sasha, así que supongo que vas por buen camino. ¡Ah! Y una cosa más, deberías darle oportunidad a Cori de que te explique lo de Andrea. Estoy segura de que tiene buenas razones para haber hecho lo que hizo.
Supongo que tiene razón. Al final, las cosas pasan por algún motivo, y por como es Cori, el no haría cualquier tontería solo porque sí. Aunque, bueno, tener sexo sin un puto condón fue una total estupidez por parte de él, pero considerando la adolescencia como una etapa en donde las hormonas dan paso a las “acciones corporales” sin mucho espacio de tiempo para ponerse a pensar en las consecuencias, entonces no podría culparlo del todo por ello.
Kathy se ha adelantado a buscar a Jennel, Nixon y Khana a la casa. Unos minutos después aparecen todos ya preparados para irnos. El instituto queda a dos cuadras de acá. Ahí estará Cecilia, la madre de Cori, esperando por Andrea. Me pregunto como tomó las cosas Cecilia cuando se dio cuenta que su hijo a sus quince años sería papá.
Kathy finalmente regresa con los chicos, y los demás aun vienen un poco lejos. No tardarán en alcanzarnos.
—Buenas noches, Sasha—saluda Jennel. Su acento alemán es inconfundible, incluso diferenciable del de Nixon.
—Buenas noches Jennel—le correspondo—Te ves bien esta noche.
—¿Te parece?—me dice sonriente, modelando su vestido hasta un poco mas arriba de las rodillas con estampado de pequeñas flores. El tono pálido de la tela y el estilo del vestido me recuerdan ligeramente a la vestimenta de los ochenta, aún así, ella se ve hermosa.
—Por supuesto—advierto dedicándole una sonrisa.
Gute nacht, Sasha—saluda Nixon, que aparece justo detrás de Jennel—¿Dónde está Karla?
—Aquí estoy—se anuncia ella apareciendo tras de mi. Finalmente nos han alcanzado.
Nixon se acerca a Karla y se le queda viendo como embobado. Karla por su parte solo se limita a sonreírle. Me pregunto que sucederá ahora entre ellos. El chico está decidido a declararle sus sentimientos a Karla, y ella, bueno, no sé que tiene en mente exactamente. No me ha dicho absolutamente nada al respecto, pero supongo que Karla ya ha de sospechar lo que Nixon siente. Espero y todo salga bien.
—Hola Sasha—me saluda Khana—¿Listo para esta noche?
—No lo sé, Khana—le digo con desaire—no me siento del todo bien.
—Venga, que es una ocasión especial. No todos los años el festival de otoño y el cumpleaños de Cori concuerdan el mismo día.
—Si, supongo que tienes razón.
—¿Sabe Cori algo acerca de la fiesta sorpresa?
—No, aún no sabe nada. Hasta el momento ni siquiera le he dicho feliz cumpleaños. Seguramente cree que lo hemos olvidado.
—¡Excelente!—exclama Khana satisfecha—Seguro se llevará una enorme sorpresa.
Sorpresa. Sorpresa ha sido la que me he llevado yo con esa revelación tan peculiar de Cori. Creo que ya se me esta pasando el enojo…
—Hola Khana—saluda alguien a mis espaldas. Es Cori.
…O tal vez no tanto. ¡Mierda!
—Hola Cori. ¿Qué tal va todo?
—Bien…supongo—dice, dirigiéndome una mirada que conlleva una tan sola pregunta hacia mi persona “¿Estás bien?”
—Me alegro—le contesta Khana—. Y… ¿Quién es la chica?—inquiere mirando a Casey que yace detrás de Cori.
—¡Oh! Lo siento—él toma de la mano a Casey y la acerca un poco mas—Khana, ella es mi prima, Casey. Casey, ella es Khana, una amiga y compañera en el instituto.
—Un gusto—saluda Casey.
—El gusto es mío. ¿Y esta dulzura quién es?—advierte Khana fascinada mirando a Andrea. Se acurruca frente a ella y le dirige una cálida sonrisa—Me llamo Khana—le dice—¿Cuál es tu nombre?
—Me llamo Andrea—le contesta ella tímidamente.
Khana saca de su bolsillo un par de dulces y se los obsequia. Andrea los toma tímidamente y sonríe. Los ojos de Andrea se miran hermosos bajo la tenue luz de la lámpara. Son igual a los de Cori.
—Bien—dice Khana con ese tono de energía de siempre—¿Nos vamos?
—Me adelantaré—advierte Casey—Posiblemente Cecilia ya está esperando por Andrea.
Toma de la mano a la pequeña y se van. Seguramente Cecilia llevará a Andrea a pasear por el festival. Si la niña fuese con nosotros, lo más probable es que se aburra de andar caminando tanto.
Ahora que me fijo más detenidamente, Casey parece una linda chica. Supongo que en su momento Cori tuvo que haber sentido algo por ella, así como Casey tuvo que haber sentido algo por él. Pero… ¡Son primos! ¡Demonios!
Comenzamos a caminar nuevamente. Esta vez Kathy va con André, Khana con Jennel y Karla camina junto a Nixon. Cori y yo quedamos atrás de todos, solos y en silencio. ¿Cómo carajos es que los demás pueden llevar tan a la ligera lo que Cori dijo hace unos minutos?
Avanzo finalmente, a paso lento y sin decir absolutamente nada. No es que tenga muchos deseos de hablar con Cori por el momento. Me molesta. Me molesta mucho que me haya ocultado algo como esto.
—Por favor, espera—me dice él, casi en un susurro.
Sigo caminando sin detenerme. No me atrevo a mirarlo porque si lo hago no sé que pueda pasar. Posiblemente lo golpee o algo por el estilo.
Cori capta mi indiferencia y se apresura a alcanzarme hasta caminar a mi lado. Mientras, yo desvío mi mirada hacia el otro costado, tratando de evitar encontrarme con sus ojos.
—No es lo que tú crees, Sasha. Por favor, escúchame.
—No necesito tus excusas Cori.
—Pero tienes que saberlo, Sasha.
—¿Tengo que saberlo?—murmuro—¿¡Tengo que saberlo!?—le espeto esta vez enfadado—. Por Dios, Cori ¿No crees que sea muy tarde para decir eso?
—¡Es que lo estás entendiendo todo mal!—manifiesta exaltado.
—Si, claro—le reclamo con ironía y evidente enojo—Como si fuera posible hacerlo cuando una niña de ojos verdes refuta tus palabras.
En un abrir y cerrar de ojos Cori se para frente a mi, y con sus brazos extendidos a sus costados trata de impedirme que siga caminando.
—Por favor, detente y escúchame—musita, mirándome fijamente a los ojos con un semblante serio—. Por favor…
—Bien. ¿Qué carajos quieres que escuche?
—Es sobre Andrea.
—Es tu hija. ¿Qué mas debería de saber?—rezongo, intentando pasar de Cori, pero este me ataja el paso y me detiene.
—Es respecto a eso que tengo que explicarte algunas cosas.
—Sé como vienen los niños al mundo Cori, no es necesario que me lo expliques.
—¡Por un demonio, Sasha! ¿¡Quieres callarte y dejarme explicarte de una puta y buena vez que no soy el padre biológico de Andrea!?—me grita con enojo y exasperación.
Su semblante está mas serio que antes.
—¿Qué?—inquiero perplejo.
—Pues eso. No soy el padre biológico de Andrea.
—¿Cómo puedes decir eso?—le reclamo acusativamente—Esa niña tiene tus ojos.
No puedo creer que Cori esté haciendo esto. ¿Ahora piensa mentirme más? No sé que está pasando en estos momentos con él. Esto…esto es increíble. ¿Qué carajos le sucede?
—Eres tan distraído como siempre—rezonga levantando sus manos al aire en gesto de disgusto—Es por esto que suceden este tipo de cosas.
—¿Qué tipo de cosas?—mascullo, ensimismado en mi propio deseo de querer matar a alguien en este mismo instante.
—Pues esto, que te enfadas, que al final terminas dañado porque no prestas atención a tu alrededor.
—No me vengas con esas cosas ¿Quieres? Ya bastante tuve con saber que eras padre.
—¡Por el amor de Dios! ¡Ya te dije que no soy el padre biológico de Andrea!
—Pues culpa a la maldita genética por contradecir tu mentira. Esa niña se parece a ti. Por un demonio Cori, tiene tus ojos, tu nariz, tú misma sonrisa…tu…tu… ¡Ahg! ¡Mierda!
—¿A caso no notaste que Casey también tiene ojos verdes?—me dice esta vez más calmado, levantando una ceja.
Un segundo. Casey… ¡Maldición! ¡Es cierto!
—Eso no explica el parecido de esa niña contigo.
—¡Es exactamente lo que estoy tratando de explicarte desde hace un buen rato! ¿Me estás siquiera poniendo atención?—me dice con una mirada acusadora.
Me limito a guardar silencio. No puedo contradecirle esto ultimo. Él está haciendo todo lo posible por aclarar las cosas mientras yo me la estoy cargando con un tonto e inmaduro berrinche.
—Mi padre tiene un hermano gemelo ¿Si?—continua finalmente.
—Eso ya lo sé. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?
—Qué el hermano de mi padre es el padre de Casey.
—¿Y?
—Esa niña se parece a su abuelo, y por si no lo captas aún, su abuelo es gemelo de mi padre. Mírame y dime si yo no me parezco a mi padre. Soy casi su vivo retrato. Es lógico que Andrea y yo nos parezcamos tanto si descendemos de padres gemelos. Es por ese motivo que Casey y yo también nos parecemos, aunque con ella en menor grado. Casey se parece más a su madre. ¿Lo entiendes ahora o quieres que te lo explique con penes y vaginas?
Plaff” Ahora si he sentido esa bofetada mental para mi mismo que me vira el hocico—mentalmente también—y que me trae de vuelta a la realidad. Así que era por eso. Que vergüenza siento. Me sonrojo de solo pensar que he hecho todo este alboroto por nada. ¡Dios! Soy una mala persona por haberme enfadado con Cori de esa manera. Si tan solo hubiera escuchado antes…
—Pero…pero… tú dijiste que era tu hija.
—Y lo es, legalmente ante Estados Unidos y el mundo entero. En la partida de nacimiento de Andrea está escrito que yo, Cori Summer Woller—dice señalándose con énfasis a sí mismo—soy su padre. El día en el que Andrea nació el bastardo de su padre no se hizo cargo de ella. Hijo de puta que si lo veo le moleré la cara a golpes por no tener cojones y hacerse cargo de sus responsabilidades.
Lo miro con cara de pasmado y con la boca abierta por lo que me está contando. Ahora si, la bofetada viene con un balde de agua fría que me traen en sí de regreso a la interesante realidad.
—Además—continúa él hablando—alguien tenía que quedar inscrito como su padre, y considerando que los padres de Casey estaban tan consternados por esto, decidí hacerlo yo. Igual, mis padres estuvieron de acuerdo. Al final, Casey y yo somos bien unidos. No podía abandonarla en esos momentos. ¿Ahora me crees?
Lo miro por unos segundos y luego, en mi vergüenza, bajo mi cabeza y me quedo ahí parado, con mis manos en los bolsillos de mi suéter, sonrojado y apenado por todo lo que ha sucedido.
—Lo…siento—murmuro.
Cori se acerca a mí y con su mano toma mi quijada y levanta mi cabeza, mirándome fijamente. Sus verdes ojos examinan los míos con ávida seguridad.
—En serio Cori, perdón, yo…
Sin vacilar y sin mucho revuelo, Cori me besa. Un beso sencillo y delicado en donde puedo sentir sus cálidos labios entre los míos. Hace que mi corazón se acelere y que todo a mí alrededor se detenga. Nos quedamos así por unos momentos, lo suficiente como para darme cuenta que Cori no está molesto conmigo, lo suficiente como para darme cuenta que el haría todo lo posible porque yo estuviera bien así le costase todo su tiempo el explicarme las cosas. Finalmente él se separa. Aun saben a guimauve.
Cori me mira fijamente y con su frente apoyada en la mía, me sonríe. Logra sacarme una sonrisa, no se si de alivio o felicidad, simplemente sonrío.
—De vez en cuando—me murmura—es lindo que te molestes de esta manera. Al menos así se me das la posibilidad de demostrarte cuanto te amo de una manera distinta.
—Un día de estos vas a matarme—le digo sonrojado.
—Un día de estos voy a violarte si sigues haciendo cosas como estas—me dice con una leve sonrisa.
—Si me amas me dejaras violarte primero, al final, con tu trasero ya reventado, puede que se te quiten las ganas de violarme—le digo soltando una carcajada.
El deja de reír de un solo golpe y se su semblante cambia a una seriedad que lejos de parecer molesto me termina pareciendo gracioso.
—¡Oye!—rezonga—Sabes que te amo.
—Pues he ahí quien violará primero a quien.
—Eso no me causa mucha gracia.
—Pues a mi si—le digo sin parar de reír.
—¡Chicos!—grita Nixon levantando su mano como dos calles delante de nosotros—¡Apresúrense o se quedaran!
Por suerte desde donde estamos hasta donde están ellos nos divide una pendiente. Al menos así nadie ha visto…bueno, que Cori y yo…nos besamos. Ok, ya me sonroje y siento la cara tibia.
Comenzamos a caminar y mientras lo hacemos, Cori no me despega su mirada. Yo por mi parte lo miro de reojo y cuando el me descubre, me sonríe. Bajo mi mirada y sonrió. Esto no lo cambiaría por nada del mundo. A Cori ni a estos momentos que me hacen sentirme la persona mas afortunada del mundo, no los cambiaría por nada ni nadie.
Finalmente alcanzamos a los demás. Andrea y Cecilia ya se han marchado, y Casey por su cuenta tal parece que se ha hecho amiga de Jennel y Khana. Nixon por su parte, sigue caminando junto a Karla, y André y Kathy van adelante hablando quien sabe qué.
Luego de caminar por unos minutos más, cruzando las vías del tren, finalmente llegamos al festival. A medida que nos acercamos se puede sentir la vibra del lugar. Hay puestos de comida por todas partes, gente que va y viene, farolillos de papel de colores colgados en hileras interminables que iluminan el lugar, puestos de juegos y maquinas para hacer algodón de azúcar. El olor a dulce en el aire es inconfundible y los colores alusivos al otoño hacen un hermoso contraste unos con otros entre tantas tiendas de lona que los vendedores han levantado para poder vender sus productos. Me pregunto en donde estará Darien. Traje dinero suficiente como para comprarle un kilo de mermelada. Si, si, sé que exagero, pero es que la que Darien prepara es bastante especial y considerando todo el pan tostado que podré comer con esa mermelada por la mañana entonces valdrá la pena. Espero y Carol también haya venido. He traído conmigo una foto de bolsillo de Ave. Seguramente querrá ver como está. Se llevará una gran sorpresa cuando vea cuanto ha crecido el canario.
Pasamos directamente a los juegos mecánicos. Primero a la montaña rusa en donde logran sacarnos más de un grito y marear a André, cosa que nos hace reír. Al pobre no le sientan bien este tipo de cosas. Luego de ello, las chicas han dicho que quieren pasar al carrusel, pero nosotros ni de coña nos subimos.
—Al carajo—masculla André—Podré ser gay, pero eso no significa que me guste hacer cosas de chicas.
—Así que eras gay—manifiesta Cori con desdén—. Pudiste habérmelo dicho antes—le reclama.
—Nunca lo preguntaste—le dice él encogiéndose de hombros.
—De haberlo sabido no hubiese gastado mi tiempo presentándote a las chicas del instituto.
Hace ya varios días que André esta yendo al instituto por nosotros en el auto de papá. Dice que así evita que suceda otro altercado como el que sucedió con Liam. Según André las cosas aun no se han calmado del todo. Puede que tenga razón. Aun hay algo que me tiene en vilo, y es el hecho que de la hermana de Benny no sé nada. Luego de lo que sucedió no he tenido noticias de ella. Y ha sido mas por eso que André está tomando todas estas precauciones. Una vez me dijo que no estaba dispuesto a dejar que lastimaran nuevamente a una parte importante de su vida—con esto refiriéndose a Karla y a mi, y evidentemente a Cori, que le ha tomado bastante aprecio—así que por eso va por nosotros al instituto. André, al ser un chico de buen parecer, es lógico que atraiga a las chicas, y como su aspecto de chico de 18 años le ayuda a su imagen, logra un impacto impresionante sobre las mujeres. Las chicas del instituto siempre están pendientes de cuando él va a llegar y algunas incluso le han pedido a Cori que se los presente. Es bastante gracioso la verdad.
—Tu mueres por un pene—le dice Kathy soltando una risotada—no es mucha la diferencia entre tú y nosotras.
—Si, pero entre un pene y esto hay mucha diferencia—le contradice él—. El pene de Lucas no tiene forma de caballo ni tampoco viene con un moño rosa encima.
—¿Quién es Lucas?—me pregunta Cori.
—Es una larga historia—le digo resoplando.
—La punta debe de ser rosa—dice Jennel sin muchos rodeos.
Eso logra sacarnos una carcajada a todos hasta más no poder. Las chicas resignadas a que no nos subiríamos con ellas, entonces se disponen a ir solas. Nixon dice que en su país hay carruseles más varoniles y que un día de estos nos mostrará uno de esos.
—Súbete a un carrusel en donde yo vivo y te dirán que eres infantil—me dice Nixon sin dejar de mirar a Karla que pasa una y otra vez frente a nosotros mientras el carrusel da vueltas—Súbete a uno de estos y te dirán raro.
—¿Quieres ir por un algodón de azúcar?—me dice Cori, haciéndome señas con la cabeza.
—Claro.
—Regresamos en un momento—anuncia Cori.
—Luego iremos a la rueda de la fortuna—advierte Nixon.
—Los buscaremos entonces ahí—dice Cori mirando la hora en su móvil—. En media hora ¿Vale?
—Bien—contestan los demás al unísono, sin despegar la mirada el carrusel que no para de girar.
Cori y yo nos separamos de los demás y comenzamos a deambular por el lugar. Pasamos por el puesto de algodones de azúcar y compramos dos. Insisto en pagar el mio pero él dice que se hará cargo de ello. Extiende su mano y mientras lo hace, su suéter deja entrever una parte de su brazo. Hay unos cuantos moretes. Cori se acomoda rápidamente su manga y trata de disimularlo.
Comenzamos a caminar en silencio entre las tiendas. Mirando aquí y allá. Deteniéndonos de vez en cuando a mirar una que otra cosa, como el espectáculo de títeres o a un hombre que se acuesta en una cama de clavos. De solo ver al delgado señor poner su espalda en esas puntas filosas me dan escalofríos. No quiero ni pensar como se vería si esos clavos se ensartasen en su columna.
Llegamos hasta unos troncos, un poco alejados del bullicio y nos sentamos a terminar nuestro algodón de azúcar. En este lugar las estrellas se ven con más claridad y la luna, como siempre, está hermosa. Miro a Cori y este simplemente me sonríe. Me toma de la mano y continúa comiendo su algodón de azúcar.
—Te amo ¿Sabes?—le digo mientras miro hacia el cielo.
Bajo mi mirada y puedo notar que Cori me observa con un gesto sorprendido.
—¿Dije algo malo?—pregunto un poco preocupado
—No, la verdad que no—me dice dándole la ultima mordida a su algodón. Se lo termina y tira el palillo de madera a un lado—Es solo qué normalmente soy yo quien te dice estas cosas.
—¿Lo estoy haciendo mal?—le exclamo exaltado—Digo, ¿Lo debí decir con otro tono? ¿Lo debería de hacer más a menudo?
—No, no—me dice riendo—está bien así como está. Es lindo, sabes. Hace unos meses ni siquiera pensaba en poder decirte que te amaba ni mucho menos en que tú me lo dijeras.
—Ya veo—murmuro sonrojado—.
—Te amo Sasha, y lo vea por donde lo vea, eres lo más importante que tengo en mi vida.
—Tengo curiosidad—le digo aun sonrojado—. Como es que tú…bueno, tú sabes, ¿Cómo te diste cuenta que te habías enamorado de…mi?
—Créeme que fue lo mas extraño que pudo pasarme. Cuando te conocí eras un amigo. Luego paso el tiempo y muchas cosas me hicieron darme cuenta que te habías convertido en una parte importante de mí. Un mejor amigo…un hermano prácticamente. Un día de tantos me di cuenta que lo que sentía por ti iba mas allá de eso Sasha, y me asusté. Me dio miedo pensar que me convertiría en un chico raro y traté a toda costa de cambiar eso, pero no pude. Me fue imposible porque entre mas lo intentaba menos podía. Siempre estabas ahí, superando mis expectativas ante todo y sorprendiéndome con cada cosa que hacías o decías. Fingir que no me importaban algunas cosas que hacías era todo un reto.
—¿Cómo que cosas?
—Como que estuvieras con otras chicas. No me molestaba en sí que lo hicieras, lo que me molestaba era que ellas intentasen ir más allá de lo que debían, y más miedo me daba que te enamoraras. Suena egoísta, pero teniendo a alguien como tú, ser egoísta es lo mejor que se puede hacer para conservar algo tan importante.
—¿Importante?
—Tú, tontito—me dice riéndose—. Tenía miedo de perder el amor de alguien, que a mis ojos, es lo más perfecto que existe, pero tampoco podía impedirte que hicieras lo que tú querías. Hasta ese punto solo era tu mejor amigo. Pero hubo un día en el que ya no pude más, en el que sabía que no podría retener mas conmigo ese sentimiento con el que cargaba. Luego sucedió lo del festival de deportes, cosa de la cual no me arrepiento, porque gracias a ese impulso tan impredecible pude de una buena vez hacer lo que hacía un buen tiempo tuve que haberte dicho. Que te amaba.
—Si no te has dado cuenta Cori, Karla y tú pueden impedirme más de lo que creen, y son los únicos que pueden hacerlo.
—No Sasha. Nosotros no podemos ir más allá de lo que tú nos permitas.
—Pero lo hiciste Cori. Aquél día que jugamos con la botella por primera vez en el instituto. Ustedes, para mi, siempre han tenido cabida mas allá de lo que incluso me permito a mi mismo.
Cori voltea a mirarme y me sostiene la mirada por unos segundos. Aquellos ojos verdes siempre demuestran una quietud inigualable.
—¿Te arrepientes de esto?—me pregunta. Puedo notar preocupación en el tono de su voz.
—No Cori, no me arrepiento de nada. ¿Sabes por qué? Porque gracias a ti soy mas feliz que nunca.
Cori me sonríe y sin pensarlo dos veces acerca su rostro y me besa. Correspondo de la misma manera sin retenerme por absolutamente nada. El beso no es nada exagerado, pero tampoco es tan simple…solamente es perfecto. Los labios de Cori están tibios y suaves y el olor de su piel me es tan familiar, tan de Cori, tan agradable. Abro mis ojos lentamente, y ahí está él, con sus labios sobre los míos y con sus ojos cerrados. Sus pestañas largas y crespas hacen una pequeña sombra en su rostro a la luz de la luna.
Otro morete, esta vez en su cuello, cerca de su clavícula ¿Qué está sucediendo ahora?
Me separo momentáneamente de él y lo miro fijamente a los ojos, ahora con preocupación. ¿Por qué tiene estas marcas? ¿Acaso…?
—¿Qué está sucediendo Cori?
—¿A qué te refieres?
—Esas marcas, en tu brazo y en tu cuello. ¿Qué ha sucedido?
Cori se acomoda su suéter y cubre las marcas cerca de su clavícula. Desvía su mirada hacia su otro costado y unos segundos después de un silencio, se pone de pie.
—¿Te parece si nos vamos?
—No me lo ocultes Cori. No esta vez. ¿Has peleado nuevamente con tu padre?
—No es eso. No te preocupes. Solo me he golpeado moviendo unas cajas con libros esta mañana.
—¿Seguro?
—Seguro—me dice mirándome fijamente.
Aun no me convence.
Mi móvil suena. Es Karla diciéndome que es mejor que nos vayamos. Se está haciendo tarde y si nos subimos a la rueda de la fortuna entonces se nos hará demasiado noche y no podremos celebrar como se debe el cumpleaños de Cori.
—Bien, vamos en un minuto—le digo a Karla por el celular. Cuelgo la llamada y le digo a Cori que es hora de que nos reunamos con los demás.
Decidimos reunirnos en otro lugar y cinco minutos después nos encontramos todos en la entrada. ¡Y sorpresa! ¡Darien está acá! Carol no la está acompañando, seguramente se ha quedado en casa durmiendo.
—¡Hola Darien!—me acerco a saludarle.
—¿Sasha?—me dice ella buscándome con sus manos.
Acerco mi rostro y ella logra reconocerme ávidamente con sus manos. Como siempre, me sorprende su habilidad tan impresionante de reconocerme solo con su tacto.
—Me alegra que hayas venido, corazón—me dice con una sonrisa.
—Me alegra verte acá—le digo bastante contento de verle—. ¿Y Carol?
—Se ha quedado cuidando en casa. Si la trajera acá, se quedaría dormida rápido.
—Ya veo. Pero ¿Cómo harás para regresar?—le pregunto preocupado—Es peligroso a estas horas.
—No te preocupes, el señor Hamilton siempre me acompaña hasta mi casa. El también está en el otro puesto, vendiendo pastel de calabaza.
Miro hacia mi costado y me encuentro con el sonriente semblante del señor Hamilton que vende como pan caliente su pastel. El alza su mano y me saluda con una enorme sonrisa mientras yo le contesto con el mismo gesto.
—Bien, así estoy mas tranquilo—le digo satisfecho—. ¿Y como va el negocio de las mermeladas?
—¡Excelente! Ya solo me queda este frasco—me dice tocando con sus manos un pequeño contenedor de vidrio tapado con una manta cuadriculada, asegurada con una liga.
—¡Diablos!—exclamo—¿Solo ese? Y yo que pensaba comprarte muchos.
—Venga, no te preocupes, que puedo hacerte más cuando desees.
—Que conste que serán muchísimos.
—Bien, bien—me dice riendo.
—Por cierto, te presento a mis amigos.
Paso a presentarles a todos los chicos, uno por uno y le explico que hemos andado por todo el lugar dando vueltas. Ella los saluda y como siempre, por su tacto, se dispone a reconocerles.
—Es…sorprendente—me dice Karla anonadada por la habilidad de Darien.
—Deberías de verla haciendo origami. Es más impresionante aun.
Luego de las presentaciones nos despedimos de Darien y nos retiramos. He comprado el último frasco de mermelada cosa por lo cual estoy feliz. No todos los días hago adquisiciones tan exquisitas como esta.
Los chicos se adelantan mientras Cori y yo nos quedamos atrás. Trato de caminar lo mas despacio posible, así los demás tendrán tiempo para preparar las cosas para darle la sorpresa a Cori. Casey por su parte ya fue informada por Kathy y Khana tal parece, así que colaborará con nosotros.
Luego de una caminata que debió haber durado solo 10 minutos pero que se extendió a 20 en total por el paso tan lento que tuve que llevar, logramos llegar a la casa de nuestros amigos alemanes.
—¿Dónde carajos están los demás?—me dice Cori buscándolos con la mirada.
—En casa de Jennel y Nixon.
—Son unos malos—refunfuña—no nos esperaron.
Llegamos hasta la puerta y Cori toca el timbre. A sabiendas que los demás están preparados para sorprenderle, me dispongo a abrir por mi cuenta la puerta. Todo está oscuro aquí dentro, así que Cori entra a paso lento y tanteando en la oscuridad.
—¿Seguro que están acá?—inquiere con preocupación.
El interruptor de la energía hace un chasquido y todo se ilumina, seguido de un grito de “sorpresa” que termina sorprendiendo a Cori mas de lo que esperaba. El voltea a verme y le sonrío.
—Feliz cumpleaños, Cori—le digo sonriente.
Todos los demás se acercan a abrazarlo y a felicitarlo, mientras él por su parte sonríe emocionado por todo el asunto. Hay globos por todas partes, papel de colores pegados en la pared y confeti por el suelo.
—Ni creas que nos habíamos olvidado—le dice Karla abrazándolo—Feliz cumpleaños.
Cori la abraza y en su evidente sorpresa y felicidad por lo que esta sucediendo se le van las palabras. Nos mira a todos con asombro y, a juzgar por como están sus ojos, pareciera que va a llorar de feliz.
—Gracias, chicos, gracias…
—¡Que gracias ni que nada!—exclama Kathy—¡Que comience la fiesta!
Nixon pone la música a todo volumen y de un momento a otro todos estamos a mitad de la sala bailando como dementes. André ha comprado serpentinas y no se hace esperar la guerra con ellas, tirando por nuestro cabello y ropa de esa cosa color rosa. Las luces se apagan y una pequeña bola disco se enciende arriba de nuestras cabezas. ¡Genial! Ahora si parece una discoteca. No se como diablos le hicieron para conseguirla pero debo decir que me han sorprendido.
La música suena a todo volumen y entre mezcla y mezcla de sonidos hechas por Nixon se nos pasa la noche. El chico realmente se lució como DJ. Después de un largo rato, es momento de comer pastel. Hemos estado bailando por tanto tiempo que si nos tardamos más en partirlo, caeremos dormidos y tendríamos que esperar hasta que nos despertemos mañana. Ya son casi las doce de la noche y esto no termina aun.
Karla trae el pastel, con 18 velitas de color verde colocadas ordenadamente y ya encendidas. Tiene una buena pinta la verdad. Es de frutilla con almíbar.
Luego de cantarle el “Cumpleaños Feliz” a Cori y tomar unas cuantas fotos se dispone a apagar las velas.
—Pide un deseo—le dice André ya preparado con su cámara para tomar la fotografía cuando Cori apague las velas.
Cori se queda pensativo durante un momento. Unos segundos después parece que ha decidido que desear y sopla todas las velitas, apagándolas de una sola vez. El flash de la cámara de André ilumina nuestros rostros y queda plasmado en una fotografía el momento.
Me acerco disimuladamente a Cori y mientras está distraído tomo su cabeza y la hundo en el pastel, embarrándole toda la cara con merengue. Las risas no se hacen esperar y de un momento a otro el lugar esta apabullado de carcajadas. Siempre quise hacer esto la verdad y pues viendo la situación no me quedo de otra más que intentarlo. Era ahora o nunca.
Cori toma un poco del merengue de su rostro y a modo de broma me lo embarra un poco en la cara y el cuello, mientras se ríe por lo sucedido. Tomo un poco con mi dedo y lo pruebo. Está delicioso.
—Bien amigos—dice Jennel—Creo que es momento de comernos este suculento pastel.
Las chicas se disponen a sacar las porciones de pastel en la cocina. Nixon por su parte ha tenido que prestarnos una camisa a Cori y a mí. Estamos todos embarrados de merengue. Nos comerán las cucarachas vivos si andamos todos llenos de azúcar por ahí.
Subimos a la habitación y Nixon nos da una camisa a cada uno. A mi me ha tocado una de color gris con rallas, y a Cori una de color verde. A él siempre le ha quedado bastante bien el verde, combina con sus ojos.
—Los espero abajo chicos—dice Nixon dejándonos en su habitación—he comprado cerveza y pues bueno, siendo una ocasión especial, supuse que nos vendrían bien.
Nixon se retira y solo quedamos los dos. Comienzo a sacarme mi camisa toda llena de merengue y con la misma limpio mi rostro. Siento toda mi cara pegajosa por lo dulce y huelo a azúcar. Una vez tengo mi camisa fuera y mi cara limpia, me dispongo a ponerme la otra.
—Parece que alguien ha estado haciendo ejercicio—me dice Cori mirándome.
—Ya, venga, no te burles.
—Vamos, que no me burlo. Simplemente digo lo que veo. Mírate, estas tomando un buen físico.
—Aun no tanto como tú—le digo, notando que el aun sigue vestido.
—Sigue así y veras que logras superarme.
—Si, claro, como si fuera tan sencillo.
Le paso mi camisa a Cori para que termine de limpiarse el rostro y luego de unos minutos está tan limpio como yo.
—¿No piensas cambiarte tu camisa?—le pregunto con curiosidad, al ver que el no da modo de hacerlo—¿O es que acaso ya te dio cosa que te vea desnudo? Vamos, lo de violarte solo era una broma—le digo entre risas.
Él me sonríe y se dispone q sacarse su suéter. Una vez fuera puedo notar más claramente los moretes en los brazos de Cori. Son varios, pero están dispersos. Hay unos cuanto en su cuello también y otros mas en su nuca.
—Cori—murmuro con calma—. Sé que a ti no te gusta hablar de esto, pero por favor no me ocultes nada ¿Si? Si sigue sucediendo lo mismo con tu padre, un día esto puede llegarse a ser mas serio y luego no serán simples moretones los que dejará en ti.
Cori baja su mirada y se queda en silencio. Me termino de poner la camisa y me acerco a él. Trato de buscar su mirada pero el me evade. Necesito saberlo, necesito que me diga si ha sucedido de nuevo. Sé que no podrá guardárselo para si mismo por mucho tiempo y es mejor que lo saque de su pecho cuanto antes. Tomo su mentón entre mis dedos y levanto su rostro hasta que logro mirarlo fijamente. Los ojos de Cori se han tornado vidriosos.
—¿Qué sucede, Cori?
Puedo notar como pequeñas lágrimas se comienzan a acumular en la comisura de sus ojos. El semblante de Cori cambia rápidamente a uno de preocupación y angustia. Algo serio está sucediendo.
El comienza a sacarse lentamente la camisa que llevaba bajo su suéter y poco a poco puedo notar su cuerpo de tez blanca cubierto por moretones. Hay algunos en su abdomen, otros en su pecho y varios más en su espalda.
—No te ocultaré más nada, Sasha—me dice casi en un susurro con una voz baste débil.
Me quedo pasmado. Atónito por lo que mis ojos ven. Puedo notar a Cori que está a punto de llorar y baja su rostro intentando evadir mi mirada. Nos quedamos ahí parados por un largo rato, en silencio. Veo la sombra de alguien asomarse por la puerta pero hago caso omiso y sigo observando el cuerpo lleno de moretes de Cori. Una rabia enorme me invade y los deseos de golpear a su padre llenan cada centímetro de mi cuerpo. ¡Es que no puedo creerlo! ¡Es un salvaje!
—¿Ha sido tu padre?—le pregunto, intentando mantener una calma que está a punto de romperse en cólera.
Él niega con su cabeza y volvemos a quedarnos en silencio por un rato. Por mi cabeza cruzan ideas aceleradas acerca del asunto. Si no fue su padre, entonces ¿Quién?
Cori finalmente levanta su rostro y con lagrimas en sus ojos me mira fijamente. En su mirada hay aflicción, dolor y miedo. No sé que hacer en estos momentos ni que decir. Estoy tan sorprendido que mis manos y piernas tiemblan.
—Sasha…—murmura Cori con una voz quebradiza y lágrimas rodando por sus mejillas—. Yo…tengo Leucemia.
Pensamiento fugaz: 12 de Octubre de 2010
Mi mundo se ha venido abajo.
Sasha.
Ending:







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Autor: Luis F. López Silva
Todos los derechos reservados ©

lunes, septiembre 24, 2012

Difícil de leer


Gabriella Campbell

El Publishers Weekly ofreció hace poco una lista de libros que consideraba los más difíciles de leer. Se trataba de una selección realizada por Emily Colette Wilkinson y Garth Risk Hallberg, que llevan una sección especializada en la web de crítica The Millions, dedicada a comentar y analizar los libros que más trabajo les han dado como lectores, estudiantes o profesionales. Para ellos, los libros más difíciles eran El bosque de la noche, de Djuna Barnes; Historia de una bañera, de Jonathan Swift; La fenomenología del espíritu, de Hegel; Al faro, de Virginia Woolf; Clarissa, de Samuel Richardson; Finnegans Wake, de James Joyce; El ser y el tiempo, de Heidegger; La reina de las hadas de Edmund Spenser; Ser norteamericanos, de Gertrude Stein; y Mujeres y hombres de Joseph McElroy.

Más allá de su anglocentrismo (si nos ponemos a analizar las grandes obras de la historia literaria de nuestro país seguro que también damos con unas cuantas de lectura muy compleja; La voluntad de Azorín, por ejemplo, no es una obra que uno suela llevarse a leer a la playa), la lista es, por supuesto, subjetiva, y se basa en un amplio surtido de factores. Un libro no es difícil solo porque sea muy largo, o muy denso, o porque está repleto de palabras cuyo significado desconocemos. A veces la dificultad está en su tema, en su recursividad, incluso en su estructura. Y tal vez su dificultad surja del reto, de lo que todavía no hemos conseguido, ya que tendemos a considerar complicadas aquellas obras que no hemos terminado. Aquellos que hemos finalizado son ya desafíos alcanzados, y si fueron lentos, arduos y cuesta arriba no lo recordamos, debido a su característica de obra derrotada. Para mí, e imagino que para muchos, el libro difícil es aquel que he tomado una y otra vez y que nunca he sido capaz de terminar. La diferencia entre un libro difícil y un libro que no merece la pena es precisamente esa: que con el libro difícil lo seguimos intentando. En otras ocasiones, respondemos a una recomendación de personas cuyo criterio respetamos; es por esta razón por la que empiezo una y otra vez Rayuela, El cuarteto de Alejandría y La crítica de la razón pura, si bien terminan, por lo general, regresando a la estantería. Lo siento, Cortázar, y lo siento, Durrell, pero sospecho que a estas alturas debería abandonar vuestras obras. Esos son mis libros difíciles, las obras cuya prosa me cansa y aturde, cuya forma no termina de casar con la estética que busco y disfruto. Con Kant, sin embargo, lo seguiré intentando. El valor del contenido es suficiente como para intentar superar la barrera de lo espeso y en ocasiones indescifrable.

¿Cuáles son vuestros libros difíciles, aquellos que habéis intentado leer pero que os han superado? ¿Cómo diferenciáis entre libros difíciles pero meritorios y aquellos que simplemente no nos llenan, ni ahora ni nunca? Esperamos vuestras aportaciones, como siempre, en los comentarios.

Fuente: Lecturalia

Comentario personal: Bueno, bueno, bueno, para mí el más difícil ha sido Cien años de Soledad de García Márquez, en verdad, aún estoy viendo nombres y nombres repetidos...

¿Y ustedes, lectores, tiene algún libro difícil de leer?, me gustaría saber de alguno... 

¡Saludos!



domingo, septiembre 23, 2012

Capítulo 25: Otoño.

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Finalmente ha llegado el otoño. Los árboles ya están tornándose naranjas y las hojas comienzan a caerse. El bosque que queda de camino al instituto esta hecho todo un mosaico de colores cálidos. La llanura tras mi casa por su parte se mantiene igual, verde y sin muchos cambios. Seguro no tardara mucho en tornarse de color dorado.
Octubre.
Como me encanta este mes.
El viento sopla a veces de manera tenue y otras tantas impetuoso. Algunas veces se siente incluso frío en los mediodías, cosa que me agrada. Aunque tengo mis serias dudas de que este otoño sea igual que los anteriores; con este clima tan extraño no me sorprendería que hiciera calor en vez de frio. Espero y no suceda.
Hoy se celebrará el festival de otoño acá en Longmont. No sé si les hablé alguna vez acerca de él, pero déjenme decirles que ese festival es una de mis tantas razones del por qué octubre es uno de mis meses preferidos. Hemos quedado de ir con los chicos al lugar. Nixon, Jennel y Khana nos acompañaran. Supongo que entre mas vayamos mejor será; al final todos ellos son bien animados. Además, Nixon me comentó que posiblemente sea hoy cuando le diga Karla sobre sus sentimientos. Karla por su parte, desde aquella vez que le comenté acerca de Nixon, no me ha mencionado nada, aunque he podido notarla algo extraña. Últimamente se la ha pasado hablando con Nixon, y no solo en los momentos en que estudian, sino todo el día. Él y Karla se sientan juntos, uno a la par del otro, y entre cada clase hemos notado con Cori como se la pasan cuchicheando y enviándose notas a cada minuto. También he visto como se la pasan enviándose mensajes de texto y llamándose por el móvil. Karla siempre sonríe cada vez que recibe un mensaje de texto y por su expresión puedo notar que le hace realmente feliz.
Espero y Nixon tenga suerte. Al final, lo único que deseo es la felicidad de Karla. No pido ni más ni menos, y espero que quien vaya a ser la persona de la que Karla se enamore lo tenga en cuenta, o correrá sangre.
Ya hacen unas cuantas semanas que pasó el aniversario de la muerte de Emily, la hermana de Cori. Fuimos junto con él a la tumba de Emily y estuvimos por un largo rato ahí. Fue bastante emotivo la verdad. Ver a Cori llorar como lo hizo ese día es realmente algo que le partiría el alma a cualquiera. Son momentos como ese los que me hacen darme cuenta cuan frágil es él. Esa faceta de chico que sobrelleva muchas cosas sin darle importancia, esa quietud con la que deja pasar tantos problemas, esa habilidad tan nata para ser tan fuerte ante todo y para proteger lo que ama, es, en momentos como aquél, en los que se derrumba en su totalidad y se entrega a la tristeza y al llanto por haber perdido algo que realmente ama.
Él posiblemente no es tan distinto a mí.
Ya son alrededor de las cuatro. Hemos quedado de ir recogiendo en el camino a los demás. André y Kathy vendrán también, y como la casa de Khana, Karla y Cori quedan de camino al festival, pasaremos por ellos. Jennel y Nixon nos esperaran en el Instituto.
El festival de otoño se celebra en un gran predio mucho después del Instituto. El lugar está pasando las vías férreas, justo después de un pequeño arrollo. El predio, tras si, tiene un enorme bosque y, a su lado izquierdo una llanura inmensa, como la que está tras mi casa. Es curioso, pero aquí en Longmont abunda la vegetación, al menos en las afueras.
—¡Sasha!—grita André—. Entraré al baño primero ¿Vale?
—¡Bien!—le contesto.
Son a penas las cuatro, pero conociendo a André y a Kathy, tardarán un buen rato en prepararse. No los culpo. Estar en la bañera, en agua tibia, escuchando música y pensando en tonterías es algo que vale la pena para relajarse. Los exámenes en el instituto han estado de lo peor y el señor Donovan se ha puesto un poco ogro últimamente. Creo que a ese señor lo que le falta es follar con alguien. No lo sé.
Por su parte, André, ha estado algo ocupado con sus tareas de vacaciones de semestre. Dice que el siguiente mes que regrese tendrá que entregarlas y se ha puesto manos a la obra. Hace unos días vi como leía un folleto del grosor de algunos dos dedos y me comentaba que de ahí lo más que le preguntarían eran algunas tres boberías. La universidad puede ser algo cruel a veces.
—¿Qué crees que me quede mejor?—me pregunta Kathy, asomándose por la puerta de mi habitación.
¡Diablos! ¡Anda en ropa interior! Creo que estoy babeando. Ok, Sasha, contrólate. Bofetada mental ¡Regresa en si! Sacudo mi cabeza y trato de actuar lo mas normal posible. Esto es realmente tentador.
—¿Decías?—inquiero tratando de no volverme a embobar
—¿Qué cual crees que me quede mejor?—me dice mostrándome una camisa de color gris con rayas fucsia en una mano y una de color lila en la otra.
—Este… ¿Ambas?
—¡Hombres!—exclama ella.—En fin, creo que el mas indicado para esto es André. Ahora… ¿Te gusta mi ropa interior?
—¿¡Que!?
—¡Ajá! ¡Picaron!—me dice riéndose—¿Así que me mirabas deseoso?
—¡Espera…yo…!
—Niégalo.
—¡Carajo! ¡Bien!—le exclamo sonrojado—Si…miraba.
Kathy suelta una carcajada y mientras se va, riéndose por el pasillo de mi, grita por André en busca de ayuda para escoger su ropa, pero tal parece que llega al mismo punto y él no puede ayudarle mucho. Ella es bastante cruel—en el buen sentido—solo miren lo que ha hecho. No es justo. O bueno, si tal vez, ella ha visto mi erección de la vez pasada. Supongo que es un pago…o eso creo.
—Por cierto—Dice Kathy, asomándose nuevamente—Límpiate ahí, que babeas.
¡Mierda! ¡Es cierto!
Esperen. Un mensaje de texto. Es Cori. Saben, hoy que menciono a Cori, últimamente hemos estado pasando bastante tiempo juntos. Hace unos días fuimos a la ciudad a comer crepas. Fue algo raro. Esto de tener una… ¿Cita? Si, puedo llamarlo cita, con mi mejor amigo es demasiado extraño. Es que fue tan espontaneo, que ese día Cori apareció de la nada, me dijo “Zapatos, chaqueta, tus patines en una mochila y nos vamos” Me tomó del brazo y puff!, en un abrir y cerrar de ojos estábamos en el puesto de crepas de la ciudad, comiendo, juntos y sin nadie más.
—¡Quiero seis crepas de chocolate y fresas, por favor!—Ordenó Cori—¿Tú cuantas quieres, Sasha?
—Eh… ¿Dos?
—No entiendo como es que comes tan poco.
—Acababa de almorzar cuando apareciste—le refunfuñe.
—Yo también—me dijo soltando una carcajada—pero son crepas de las que estamos hablando.
—Eres un glotón.
—Yo te amo—me dijo, sin pensarlo dos veces.
Me quedé perplejo por ello. Normalmente solo suelo sonrojarme y ya, pero esa vez me quede pasmado porque me lo había dicho tan repentinamente y sin pensarlo, aparte de ello ni se tomo la molestia de ver si la señora que nos atendía lo estaba escuchando. Simplemente lo hizo y ya. ¡Es que no comprendo como carajos le hace! Luego de eso tuve que recostarme en la mesa y esperar a que el efecto pasase.
—¿Te sientes mal?—me preguntó, mirándome con curiosidad.
—A veces te odio.
—¿Qué?
—En el buen sentido, Cori. Provocas que me altere…y simplemente haces que me enamore más de ti. ¡Eres un salvaje!
El simplemente me sonríe y me pellizca una costilla con su dedo haciéndome cosquillas.
—¿Algo así como Tarzan?—me dijo entre risas.
—También te amo ¿Sabias?
—¡Bestia salvaje y sin escrúpulos!—exclamó Cori—¡Lo ves! Tú también me alteras, de la mejor manera posible.
Las crepas llegaron y la señora nos veía raro. Fue un poco incomodo y justo antes de irse soltó su inquietante duda.
—¿A caso ustedes son…?
—¿Amigos?—indagó Cori.
—Iba a decir pareja—advirtió ella haciendo una mueca que denotaba curiosidad.
—¿Lo somos Sasha?—me pregunta Cori.
—¡Deja de echarme la carga!—le refunfuñe.
—¿Lo ve, señora?—le dijo Cori sonriendo—Tal parece que no.
—Le dijiste que lo amabas—le recuerda ella.
Tal parecía que la señora si estaba bastante empecinada en saberlo. Quien sabe por qué, pero su curiosidad era enorme. Igual, supongo que era de esperarse que lo preguntara. Cori me dijo que me amaba tan descaradamente y pues, las circunstancias permitieron a la señora estar ahí para presenciarlo.
—¿Y usted no le dice a sus amigas que las ama?
—Si, suelo hacerlo.
—Pues este chico de acá es mi mejor amigo. También puedo decirle que lo amo. ¿O va contra las reglas?
—Eso no es algo de hombres.
—Tengo un enorme pene entre las piernas y me gustan las chicas. Para mi es suficiente—le dijo Cori tomando una crepa y dándole una mordida.—Además de ello me he enamorado de lo mas hermoso del mundo.
—Eso no me dice mucho. Ustedes se miran raros, la verdad.
—Entonces el que usted se lo diga a sus amigas seria lésbico—le advierte Cori sin vacilar—y sería igual de raro.
—Eres un mocoso insolente—espetó ella enfadada.
—Gracias—masculló Cori con un gran bocado de crepa, sonriendo con tanto sarcasmo como le fue posible
Tuve que contener una carcajada, tanto por respeto a la señora como por la evidente situación que podía empeorar si me reía.
La mujer, poco satisfecha con la respuesta y lo sucedido, tuvo que aceptar que había perdido. La verdad es que fue de mala educación el que Cori se lo dijera, pero hasta cierto punto, la señora también fue maleducada por la manera en la que lo preguntó.
—¿Qué ha sido eso de hace poco?—le pregunto un poco sorprendido.
—Hoy me levante con grandes deseos de pasar tiempo contigo. ¿Si? Siempre quiero pasar tiempo contigo y casi no podemos. Y Ahora que lo hacemos no voy a dejar que nadie me joda el rato.
—Pudiste haberle dicho, tú sabes… lo qué realmente pasa con nosotros.
—¿E incomodarte más? No gracias. No quiero que nadie lastime lo que con tanto esfuerzo protejo. Si tú no estás cómodo, Cori tampoco está cómodo—me dijo dándole otro mordisco a su crepa.
Y es así como el tonto de Cori hace que me de cuenta cuan importante soy para él. Aunque lo haga de la manera menos convencional posible, simplemente me provoca esa sensación tan agradable de paz y tranquilidad, de calidez y de despreocupación. No sé en qué estará el secreto del como lo logra, pero el efecto que causa simplemente me conforta.
Ese día nos la pasamos tonteando por toda la ciudad, yendo de un lado a otro, fuimos a ver una película e incluso fuimos a la plaza a patinar un poco. Ya hacia un buen tiempo que no iba a la plaza, y además me dio la oportunidad de volver a utilizar los patines que mis padres me regalaron. Tuve pensado en un momento irme con ellos al instituto pero si lo hacia se me desgastarían demasiado rápido, así que mejor opte por seguir yendo en bicicleta. En fin, fue tal y como Cori lo definió: El día de Cori y Sasha. Ese día regresamos caminando por sugerencia mía. A pesar de que es un tramo bastante largo, el venir con Cori hablando hizo que el camino ni se sintiera. Igual, quería mostrarle a Cori la vista de la montaña Longs Peak al atardecer. Fue realmente hermoso.
Mientras regresábamos, que por cierto, en todo el camino Cori no me soltó de la mano— Ni tan siquiera cuando pasaban los malditos autobuses que por suerte iban casi vacíos—Cori me comentaba que el asunto de sus padres estaba mejorando. El problema del divorcio ya no se escuchaba más y, pues, respecto a las peleas, nada había sucedido en los últimos días. Aun así, pude notar a Cori algo decaído mientras me lo contaba. Supongo que aun carga con ese peso encima, esa sensación de ser una carga para sus padres. Sé que Cori se siente mal, sé que le dolió darse cuenta de la manera en la que fue concebido. Es tan atroz. De solo pensarlo me molesta el hecho de que sucediera de esa manera. ¿Violación? ¿Una maldita violación? No entiendo como pudo un ser, como Cori, tan perfecto a mis ojos, ser concebido porque su padre en un principio violara a su madre. ¿Es que acaso era necesario que lo supiera? ¿Es que era tan necesario cargarle con algo que pudiese lamentarse? Conozco a Cori, sé que hay cosas que él no puede pasar por alto y están ahí, como una espina haciéndolo sufrir. Es por eso, y por muchas cosas mas, que trato en la mayor manera posible de aminorar sus cargas, tanto las de Karla como las de Cori, porque me importan, porque no quiero velos tristes ni con los ánimos por los suelos, y haré posible mi cometido así sea me toque dañar a alguien mas, si es por ellos no me importa. Soy alguien egoísta en ese punto, insensible tal vez para con los demás, pero lo que es importante en mi vida no pretendo dejar que lo lastimen.
—Será un lindo atardecer—expresó sonriente—. Y creo que será de los mejores.
—Supongo que si. Igual, ha sido un día de lo mejor.
—¿A sí?— me pregunta con curiosidad.
—Bueno, nos la hemos pasado bien—le contesto mirándolo a los ojos. Cori aun sonreía—. Además, hemos estado todo el día juntos.
Cori se sonrojó y bajó su mirada. Es raro ver que suceda. Normalmente soy yo quien se pone de esa manera, pero en las pocas veces en las que logro esa reacción en él siento alivio. No lo sé, pero tal vez alivio de saber que puedo hacerlo sentir cuan importante es para mí. Eso es lo que siento cuando Cori logra hacerme sonrojar y es algo que no quisiera cambiar nunca.
—Pensé que te ibas a negar—me advirtió aun cabizbajo. Su nariz estaba un poco roja.
—¿Por qué iba a hacerlo?
—Bueno, es una cita. ¿Con un chico?
—Buen punto—le contesté pensativo—. Aunque era contigo, y, pues considerándolo, tú eres tú. ¿Te basta la respuesta?—le dije un poco sonrojado.
—Supongo—me dijo con la misma cara de pena que la mía—. Te amo ¿Sabes?
—Lo sé—le expresé con una voz bastante nerviosa. En ese momento sentía la cara tibia—Me lo demuestras cada minuto de mi vida.
—¿Te incomoda que lo haga?—me interrogó, mirándome a los ojos.
—Si lo hiciera, tonto, no vendría caminando contigo tomados de la mano.
Él me sonrió, apretó más mi mano y, sin soltarme, continuamos nuestro camino hacia casa. Fue en silencio, lentos en nuestro paso, y, estoy seguro, que Cori al igual que yo, no quería que eso se terminara. El atardecer pintaba las montañas de naranjas y purpuras y el viento soplaba de manera leve, sin alterar nuestro silencio que era más que sobrecogedor. Fue un momento bastante especial la verdad, porque son una de las pocas veces en las que puedo compartir algo mas personal con Cori, a parte de ello, son en momentos como ese en los que vuelvo a recordar que él es capaz de todo con tal de ver feliz a la persona que más ama y que él es feliz con el simple hecho de que yo lo sea. Ok, ya me sonroje de nuevo. ¡Carajo! ¡Lo amo!
El mensaje de Cori de hace poco decía que alguien mas nos acompañaría. Una prima de Cori. Tal parece, ha llegado de visita e ira con nosotros al festival. «Tengo tanto que explicarte al respecto. Por favor, ten paciencia» decía el mensaje. Bueno, supongo que Cori tal vez exagera en cuanto a su prima. En fin, nos acompañara. Espero y no le importe que vayamos tantos.
Hoy, 12 de Octubre, es el cumpleaños de Cori. Antes de llegar al festival pensamos pasar por la casa de Nixon y Jennel a celebrárselo. Karla ha comprado el pastel y lo ha llevado hasta allá y por su parte nuestros amigos alemanes me han ayudado con la ambientación del lugar. Nixon es un excelente DJ. Me impresionó sinceramente cuando me mostró una de sus tantas mezclas de música, en especial cuando me mostró una de Florence Welch que tanto me gusta. Khana dijo que ella también llevaría comida, y siendo así, comeremos delicioso. En fin, supongo que duraremos despiertos hasta el día de mañana, no seremos muchos celebrando, pero con los que vayamos será mas que suficiente, tomando en cuenta la clase de personas atolondradas que somos. A parte de ello el festival dura hasta altas horas de la madrugada, así que habrá mucho con qué tontear
Tomo una ducha rápida y me dispongo a cambiarme. Los chicos ya están listos y yo, en menos de veinte minutos termino de prepararme, pero antes de irme le doy de comer a Ave. Así decidimos ponerle al pequeño canario que Carol me dio para que lo cuidara. Hace días que puede volar pero Ave no ha querido irse, así que decidí comprarle una pequeña jaula en donde pueda dormir. El resto del día se la pasa rondando por toda la casa. Espero y el gato que ronda por ahí no se lo coma o si no habrá puré de gato.
Hace unos días fui donde Darien a visitarla. Le comenté del festival y me dijo que ella siempre asistía. Tal parece que Darien hace jalea de frutas y las vende. Me comentó que su jalea de calabaza es sabrosa. Incluso me dio un poco para probar. Me casaré con esa mujer si me prepara todos los días de esa jalea con pan tostado. ¡Estaba sabrosa! Llevare dinero extra para comprarle tantas como me sean posibles. Soy un adicto a lo dulce, que puedo decirles.
Termino de amarrarme mis zapatos Converse—que por cierto Karla les ha dibujado dos caras graciosas con plumón permanente en la punta—y nos disponemos a pasar recogiendo a los chicos. Ya son las seis así que es mejor que nos apresuremos.
En el camino nos la pasamos tonteando con André y Kathy. Caminar con ellos es bastante divertido. Nunca paras de reír. Unos minutos después llegamos finalmente donde Karla, quien nos espera sentada en el pórtico de su casa, con su móvil en la mano. Seguramente habla con Nixon. Ella sonríe.
—¿Nos vamos?—le dice Kathy.
Ella se pone de pie, y continuamos caminando. En el camino puedo notar como el bosque ha dado un cambio radical en sus colores. El campo de girasoles del señor Hamilton no se encuentra produciendo por el momento, mas sin embargo su plantación de calabazas está dando frutos. Como siempre, su granja es bien productiva. Seguramente entrará al concurso de la calabaza más grande en el festival.
—¿Nos subiremos a la rueda de la fortuna?—pregunta Karla.
—A mi no me gustan esas cosas—refunfuña André—Me mareo. Creo que me da Vahído, o que se yo.
Todos nos echamos a reír por tal revelación. André por su parte hace un puchero, seguramente no le hace tanta gracia, pero de todas maneras no deja de ser algo gracioso.
Puedo ver a Cori, sentado como siempre en una banca a la orilla de la calle. En la misma posición en la que siempre suele esperarnos cuando vamos camino al instituto, con sus pies estirados, acomodados en sus talones y con sus manos en las bolsas delanteras de su suéter. A su lado hay alguien más. Su prima seguramente
—Un día de estos me haré anciano esperándoles—nos dice cuando nos ve acercarnos.
—Culpa a André—le digo encogiéndome de hombros—se estuvo una eternidad en la bañera.
—¡Bah!—rezonga André—como si masturbarse bajo el agua fuera algo tan sencillo.
Kathy le da un manotazo en el brazo y se hecha a reír junto con Karla y la chica que acompaña a Cori. Debo de darle crédito a André. Él tiene toda la razón, no es tan fácil como se mira. Cori me guiña un ojo y se muy bien que es lo que trata de decirme: “Eso requiere de técnica”.
—Por cierto, les presento a mi prima—dice Cori poniéndole una mano en la espalda a la chica, que seguramente es de nuestra misma edad—.
—Casey, gusto de conocerlos—saluda ella.
Todos saludamos al unísono con un Hola y con una sonrisa. De atrás de ella aparece otra pequeña niña, tímida, que se esconde tras Casey. Tiene unos ojos hermosos.
—¿Quién es esta lindura?—dice Karla agachándose a saludar a la niña—¿Cómo te llamas?
—Andrea—le contesta ella un poco tímida.
—Se parece bastante a ti, Casey—le dice André a la chica—. Pero también tiene cierto aire a…
—Es mi hija—advierte ella.
Me atraganto con mi propia saliva y toso descontroladamente. Los chicos se han quedado con cara de estúpidos por tal revelación, mirando a Cori en busca de una respuesta de si es cierto o falso lo que ella dice. El solo se encoge de hombros y asiente.
—Si, es hija de Casey.
—¿¡Que!?—inquirimos todos en unísono, perplejos.
—Sexo—masculla ella con desdén—. Deja del lado el condón y luego obtendrás un hermoso regalo de nueve meses.
—Venga, pero si eres tan joven—le digo algo sorprendido.
—Dieciocho—dice Cori—acaba de cumplirlos.
—Como dije—reitera ella—He aquí mi hermoso regalo. Creo que debí haber salido en un reality show de esos de MTV.
—Me alegra saber que pensaste en lo mejor—advierte Kathy—tú sabes.
Casey asiente y sonríe. Sé a lo que Kathy se refiere. El aborto. Pudo tal vez Casey haber tomado esa decisión tan cruel e inhumana, pero prefirió tener a Andrea. Me alegro al igual que Kathy por Casey. Debemos hacernos responsables de nuestros actos y no ser cobardes, que de alguna manera todo tiene solución.
—¿Ira con nosotros?—pregunta Karla.
—No. Mi madre la está esperando cerca del instituto para que vaya con ella al festival—le contesta Cori.
—Pero mira que lindos ojos—se le acerca André sonriéndole.
Andrea ha perdido un poco de su timidez y sale un poco de las espaldas de su madre.
—¿De quien crees que los sacó?—advierte Casey.
—¿Del papá?—pregunto.
Casey y Cori se dirigen una mirada entre si y ambos suspiran. Puedo notar que Casey se mira algo preocupada, por su parte Cori se mira impaciente.
—Chicos...—dice Cori, tomando de la mano a la niña, haciendo una breve pausa. Voltea a ver a Casey y esta le asiente con la cabeza. Finalmente continua hablando.—les presento…a mi hija.
Silencio. Todos nos hemos quedado en silencio y atónitos. Cori dijo ¿Hija? Esperen. Los ojos de esta niña son de color verde. ¡Son como los de Cori! ¿¡Dijo hija!? Esto no puede estar pasando.
—¿Perdón?—inquiero ensimismado en mi sorpresa.
Cori voltea a verme y en su cara de preocupación puedo notar que también tiene miedo.
—Creo que hay algunas cosas que debería de habértelas dicho hace un tiempo—musita.
Continuara.
Ending:










Autor: Luis F. López Silva
Todos los derechos reservados ©

domingo, septiembre 16, 2012

Capítulo 24: Momentos perdurables.

 
brown tree
Esto de comer donas es realmente adictivo. No sé si debería comer otra más. Creo que si. De todas formas para eso están hechas. Veamos, escogeré… ¡Esta! La que tiene caramelo y relleno de crema pastelera. Muerdo. Está dulce. Me encanta lo dulce. Podría vivir comiendo donas toda mi vida pero moriría seguramente de diabetes…o de obesidad.
Hace una hora vino Karla y trajo consigo una caja con donas de una tienda de repostería llamada Puffle, que curiosamente la misma empresa también tiene una librería llamada de la misma manera. Los pasteles del lugar son deliciosos y las donas ni dudarlo. Karla ha traído también consigo tres porciones de pastel para probarlos. Pronto cumplirá años Cori y queremos celebrarle sus bien merecidos 18 años. Me causa un poco de gracia saber que ya será mayor de edad. ¡Diablos! Pronto yo también lo seré. Me pregunto seriamente cada día si realmente estoy creciendo. Bueno, sé que físicamente lo hago, pero psicológicamente no sé si estoy preparado para el asunto. A mi corta y mísera edad he podido concluir que adulto no es aquel que tiene más años, sino aquel que madura sin necesidad de cumplirlos, y en cuanto a eso último, no estoy seguro si estaré dentro de ese aspecto.
—Bien, supongo que es momento de probar el pastel—me dice Karla, sacando un trozo de la caja.
La primera porción tiene una buena pinta. Es de vainilla, con frutilla en almíbar encima. Es realmente tentador. Karla siempre ha tenido un buen ojo para este tipo de cosas, es por eso que ha sido ella quien se encargue de la compra del pastel. En cuanto a mi, me tocará lo de los invitados y la bebida. André y Kathy se ocuparan de la comida, así que están todas las áreas cubiertas. Tránsito por su parte, le hemos dicho que no es necesario que ayude, la pobre se mata todos los días en casa cocinando y limpiando, así que es mejor que descanse. Lo único que le hemos pedido es que no le mencione nada a Cori. Ambos se han hecho últimamente buenos amigos, siempre hablan de una cosa u otra y pareciera que se conocen desde hace tiempos. En fin, Cori parece un anciano cuando de charlar se trata. Él dice que le encanta escuchar a las personas, porque siempre tienen algo para contar, y que además, cada historia por mas pequeña que sea termina siendo interesante. Por su parte, Tránsito dice que Cori siempre tiene un tema de conversación para ella y que por eso nunca se aburren. Es curioso.
—¿Le dejaremos a André, Kathy y a Tránsito para que lo prueben?
—¡Bah!—le rezongo—. Ellos se han ido a la ciudad a quien sabe qué, así que se lo pierden.
—Entonces a comer se ha dicho—me dice Karla, pasándome un tenedor.
Nos disponemos a comer el pastel, cortando pequeños trozos para saborearlo más lentamente. Está bastante bueno. Es que la verdad, todo pastel me encanta, así que creo que me será difícil escoger entre las otras dos porciones.
Suena mi móvil. Un mensaje de texto. Es Cori. Dice que viene para acá. ¡Esperen! ¡Viene para acá! ¡Dios! Y nosotros con estas cosas probándolas. Se dará cuenta que estamos tramando algo…o posiblemente piense que no le quisimos invitar a comer pastel. Posiblemente se moleste. La última vez que traje crepas de la ciudad y me las comí todas—eran seis por cierto—se molestó conmigo por todo un día y me dijo glotón y bestia por no haberle dicho que tenía crepas. A él le encanta tanto lo dulce como a mi, qué se le puede hacer.
—¿Sucede algo?—inquiere Karla
—Cori dice que viene para acá.
—¡Mierda! ¿Cuánto tiempo?
—No dijo, solo dice que ya…
Escuchamos como la puerta de la entrada se abre y como Cori me llama desde la entrada. ¡Diablos! Nos verá comiendo el tonto pastel. Veamos, piensa rápido Sasha, ¿Dónde esconderlo? ¿La nevera? ¡No! Él siempre va en busca de algo que comer ahí. ¡En el horno! ¡Si, ahí!
Karla en un intento desesperado se zampa el trozo de pastel a la boca llenándose toda la cara de crema batida. No puedo evitar reírme y le ayudo lo más que puedo a limpiarla pero es tanta crema batida que lo primero que se me viene a la mente el lamerle la mejilla y quitarle toda la crema. Ella se ríe cuando lo hago mientras que yo trato afanosamente de limpiarle la cara con la lengua. ¡Que cosas! Me rio mientras lo hago. Volteo la cara de Karla hacia el otro lado y cuando estoy a punto de lamerle la otra mejilla veo a Cori parado en la entrada de la cocina, perplejo y con la boca abierta ante lo que ve.
—¿Qué…se supone que hacen?—pregunta extrañado.
—¿Limpiamos?—le digo intentando excusarnos a Karla y a mi.
—Si, claro—masculla él con sarcasmo—. Estabas a punto de besar a Karla.
—¿Qué?—pregunto algo sorprendido.
—Ibas a hacerlo. ¿A caso crees que soy estúpido?
—Venga, que solo le quitaba la crema batida de la cara—le digo tratando de calmarlo. Si Cori sigue con esta tonta conversación y sus celos, entonces meterá la pata, y lo hará en el peor de los momentos.
—Nadie iba a besarme—advierte Karla terminando de limpiarse el rostro—Además ¿Por qué tanto alboroto porque me bese o no?
Cori simplemente se queda callado y se limita a levantar una ceja. No sé qué demonios cruza en estos momentos por su mente pero espero y no se le ocurra decir absolutamente nada extraño. Karla aun no sabe nada y estoy buscando el momento justo para decirle acerca de lo que sucede con Cori y conmigo. No quiero que vaya a pensar mal al respecto.
—El alboroto no es por eso—musita Cori, desviando su mirada. Puedo notar que realmente se ve molesto—es por el puto pastel que sé que estaban comiendo ¡Y no me han dado!
Respiro. Ok, en serio, respiro de alivio. Por un momento pensé Cori le iba a decir a Karla “Es por Sasha” Eso si hubiese sido un problema. ¡Fiu!
—A veces me preocupas, en serio—le dice Karla—. Creo que tus hormonas se están alborotando demasiado.
—Culpa al calentamiento global—comenta Cori, encogiéndose de hombros.
Karla ríe y deja de lado la actitud de Cori. Supongo que no le tomó mucha importancia, o eso espero. Creo que debo de ir pensando seriamente en decirle a Karla sobre el asunto, o si no, luego puede ser muy tarde. No quiero que llegue a pensar que no se lo he contado desde un principio porque no le tengo confianza. Lo que siento más bien es miedo…y aun no sé a que es que le tengo miedo.
—Voy mejor a lavarme la cara—comenta ella—Si no se me pegaran moscas.
Karla se va al lavabo del baño a lavarse y quedamos Cori y yo solos. Es algo incomodo, pues no sé que cruza exactamente por su mente en estos momentos. Lo único que sé es que lo que dijo hace poco no es la verdad, el alboroto no fue por el pastel, fue por otra cosa, que él y yo sabemos que tienen que ver con nosotros. No entiendo por qué Cori se ha puesto de esta manera. Además, es de Karla de quien hablamos, nuestra mejor amiga. ¡Que carajos le sucede! Comprendo que se pueda poner de esa manera, está bien, al final, celos puede sentir todo el mundo, pero no con Karla, no con ella. Era a esto a lo que no quería llegar algún día.
Cori se acerca y se sienta a la mesa, junto a mí, en silencio. Pasa su dedo índice por la comisura de mi labio y quita de ella un poco de crema batida que no he podido relamer y se la come. Bien, ha logrado incomodarme en el mejor de los sentidos. Siento la cara tibia, creo que ya me sonroje.
Me observa.
Simplemente me observa y sin decir nada siento que me examina ávidamente. ¿Qué es lo que piensa? Necesito saber que ideas son las que rondan en su cabeza. Me es un poco difícil saber que es cada ocurrencia de Cori. Es que simplemente no puedo, cada día me sorprende con algo y es eso lo que lo hace tan jodidamente especial, pero a la vez me molesta, porque él si puede, con bastante sencillez, darse cuenta de la mayoría de cosas que hago y que estoy por hacer. ¡Lo odio! Ok, no, no es cierto. Lo amo.
Estoy pensando demasiada mierda.
—Perdón—musita
Esperen. Se ha disculpado. Bien, eso no era necesario. Mejor dicho, ¿A que vienen esas disculpas?
—¿Por qué?—le pregunto.
—Por lo de hace un rato—me dice con un tono de voz que denota vergüenza—. Dije lo primero que se me vino a la mente, yo no pensé, por eso, perdón.
—Vamos, no es para tanto—le digo, dándole unas palmadas en el hombro—. Supongo que yo hubiese reaccionado de la misma manera si te hubiese visto con alguien más.
—Ese no es el punto—musita—. Es de Karla de quien estamos hablando.
Entonces se ha dado cuenta. Entonces si lo notó. Ven lo que les digo. Es esa habilidad tan nata de Cori de darse cuenta de lo que pienso, de lo que me inquieta, de aquello a lo que le tengo miedo. En ese aspecto me siento inútil, porque aun no tengo esa habilidad con él, y me es algo difícil saber cuando algo puede estar bien o mal en Cori.
—Aun no sabe nada—le digo casi en un susurro—. Pero pienso decírselo.
—No es necesario si no quieres, Sasha.
—Se lo diré.
—En serio, no es necesario—reitera él—.
Ambos nos volvemos a quedar en silencio, con nuestra mirada pegada a la mesa. Así que estaba en lo correcto. Fueron celos. Es un poco incomodo realmente que otro chico sienta celos por mi, pero es Cori, y bueno, considerando la situación y a sus implicados, es, hasta cierto punto, tierno. Ahora que lo pienso detenidamente, Cori no suele tener celos de nadie. Es bastante extraño. La única vez que lo había visto tener celos bastante serios fue hasta hace unos cuantos días que regrese al instituto. Si supiera que Kathy es quien mira mis erecciones mañaneras entonces lo pusiera en que pensar. Una chica, un chico y su erección de la mañana, juntos, no es muy buena idea que se diga, si saben a que me refiero.
Regresando al tema de hace unos días, ¿Les conté que tenemos a dos nuevos compañeros de intercambio? Pues verán, el lunes de hace unas dos semanas que regresé al instituto, me encontré con la sorpresa de dos nuevos estudiantes en nuestro salón, que por un programa de intercambio en el extranjero serían estudiantes de Longmont Sunset. Son de nacionalidad alemana, del estado de Baviera, Múnich para ser más exacto. La chica, llamada Jennel, y el chico, llamado Nixon, terminaron siendo compañeros nuestros por sugerencia del señor Donovan. Karla, al igual que yo, manejamos el alemán bastante bien, al igual que el francés, el italiano y el español, y pues por esa facilidad de los idiomas es que fue sugerente la idea de que tocaran con nosotros. Cori por su parte, a pesar de que maneja el italiano y el español, el alemán no es su fuerte, más sin embargo es el único que puede hablar mandarín. ¡Es un hijo de su madre! ¡A él se le hizo bastante fácil aprenderlo! Que envidia de la buena la que le tengo.
—Bien chicos—nos dijo el señor Donovan—los dejo en sus manos. Muéstrenles el instituto y sus alrededores ¿Confió en ustedes?
—No se preocupe señor Donovan—contesto Karla—haremos todo lo posible por hacerlos sentir a gusto.
Y así fue como terminamos haciéndonos amigos de Jennel y Nixon. Es un poco curiosa su complexión física. Jennel es alta y delgada, rubia, de ojos color miel y de tez blanca. En cuanto a Nixon, su cabello también es rubio, es de mi misma estatura y curiosamente también tiene los ojos azules como los míos pero tiene la misma contextura del cuerpo de Cori. En fin, parecen alemanes, que mas les puedo decir.
Hallo, jungs—nos saludó Nixon.
Cori hizo una mueca y volvió a mirarnos a Karla y a mí en busca de una traducción.
—¿Nos insultó?—preguntó Cori con bastante curiosidad
Karla rió por el comentario de Cori cosa que también me causo gracia. Jennel y Nixon solo nos miraron extrañados por nuestra reacción a lo cual Karla salió a explicarles del por qué nos reíamos. A ellos también pareció causarles gracia.
—Han dicho “Hola” en alemán—le digo a Cori—. No te preocupes que no es insulto.
—Gracias al cielo. Estaba a punto de pararme y golpearlo.
Scheiße, eso si es un insulto—comenta Nixon—. No permitas que nadie te diga Stück von scheiße.
—¿A sí?—inquirió Cori—¿Por qué?
—Significa “pedazo de mierda”—traduce Jennel
—¡Já! Que cosas—dice Cori riendo—¡Esperen! ¡Ustedes hablan perfectamente el inglés! ¡Carajo! ¿Por qué no lo mencionaron desde un principio?
—No nos lo preguntaron—advirtió Nixon riendo.
Fue bastante interesante tratar en un principio con los nuevos chicos. Una cultura distinta a la habitual es toda una caja de sorpresas, comenzando por sus costumbres y maneras de expresarse. Aunque debo darles el crédito a Nixon y Jennel de manejar bastante bien el ingles. Me sorprendió realmente el hecho de que lo hablasen tan fluido.
Jennel es bastante animada y su manera de ser y actuar me agrada mucho. Desde que llegó me paso bastante de mi tiempo con ella hablando. Sus historias me parecen muy entretenidas porque siempre me cuenta acerca del lugar en donde estudiaba en Múnich y en donde vivía. También me comentó que ella y Nixon también eran compañeros de salón en Alemania y que han crecido prácticamente juntos. Tal parece que ella y él se llevan bastante bien cosa que se me hace bastante lógica considerando que se conocen desde la infancia, como Karla y yo.
En esta última semana me he tenido que pasar mis tardes y ratos libres con Jennel debido a las clases que debe reponer. Al ser una estudiante de intercambio debe de ponerse al día con nosotros, además de ello tengo que explicarle unas cuantas cosas respecto a historia que no comprende. Karla por su parte es quien se ha encargado de ayudar a Nixon, así que ambos nos hemos visto ocupados estos últimos días.
Cori siempre se molestó porque pasaba demasiado tiempo con Jennel. Él dice que un día de estos la chica le terminará robando lo más preciado que tiene él en el mundo. A veces siento que Cori es demasiado posesivo en cuanto a estas cosas y no sé por qué. Digo, él tiene su club de fanáticas dementes que lo acosan día y noche y yo no rezongo no pío. Bien, si lo hago, pero en mis adentros, y trato de no molestarlo con ello. Me digo a mi mismo que Cori es Cori y que él no cambiará conmigo ni me cambiará por nadie. Lo sé porque lo conozco, lo sé porque el me lo ha dicho miles de veces seguido de las palabras que provoca que me sonroje cuando me las susurra al oído: Te amo. Es ridículamente tierno, y hasta cierto punto me agrada esa parte de él. Ok, esto me esta sabiendo algo gay, pero aclaro que dentro de la ensimismada conciencia de la mayoría de personas que puedan pensar que realmente es algo gay déjenme decirles que no, no lo es. Piénsenlo por un momento y dejen de lado la típica idea de que personas que se quieren siendo de un mismo genero son gay o lesbianas—en el caso de las mujeres—y traten de dejar de lado los prejuicios. Al menos de esa manera lo veo yo, porque amo a Cori no porque sea un chico, no porque me atraiga su físico—y si ustedes lo piensan detenidamente se darán cuenta que él tiene un buen físico y es por eso que es tan popular entre las chicas—y tampoco lo amo porque se me cruce por la cabeza reventarle un día el trasero. Ambos sabemos que eso no pasara…o al menos eso creo. Eso espero. Más bien lo amo por ser como es. Es su forma tan desinhibida de muchos prejuicios y su manera tan amplia de ver las cosas, es la manera en la que me trata, en la que me habla, es la manera en la que me demuestra cuan grande es el amor que él me tiene lo que me impide negarme que lo quiero con todas mis fuerzas y es ahí donde concluyo que Cori no es solo un chico; Cori es un ser humano…Cori es Cori.
—Si esa chica quiere besarte tú dile que tienes el virus del papiloma humano—me dijo él, un día en el que me dirigía a la biblioteca a reunirme con Jennel.
—No voy a decirle eso—le dije riendo.
—¡Ajá!—exclamó—¡Lo sabía! Te gusta Jennel.
—Bueno, es linda. A ti también te gusta.
—¿A qué es linda?—me dijo con una cara de embobado, como quien se imagina algo bastante bueno—¡Oye! No me cambies el tema.
—Bien, bien. No te preocupes, no pasará nada.
—¿Me lo prometes?
—¿Por qué te preocupa tanto?
—La carne es débil—me dijo encogiéndose de hombros—lo digo por experiencia.
—Bien, ahora me da miedo preguntar por qué carajos dices eso.
—Tú solo hazme caso.
—Está bien—le refunfuñe—de todas maneras…ya te tengo a ti.
Fue de esa manera como Cori dio por sentado que le causaba celos que Jennel pasara tanto tiempo conmigo. Esperen, acabo de recordar algo. Nixon vendrá ahora a mi casa. Unos minutos antes de que comenzáramos con la tarea de comernos la repostería, Nixon llamó a Karla diciéndole que llegaría a su casa. Le sugerí a Karla que le dijese a Nixon que viniera hasta aquí, al final también Jennel vendría hoy para que continuara ayudándole, así entre cuatro avanzábamos más rápido. Eso explica la tan repentina aparición de Cori. El muy perverso sabía que Jennel estaría acá y por eso ha venido. Tontos celos…ok, lindos celos, no lo niego. ¡Mierda! Creo que voy a enloquecer.
Karla ha regresado de lavarse la cara y ya no hay más crema batida en su rostro. ¿Saben una cosa? Karla se mira…linda. Es que no sé por qué lo he pensado en estos momentos pero debo decir que se mira linda. Ella no usa maquillaje en exceso, tiende a arreglarse poco el cabello pues es lizo y recogérselo con una coleta hace más que suficiente para que se le vea perfecto, tiene una sonrisa bastante hermosa y una mirada provocadora. Ahora comprendo por qué Nixon se mira bastante interesado en ella.
Hace unos días Nixon me comentaba acerca de Karla y me decía un sinfín de cosas acerca de que tan hermosa era ella. Hablaba de Karla como si la vida se le pudiese ir en ello, exaltando cada detalle y cada cosa que denotaban interés por parte de él hacia ella. Karla aún no lo sabe, y Nixon me ha dicho que no le comente nada al respecto. Él solo se ha limitado a comentarme al respecto, supongo que espera que le ayude con ello. No voy a negarme la verdad, aunque me incomoda un poco hacerlo. Nixon es un buen chico, es bastante inteligente, es atento, amable y de buen parecer, aún así, a mis ojos, nunca habrá nadie lo suficientemente bueno para Karla. A menos que, suplantando a Nixon, estuviese Cori, entonces haría una excepción, pero mientras tanto, no habrá nadie. No lo sé, tal vez sea eso lo que me incomode. ¿Celos? Posiblemente. Karla es una de las cosas más valiosas que tengo en mi vida, es un complemento de mi mundo y una de las columnas que sostiene mi existir, y no pretendo dejar que nadie la dañe. Tal vez sea eso lo que me impide considerar a alguien adecuado para ella. Me preocupa. Es seguramente de esos celos que siente un amigo por su mejor amiga. ¿Les ha sucedido alguna vez? ¿Sentir celos por su mejor amigo o amiga, protegerlos a toda costa de lo que pueda dañarlos y de aquello que pueda alejarlos de ustedes? Supongo que es eso lo que me sucede. Puede sonar egoísta de mi parte, pero me gusta pensar que ese egoísmo es del bueno.
Espero que Nixon y Jennel no se pierdan en el camino. Les he dibujado un mapa y se los envié como fotografía en un mensaje de texto, para que lleguen hasta acá sin dificultades, pero considerando que no conocen mucho el área cabe la posibilidad de que se extravíen.
—Acaba de llamarme Jennel—me comenta Karla sentándose a la mesa con nosotros—Dice que llegaran en un momento.
—¿Han tenido algún inconveniente?—le pregunto un poco preocupado—Ya se han tardado demasiado.
—No, están bien. Dice que ha sido culpa de Nixon que se ha quedado dormido.
—Me recuerda vagamente a alguien—musita Cori, levantándose a coger algo de la nevera. Mas vale que no metí ahí la caja con repostería.
—Si—le rezongo—a ti, pedazo de dormilón.
—Yo simplemente estoy a favor de la conservación de la energía—me dice despreocupadamente.
Ha provocado que nos riamos con esto ultimo. El siempre con sus ocurrencias. Es realmente raro ver dormir a Cori. Despierto es tan animado y activo, pero cuando duerme, es como si viesen a un bebe tomando su siesta. Pero ni yo que puedo dormir como piedra me veo tan apacible.
—Por cierto, Karla—advierte Cori—¿Qué has pensado de lo qué te dije?
—Aun no lo sé. Tengo otras cosas en mente.
—¿Entonces le digo que no?
—Lo haré yo—comenta ella resoplando—Ya sabes que no puedo.
—¿Sería alguien tan amable de decirme de qué diablos hablan?
Cori me mira y me sonríe. Luego mira a Karla y suelta una carcajada. Bien, debo decir que estoy en las nubes.
—El capitán del equipo de Futbol quiere con Karla—me dice Cori volviendo a sentarse a la mesa—Desde hace un mes más o menos viene jodiendome que le diga a Karla que salga con él.
—Será en sus sueños—masculla ella—. Es una bestia, así que ni lo piense. Es demasiado…puto, si, esa es la palabra, demasiado puto para mi gusto.
—Ya veo—le digo un poco sorprendido—. ¿Y por qué dices que no puedes?
—Yo tengo mis gustos—me dice extendiendo su mano. Ha quitado una pestaña de mi mejilla.
—¿A sí?—inquiere Cori.
—Pues si—advierte ella—. No es que sea exigente, es simplemente que no me va a gustar cualquier idiota.
—Nixon parece un buen chico—le comento, tratando de insinuarle al respecto.
Karla me mira y luego voltea a ver a Cori. Él se encoge de hombros y se dispone mejor a comerse una mandarina que ha sacado de la nevera.
—¿Te parece?—me dice ella.
—Eso creo. Venga que además es alemán. Tendrás tus ventajas—le digo riendo.
—¿Y eso que tiene que ver?—me pregunta nuevamente desconcertada.
Cori suelta una carcajada y capta rápidamente a que me refiero. No se si sea conveniente mencionárselo a Karla, pero supongo que se reirá también si se lo digo.
—¿Es que acaso nunca lo has escuchado?—masculla Cori, riendo mientras come la mandarina.
—Yo que demonios voy a saber de qué están hablando.
—Venga, no te hagas la inocente—le reclama él—que de eso no tienes nada.
—Pues realmente no me queda de otra, chicos. No sé de qué están hablando.
Karla voltea, me mira fijamente y frunce el ceño. Creo que ella está diciendo la verdad y no sabe al respecto. Cuando lees te das cuenta de muchas cosas, en especial cuando lees revistas sobre curiosidades variadas. Aunque no lo crean, la historia puede enseñarte bastante…mucho diría yo.
—Si no me lo dices, te agarro de los testículos—masculla ella con bastante determinación.
—¿¡Qué!?—exclamamos Cori y yo al unísono.
—¡Dime!
—No te atreverías—le digo retándola.
¡Igh! ¡Carajo! ¡No debí de haberla subestimado! ¡Lo ha hecho! Es una sensación extraña.
—Suelta, ¡suelta!—le imploro encogiéndome.
—¡Entonces dime!
Cori ríe descontroladamente por ver tal escena. ¡Debería de decirle que me suelte en vez de ponerse a reír! ¡Esto me está incomodando! Si Karla sigue así entonces yo…yo…¡Mierda! ¡Tiene que soltarme antes de que sienta mi erección!
—¡Bien! ¡Pero suéltame!
—Primero dime—refunfuña.
—¡La tienen enorme! ¿Si?—le digo casi gritando—¡Gruesa y enorme! ¡Ahora suéltame!
—Ah, era eso—me dice ella dejando en paz mis bolas—. ¿Cómo es que ustedes saben eso y yo no?
—Cosas de hombres—dice Cori—.
—Si, claro. Y yo nací ayer.
—Lectura—le digo a ella aun encogido, tratando de recuperar el aire que se me escapó por tal hazaña—. Y porno; mira porno mas a menudo y te darás cuenta de muchas cosas.
—Son unos degenerados—nos dice ella riendo.
—Las alemanas tienen lo suyo—le decimos Cori y yo al unísono.
—Tienen unos senos enormes—comenta Cori.
—Y su trasero es espectacular—le agrego.
—No se si llamarlos degenerados o necesitados—nos dice ella con desdén.
—Qué te puedo decir—dice Cori terminando de comer el ultimo gajo de mandarina—la porno alemana es la mejor.
Soltamos una carcajada ante tal aseveración, tanto que Cori escapa a ahogarse. Estas conversaciones así son un poco interesantes. Al final, siempre terminan en risas y alguna que otra estupidez, pero al mismo tiempo, es un poco liberador. No lo sé, no hablas tan abiertamente todo el tiempo con cualquier persona, y es esa confidencialidad, es esa complicidad y esa intimidad tan penetrante la que no cambiaría por nada, esas son una de las tantas razones por las cuales Cori y Karla son tan especiales para mi.
Al menos mi erección ha comenzado a bajar. No lo ha notado nadie. Gracias a Dios.
El timbre de la puerta suena y asomo por la ventana para ver de quien se trata. Nixon y Jennel están acá. Es hora de ponerse a trabajar.
Miércoles 6 de Octubre de 2010
Amigo confidente, hoy recordé una de las tantas razones por las cuales amo a Cori. Es curioso, pero la razón radica en que lo amo porque Cori es Cori. Es una buena manera de describir el asunto, supongo.
Es interesante ver la vida pasar junto a las personas que amas, ver como el tiempo avanza y disfrutar de ello con aquellos seres que son tan importantes para ti. Son esas boberías, esas tonterías y estupideces que hacemos y que nos hacen reír, esas cosas inmaduras, bromas tan absurdas y esas palabras tan graciosas que decimos cuando estamos con esas personas tan especiales para nosotros lo que hacen de un momento neutro una pintura tan colorida de nuestra vida. Disfrutamos esos momentos tan divertidos y sé que deseo, al igual que todos, que ese momento no se repita, si no más bien, que llegue otro aun mejor, con una dosis igual o mas llena de felicidad y risas.
Sasha.
PD: Mis nueces siguen intactas. Creo que Karla me violó.


Ending:









Autor: Luis F. López Silva
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